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Los cinco coches estadounidenses más importantes de la historia

Sergio Álvarez | @sergioalvarez88 | 31 Jul 2021
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Suena Bruce Springsteen en mi ordenador. Suena Racing in the Street pero bien debería ser Born in the U.S.A.. Aunque el automóvil de combustión fuese inventado en Alemania, Estados Unidos fue el país que lo puso en el trono del que nunca se ha bajado, desde que Ford patentase el Model T. Estos son los cinco coches estadounidenses más importantes de la historia. La historia de amor de América con el automóvil ha contagiado a todo el mundo y estos cinco coches marcaron un antes y un después.

Ford Model T (1908-1927): la producción en masa

La mayor contribución de EE.UU. a la historia del automóvil posiblemente fue el Ford Model T. La visión de Henry Ford permitió que la clase media accediera a un medio de transporte asequible y eficaz, reemplazando de manera efectiva a los caballos y carromatos. El precio del Ford Model T pasó de más de 800 dólares en 1908 - prohibitivo para un trabajador medio - a 260 dólares a finales de los años 20. El famoso salario de cinco dólares diarios permitió a muchos trabajadores de Ford adquirir un Model T con sus ahorros.

La producción en cadena y en masa, permitió al Ford Model T reducir su coste en dos tercios desde el inicio de su producción.

Desde un punto de vista estrictamente empresarial, la producción en cadena móvil revolucionó la organización industrial del automóvil. Permitió a Ford construir más de 15 millones de Ford Model T en menos de 20 años. El modelo productivo fue replicado por General Motors y otros fabricantes, dando lugar a la producción masiva que caracteriza hoy en día a la industria. Este es el verdadero mérito del Ford Model T. Además, no todos eran negros, como el mito nos quiere hacer creer.

Por cierto, las primeras pick-up estaban basadas en el Ford Model T. Las Ford F-150 simplemente las popularizaron, y las convirtieron en el coche más vendido de EE.UU.

Chevrolet Corvette (1953-presente): la deportividad según Detroit

El Corvette nació en 1953 como una aproximación estadounidense al típico roadster británico. Pretendía ser un simple coche de nicho, que durante sus primeros años ni siquiera tuvo motores de ocho cilindros. De construcción ligera - tenía una carrocería con paneles de fibra de vidrio - y diseño muy cuidado, todo cambió cuando a alguien se le ocurrió la genial idea de calzar un V8 bajo su capó. Tras el arrollador éxito de la primera generación, nacía el mito: el mejor deportivo estadounidense.

El último Corvette ZR1 es una máquina tembible, equipada con un 6.2 V8 de 750 CV de potencia bruta.

Su evolución ha sido imparable, siempre con el foco en la dinámica y las altas prestaciones. Aunque su cuarta generación no sea recordada con especial cariño, todos los Corvette han sido el deportivo estadounidense por excelencia. Lo mejor es que su filosofía no ha cambiado desde hace más de 50 años: un peso contenido, un motor V8 en posición delantera-central y muchas ganas de tocar las narices a lo mejor de Europa. Más de 60 años demostrando que América sabe fabricar auténticos deportivos.

Ford Mustang (1964-presente): el muscle car

No podía faltar en este listado el Ford Mustang. Nació como un coupé asequible de cuatro plazas y aspecto dinámico, pero pronto se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la era muscle car. Con motores V8 de altas prestaciones y el combustible a precios irrisorios, muchos Ford Mustang se convirtieron en adictos a las carreras de aceleración, ya fuesen reguladas o callejeras. Fue el primer coche de muchos baby-boomers, una generación de americanos que ha perpetuado el legado muscle car hasta hoy.

Seis generaciones de deportividad asequible basada en motores de alta cilindrada y fácil modificación.

Con los muscle car también nació la afición por las modificaciones mecánicas y mejoras prestacionales a gran escala. La era hot-rod fue sólo un anticipo de la búsqueda de la mejora constante a bordo de estos muscle car, que nos ha dado ejemplares para el recuerdo como los Shelby Mustang GT500, sin ir más lejos. El éxito del Ford Mustang aceleró el nacimiento de toda una generación de muscle car rivales, como los Dodge Challenger o los Chevrolet Camaro, cuya rivalidad con el Mustang aún pertenece al presente.

Chrysler Voyager (1984-presente): el precursor del monovolumen moderno

La idea de las Chrysler Voyager fue de Lee Iacocca, un visionario ejecutivo de Chrysler. Cuando trabajaba en Ford propuso la idea de un monovolúmen moderno a la dirección. Era 1974 y el proyecto fue rechazado. El proyecto sí fue aceptado unos años después por Chrysler, dando lugar en 1984 al primer monovolúmen moderno, con siete plazas reales. Un tipo de vehículo tremendamente práctico y que ha dado lugar a una nueva generación de vehículos destinados a hacer más cómodo y sencillo el transporte de personas.

El Renault Espace europeo fue lanzado unos meses después del Chrysler Voyager.

El monovolúmen de Chrysler ha compartido protagonismo con el Renault Espace europeo, lanzado apenas unos meses después. Producido por Matra, ha tenido un éxito comparable. Un pequeño detalle: Matra perteneció a Chrysler hasta principios de los años 80... y no creo en ese tipo casualidades. Sea como fuere, han sido los precursores de la era SUV moderna y de la era crossover. Un detalle curioso: se conoce como Chrysler Voyager, pero su denominación de lanzamiento fue Dodge Caravan y Grand Caravan.

Tesla Model S (2013-presente): los coches eléctricos son una alternativa real

Y llegamos al presente. El Tesla Model S es uno de los coches más importantes de la historia contemporánea del automóvil, y es producido en EE.UU. por una empresa estadounidense, por lo que debe estar en esta lista. Es el coche eléctrico moderno que ha demostrado que un coche eléctrico no tiene por qué ser feo, lento o barato. En definitiva, ha roto la asociación que había entre coches eléctricos y aburrimiento. Pero su principal éxito es demostrar que los eléctricos ya son una alternativa real al coche tradicional.

Su mayor éxito es demostrar que los eléctricos son ya una alternativa real a los coches "tradicionales".

Además, ha demostrado que las altas prestaciones eléctricas - el Tesla Model S Plaid tiene 840 CV y acelera hasta los 100 km/h en unos dos segundos - son compatibles con una autonomía cercana a los 700 km. Autonomía muy inteligentemente explotada gracias a una red de estaciones de recarga llamadas Supercharger, que en 20 minutos recargan las baterías del coche eléctrico. Esta red de recarga tiene cientos de estaciones por todo el mundo, y son gratuitas para una importante parte de los usuarios de un Model S.