Mini Countryman Cooper D, a prueba (II) El ADN de Mini sigue intacto

 |  @sergioalvarez88  | 

Durante estos días el coche que pasa por nuestras manos es el Mini Countryman. El pequeño crossover de Mini ha supuesto un revulsivo en las ventas de la empresa y en países como España goza de una tremenda popularidad. De la primera parte nos quedamos con su excelente diseño y su buena habitabilidad, a pesar de que adolezca de algunos fallos de ergonomía en sus controles, algunos de ellos ya subsanados afortunadamente. Su maletero es grande y también sus plazas traseras: es el Mini menos “Mini”.

El Mini Countryman es un crossover de 4,10 metros de longitud, 1,79 metros de ancho y 1,56 metros de alto. Su batalla es corta, de 2.595 mm, y con esta motorización su peso es de 1.385 kg, no un peso pluma. Su motor 1.6 turbodiésel es un desarrollo BMW basado en el conocido 1.6 HDi/TDCi de PSA/Ford. Este desarrollo retiene la culata multiválvulas y presenta un funcionamiento más progresivo y refinado que el actual motor PSA/Ford, más brusco en su funcionamiento y con solamente dos válvulas por cada cilindro.

La versión más deportiva es el Countryman John Cooper Works, cuenta con un motor 1.6 turbo y 218 CV

Con 1.598 cc de cilindrada y turbocompresor de geometría variable, desarrolla 112 CV a 4.000 rpm y un par máximo de 270 Nm a 1.750 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en unos correctos 10,9 segundos y su punta es de 185 km/h. El consumo medio homologado del Mini Countryman Cooper D es de 4,4 l/100 km, y sus emisiones de dióxido de carbono de 114 g/km. Esta unidad viene acompañada de una caja de cambios manual de seis relaciones y sistema Stop&Start, pero también opcionalmente existe una caja de cambios automática.

En cuanto a los elementos de suspensión, son independientes en ambos ejes, donde en ambos casos encontramos discos de freno, ventilados en el caso del eje delantero. Los neumáticos de nuestra unidad eran unos Bridgestone Dueller H/P Sport en medidas 225/45 ZR17, ya que el coche de pruebas calza llantas opcionales de 17 pulgadas.

El depósito de combustible tiene una capacidad de 47 litros de combustible, y su autonomía real se cifra entre 700 y 800 km, aunque ya llegaremos más tarde a ese episodio de la historia.

Dinámica urbana del Countryman

Seamos francos, el Mini Countryman es un coche que va a moverse fundamentalmente en ámbitos urbanos. Además de llamar la atención, es un vehículo que se encuentra cómodo en este territorio. La postura de conducción es cómoda y permite un control correcto del tráfico, aun no siendo tan elevada como en otros SUV. Al arrancar el motor, aprecio que su aislamiento es excelente, apenas transmitiendo vibraciones algunas al habitáculo. Engrano primera y me pongo en movimiento por las afueras de Madrid.

Voy saltando de marchas y me convence el tacto de la caja de cambios, con recorridos precisos y un tacto tirando a duro, aunque de recorridos algo largos. Las marchas entran muy bien y la dirección me convence con una asistencia moderada y un feedback relativamente bueno, a pesar de ser eléctrica. El motor diesel es muy progresivo, y no se encuentra muerto hasta las 1.700 rpm, como el propulsor PSA/Ford sobre el que se basa. Por ello, es sencillo circular por ciudad a bajas vueltas, con fuerza y en un silencio muy convincente.

Las marchas son largas y favorecen una circulación tranquila. La sensación que en general los ocupantes notan es que se trata de un vehículo de calidad, bien construido y cómodo. El sistema Stop&Start es razonablemente rápido y de funcionamiento imperceptible, especialmente en el apagado. A nivel de visibilidad, ocurre lo mismo que en la mayor parte de SUV, el pilar C es grande y obstaculiza parte de la visibilidad trasera. Por fortuna, los retrovisores son grandes y la luna trasera de correctas medidas.

El tarado de suspensiones es firme, y los neumáticos de perfil bajo, por lo que es en ocasiones un coche seco al pasar por grandes baches, sacudiendo el habitáculo. Dicho sea, en general la circulación no es incómoda y el habitáculo no cruje ante los zarandeos, pero vamos a notar las zonas bacheadas (sin llegar al extremo de un tarado de deportivo). Los consumos medidos rondan los 7,3 l/100 km en el ciclo urbano.

Un Mini para viajes largos

Durante mi prueba del Mini Countryman Cooper D llegué a recorrer más de 1.000 km de autopista. De nuevo he de alabar el buen aislamiento acústico del habitáculo, donde sólo se filtra parte del sonido de rodadura. A 120 km/h el motor gira a unas 2.200 rpm, en su zona de par máximo y desahogado, con rumorosidad muy contenida. El consumo registrado durante la prueba a 120 km/h fue de 5,7 l/100 km, que nos parece correcto habida cuenta de su aerodinámica, no demasiado ventajosa (cX de 0,35).

Aunque su suspensión es algo seca, es un coche cómodo y con una dinámica a la altura de sus vivaces hermanos pequeños.

La suspensión filtra bien los baches, de nuevo, siempre que no sean demasiado grandes. El coche se nota bien plantado, y no protesta en cambios de rasante o juntas de dilatación en curva. En vías secundarias con límite a 100 km/h el consumo rodea los 5 l/100 km, bajar de ahí es complicado. No obstante, a la hora de adelantar a camiones en nacionales el motor responde con un empuje suficiente y poco retardo en la entrada del turbo. Hay que tener en cuenta que no es un deportivo, pero podemos cerrar las maniobras con garantías y seguridad.

Reacciones vivas y conducción muy divertida

Dejémonos de tonterías. Queremos saber si el Mini Countryman retiene el ADN que ha hecho famosos a los Mini, esa dinámica cuidada, casi de kart. Afronto un tramo de curvas, y aunque noto que el Countryman no es un peso pluma vira plano y permite un paso por curva sumamente neutral y estable. Realmente quedé impresionado tras un puerto de montaña, ya que esperaba que el crossover balancease mucho más. Ahora bien, no conviene olvidar que bajo el pie derecho solamente tenemos 112 CV, para más alegrías, el Countryman Cooper S.

No obstante el hecho de que BMW no haya abandonada la culata multiválvulas en este motor hace que se estire bastante bien, aunque no tiene sentido seguir acelerando por encima de las 4.500 rpm: sólo conseguiremos ruido. La caja de cambios trabaja muy bien en condiciones de exigencia y la dirección tiene un buen tacto, aunque eche de menos que sea más informativa. Se pueden enlazar tramos a un ritmo realmente alto, y colocar la zaga con un toque breve de freno y jugando con la transferencia de pesos. El DSC es poco intrusivo.

En cuanto a reacciones puras, es un coche tan neutral como un Mini Cooper, que en el límite tiende al subviraje como resorte de seguridad. Pero no me queda duda alguna de que dinámicamente, y en todos los terrenos, el Mini Countryman es un crossover sobresaliente.

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