Mucho ha cambiado la industria de la automoción en lo que va de siglo. En apenas 26 años, marcas cuya posición parecía inquebrantable hace cosa de una década, hoy se encuentran sumidas en una lucha frene a sus propias estructuras y las nuevas marcas, principalmente las chinas, que cargadas de tecnología y calidad, viene a robar matriculaciones a quienes en un principio puede parecer que no tienen nada que ver con ellas.
Esto, unido al rumbo que ha tomado Europa en cuanto a sostenibilidad y la fiebre por los coches de tipo SUV, hacen que ver un coche como el de las imágenes que acompañan estas líneas, sea casi un espejismo. Y realmente así es, pues no se trata de un coche recién presentado y tampoco de una creación digital, sino del Audi Quattro conceptual con el que la firma de Ingolstadt nos ilusionó y del que no hemos vuelto a saber nada más.
Y es que, a día de hoy resulta casi imposible para un fabricante, incluso como Audi, pensar en producir un coche como el Quattro conceptual. De hecho, el motor turbo de cinco cilindros y 2.5 litros que daba impulso a este prototipo se encuentra en sus últimos momentos de vida, al menos oficialmente, ya que los Audi RS3 y RS Q3 son los últimos coches que lo llevan bajo su capó.
Más allá de su motor y que convence a los más puristas a golpe de cambio manual y tracción integral, lo verdaderamente profundo del Quattro Concept es que allá por 2010 cuando fue presentado, lo que pretendía era plasmar la idea del Audi Quattro original en un coche moderno, dando lugar a un coupé de largo capó y corto volumen trasero con unas proporciones verdaderamente arrebatadores, casi áureas.
El frontal queda marcado por la parrilla que se convirtió en seña de identidad de Audi en los primeros compases del Siglo XXI, mientras que en la zaga una franja negra acoge el logotipo de Quattro, flanqueada por dos faros de proporciones rectangulares y diseño periférico, culminando la estampa con dos perfectas y más que acertadas salidas de escape redondas apostadas a cada lado del conjunto. Mención especial al alerón desplegable, que emergía de una especie de cola de pato que daba volumen a la zaga.
Dando el salto a su interior, vemos un cockpit en el que una pantalla digital se apostaba tras el volante, con un salpicadero en el que llama la atención al ausencia de una gigantesca pantalla a la que estamos acostumbrados a día de hoy. Una limpia consola central alberga la palanca del cambio manual y varios botones, pero todo dentro de una brillante sencillez.
En realidad, este habitáculo, o la idea de este habitáculo, mejor dicho, fue la que trasladó Audi a la tercera generación del Audi TT, un modelo del que definitivamente nos hemos despedido el año pasado y del que parece que no volveremos a tener noticias, al menos tal y como lo conocíamos, como deportivo de gasolina, ya que el Audi Concept C adelanta la idea de un atractivo (desde el punto de vista del diseño) TT impulsado por un esquema de propulsión 100 % eléctrico.
Como idea, la realidad es que traer algo así al mercado en 2026 haría que, de nuevo, todos los focos se volvieran a poner sobre Audi, que necesita despuntar por encima de BMW y Mercedes para volver a ocupar el sitio que alguna vez llegó a tener, pero lo cierto es que el mercado está lejos de permitir algo así.
Aún con ello, los aficionados podemos volver a contemplar las imágenes y recordar lo que en algún momento nos pudo hacer felices y, en caso de que la nostalgia se apodere de tu conciencia, acudir al mercado de segunda mano en busca de algún modelo con el 5 cilindros turboalimentado que si se le da rienda suelta (a través de un sistema de escape algo más permisivo), suena a verdadero deportivo, como demuestra el vídeo superior, en el que un servidor tuvo la oportunidad de experimentar hace pocos días su sonido.







