Los Amish y el rechazo incomprensible al avance de la tecnología

David Villarreal  |  @davidvillarreal  | 

Estados Unidos es una nación variopinta con una variedad inmensa de credos y religiones. De entre ellos probablemente los Amish sean de las sectas más peculiares e incomprensibles que existan. Habitualmente se les ve por algunas aldeas de Pensilvania luciendo con gracia sus desgarbadas barbas, sus carruajes de época y haciendo gala de su aversión a todo aquello que signifique evolución o tecnología, hasta tal punto, que incluso su estilo de vida llega a confrontarse con las propias leyes establecidas en el mundo Occidental.

Sin ir más lejos algunos Amish habrían llegado incluso a ser condenados con penas de prisión por incumplir la norma, tan nimia como comprensible, de montar en sus carruajes un triángulo de señalización reflectante que evitase el riesgo que supone encontrarte en plena oscuridad de la noche con un carro tirado por caballos (y no de vapor), completamente negro y sin ninguna luz ni catadióptrico. Obviamente no fueron condenados por incumplir la ley, sino por negarse a pagar las multas alegando sus principios morales.

El de los Amish es un caso extremo… Volviendo a Europa y al ciudadano de a pie. Me sigue resultando sorprendente por qué aún muchos siguen renegando de sistemas de seguridad tan importantes como básicos hoy en día como ABS, Airbags, controles de tracción… etcétera. ¿Acaso nos estamos convirtiendo también en Amish, a nuestra manera?

Seat 133

Es normal que la evolución y el propio avance de la tecnología genere dudas. Un sistema electrónico que sea capaz de hacernos la vida más sencilla o incluso eximirnos de algunas responsabilidades o tareas siempre será discutible. ¿Qué pasará cuando nos hayamos acostumbrado a su presencia y en un momento dado no esté ahí? Entonces llega el rechazo de muchos.

Rechazo. El rechazo de los obreros de las fábricas que destrozaban máquinas en el Siglo XIX por ver comprometido su puesto de trabajo. El mismo rechazo que recibirían seguro milenios atrás, en el neolítico, los primeros que empezaron a emplear la rueda en sus labores de alfarería…

Hoy en día también son muchos los que se quejan de lo pesados que son los vehículos de hoy en día. Esto responde obviamente a que cada vez queremos vehículos más amplios y por supuesto mejor equipados y confortables. Pero también más seguros. De hecho ese peso añadido se debe en parte a sistemas de seguridad activa y estructuras de seguridad activa de deformación pasiva que salvan vidas. Lo de las berlinas que pesaban 900 kilogramos es de los tiempos en que mucha gente moría cada fin de semana por quedarse sin frenos en la bajada de un puerto de montaña.

Seat 600E

Incluso después de toda esta parrafada y considerándome una persona con la mente abierta me cuesta entender que en un futuro probablemente todos nosotros nos desplazaremos en vehículos autónomos que ni tan siquiera tendremos que conducir. ¿Qué será entonces del placer de la conducción?

Esperemos que para entonces nuestros queridos deportivos de toda la vida sigan requiriendo la acción humana de sostener un volante y accionar dos, o mejor, tres pedales.

Dejemos por tanto que la evolución siga su ritmo natural…

Fuente: Daily Mail
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