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La extraña aventura de un Mercedes de Gran Premio en las 500 millas de Indianápolis

Las 500 millas de Indianápolis han tenido todo tipo de historias a lo largo de sus cien ediciones. La carrera es una leyenda viva y ha tenido participaciones de todos los coches y pilotos imaginables. A menudo se recuerda la relación de la «Indy 500» con la Fórmula 1 y sus pilotos pero pocas veces se hace lo mismo con las estrellas de pre-guerra. Uno de los casos más curiosos es el de Mercedes, que tuvo a uno de sus espectaculares W154 en las 500 millas de Indianápolis en varias ocasiones.

Evidentemente, el periodo de la Segunda Guerra Mundial trajo un parón en el ecosistema de las carreras que terminó entre otras cosas con varios de los coches usados en los años 30 repartidos en los lugares más recónditos del mundo. En particular, el chasis número 9 del modelo W154 que Hermann Lang usó para ganar la Coppa Ciano de 1938 fue encontrado en Checoslovacia tras terminarse el conflicto aunque por aquel momento ya no había lugar donde usarlo en competición.

Aunque en realidad, tal afirmación habría sido cierta solo a medias. No había lugar donde competir en Europa pero en Estados Unidos, alguien pensó en las posibilidades de ese coche y la normativa lo permitía. Se trataba de Don Lee, jefe de su propio equipo que ya había usado un Alfa Romeo P3 en las 500 millas de Indianápolis de 1939 y 1940 antes de ganar la New York World’s Fair tras esa segunda participación en la entonces aún joven prueba y Don Lee lo vendió. ¡Ese Alfa Romeo aún acabó compitiendo de nuevo en 1946 y 1947!

La historia del Mercedes W154 es paralela a la del Alfa Romeo en el sentido de que se encontraron en pista en 1947… por lo menos en las sesiones de prácticas. El piloto de la máquina alemana era Duke Nalon, que casi por casualidad se enteró de que un mecánico de Offenhauser había obtenido unos planos de motores Mercedes con los que pudieron preparar el propulsor que montaba el W154. A priori, parecía que las cosas iban bien pero en una prueba se dejó demasiado tiempo el motor encendido al ralentí y eso dañó las bielas y un pistón.

De forma apresurada se preparó un pistón de repuesto, reparando el coche para que pudiera salir a pista en las mejores condiciones posibles. A pesar de marcar el segundo mejor tiempo en las prácticas, el sistema de clasificación mandó a Nalon hasta la décimoctava posición. La carrera parecía ir algo mejor y su rendimiento durante la misma no fue malo pero tras 119 vueltas, el pistón de recambio cedió y la primera participación del coche en Indianápolis llegó a su fin.

Al año siguiente, Don Lee volvió a inscribir el coche pero por su asiento pasaron multitud de pilotos, empezando la semana Ralph Hepburn antes de decidir que prefería tomar parte en la carrera con otro de los coches con los que había probado. Así, Chet Miller se convirtió en el piloto elegido para competir pero tras 30 vueltas en carrera dejó su volante a Ken Fowler en calidad de piloto substituto -en ese entonces estaba permitido cambiar de piloto- durante 20 vueltas. Luis Tomei se subió al Mercedes como segundo piloto de reemplazo pero el coche volvió a abandonar, esta vez con una fuga de aceite.

En 1949, Don Lee vendió el coche a Joel Thorne, que le quitó el motor Mercedes e instaló en su lugar un Sparks de un tamaño bastante mayor, lo que le obligó a fabricarse un capó nuevo. Tanto trabajo consiguió atraer la atención del mismísimo Alfred Neubauer, que llegó a viajar a Indianápolis para supervisar el trabajo durante la carrera… pero esta no llegó puesto que Thorne -que pilotaba él mismo- no llegó a clasificarse para esta. Así, Mercedes decidió ofrecer apoyo oficial para adaptar el W154 para los circuitos ovales y presentarse en la «Indy 500» en 1951.

Aunque los coches «oficiales» llegaron a competir en Argentina y obtener buenos resultados, se consideró que con la evolución de las máquinas en Indianápolis, el W154 ya no estaría a la altura y desde Alemania tomaron la decisión de cancelar el proyecto. Así, la historia de este particular coche en la histórica carrera llegó a su fin. O debería haberlo hecho de no ser porque aún hubo un epílogo al presentarse para las 500 millas de Indianápolis de 1957 bajo propiedad de Edward Shreve.

El Mercedes W154 seguía siendo un engendro, quizás aún más cuando el motor Sparks dejó paso a un propulsor Jaguar de seis cilindros en línea -como su predecesor-. Danny Kladis fue el piloto designado para intentar clasificar la máquina para la carrera pero su velocidad fue simplemente insuficiente. Casi veinte años después de su debut, el W154 obtuvo el merecido descanso aunque también es cierto que durante ese periodo, la mayor parte del tiempo estuvo sin competir…

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Àlex Garcia

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