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He ido a Italia a probar un deportivo con motor V6 central, de diseño tan radical como elegante que es, en realidad, un gran turismo, el Maserati MCPura Cielo

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Estoy en Módena, Italia, en el recibidor de la mismísima sede que Maserati tiene en esta ciudad, a pocos metros, de hecho, de la casa desde la que Enzo Ferrari supo construir la reputada firma a la dio nombre con su apellido. Aquí se respira historia. Son las 9 de la mañana, llueve a cántaros y estoy realmente cansado del viaje desde Málaga, pero nada va a impedirme disfrutar del día.

Tengo ante mí el Maserati Tipo 26B, el coche con el que Alfieri Maserati tuvo un accidente en la Targa Florio de 1927 y por el que, años más tarde, tras las complicaciones del mismo, falleció. Todo eso, te lo cuento en este Reel. Aun así, lo más interesante de todo no es esto, sino que voy a poder poner a prueba el coche más radical que ha hecho Maserati en lo que va de Siglo, el Maserati GT2 Stradale, así como también el coche sober el que se basa este modelo en versión descapotable, el Maserati MCPura.


Sede de Maserati, imágenes de su interior y su Bottega Fuoriserie.

Lejos de aliviarse, el temporal sigue apretando y se hace complicado, incluso, poder grabar algunas tomas con las que enseñar en un vídeo corto la preciosidad de coche que estoy apunto de probar. Pero, insisto, nada iba a dejar que disfrutase del día tanto como la ocasión lo merece.

Ya he estado antes en Módena, pero no por cuestiones de trabajo. Ya de por sí, se percibe como un sitio especial, y ver aparecer la sede de Maserati tras girar una esquina añade a esa sensación un halo de misticismo. Presidida por el tridente, que el mes pasado cumplió 100 años, el aura que despide este sitio me recuerda que debemos hacer más caso a las marcas que aún dan identidad a Europa, algo muy importante entre tanto coche chino que llega a España en estos últimos tiempos.

A medio camino entre un concesionario y un pequeño museo, la sala gira en torno al Tipo 26B, que está apostado en un óvalo con el característico azul de la firma. Un GT2 Stradale se encuentra al fondo, esperando a ser entregado a un afortunado cliente que lo recogerá horas más tarde, mientras que un Granturismo está expuesto, elegantemente, como antesala a la Bottega Fuoriserie, donde se puede configurar la unidad que se desee hasta el más mínimo detalle.

A esa sensación de estar en un sitio muy, muy especial, con la fábrica de la marca espaldas de las oficinas y su torre, se suma el hecho de que había esperándonos un despliegue de varios deportivos muy bien configurados: dos Maserati Granturismo que iban a hacer, uno de coche libre y otro de cola, para cerrar el grupo, dos GT2 Stradale, un MCPura y un MCPura Cielo.

Destinados a ir por parejas, como suele ocurrir siempre en este tipo de presentaciones y viajes, comparto coche con Mario Herráiz, ex-compañero de Diariomotor y uno de los periodistas que el que escribe estas líneas, creció leyendo. Su buen rollo no hace más que redondear un día que, a pesar de la lluvia, pinta genial.

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Tras recibir un briefing antes de lanzarnos a conducir, llega el momento de montarnos en los coches. Aprovechando unos momentos de silencio por parte de los compañeros de otros medios, me apresuro a elegir la unidad del MCPura Cielo acabada en el color Acquamarina, un tono verde aguamarina perteneciente a la paleta de colores Fuoriserie Futura Collection. Está rematado, curiosamente, con logos en color rosa, un ejemplo de la capacidad de personalización que Maserati tiene en su haber. No creo que acabase configurando mi MCPura con esos acentos, pero el color de la carrocería me encandila y conjuga perfectamente con el tono claro de su interior.


Imágenes del Maserati MCPura Cielo que pusimos a prueba.

Analizándolo a un par de metros de distancia, el MCPura es todo un espectáculo. Tiene verdadero diseño de superdeportivo italiano y la magia que despide es innegable. Esa parrilla de forma ovalada tan característica de Maserati, una carrocecería absurdamente ancha y baja… Es casi perfecto, diría. De hecho, pensando en su concepto, hace no mucho tiempo, si nos hubieran dicho que Maserati iba a ser lo suficientemente valiente como para lanzar un deportivo de motor central a la altura de todo un Ferrari 296 GTB pero sin ningún tipo de electrificación, lo hubiéramos celebrado. Sin embargo, hoy, que lo tenemos en producción, apenas le hacemos caso. Los aficionados al automóvil no somos nada agradecidos con los fabricantes que se tiran a la piscina.

Tras saborear esa sensación de amarga de saber que no he prestado a este coche, hasta ahora, la atención que se merece, sigo procurando disfrutar del día. No tengo el gusto de arrancar su motor en frío, pues el equipo de Maserati tenía los coches preparados y a temperatura óptima de funcionamiento desde hace un buen rato, con el sonido del motor Nettuno, un V6 turboalimentado de 620 CV, llenando el ambiente, pero abrir sus puertas de estilo de tijera y bajar, literalmente, al asiento, ya es es todo un privilegio.

Ya estoy sentado en el MCPura, con el cinturón abrochado y estoy terminando de ajustar el siento y los retrovisores para mi estatura y gusto mientras el limpiaparabrisas trabaja. No obstante, parece que ahora la lluvia es más ligera, aunque el suelo está completamente mojado e Italia y sus carreteras se caracterizan por la imprevisibilidad de sus conductores y el desdén por la prioridad que tiene cada vehículo en la vía. No es que esté inquieto ante ello, pero sí que durante los primeros metros del recorrido y hasta salir de Módena, mi sentido arácnido estuvo trabajando a un 150 % de sus capacidades.

Lejos de resultar un coche de sensaciones indimidantes, me llevo una gran sorpresa al comprobar que, exceptuando la anchura del conjunto, con la que nos tenemos que mantener alerta cuando pasamos cerca de otros coches o cuando la vía se estrecha, es muy amable con el conductor. Bien es cierto que no desactivamos el modo WET en ningún momento durante la ruta, no era el día para poner a prueba el coche hasta su máximo o el nuestro, el del conductor, pero en una carretera seca y rodando en el modo más convencional o incluso el Sport estará lejos de ser un coche indimidante. De hecho, por ejemplo, un Lexus LC500 me ha llegado a parecer un turismo menos amable durante los primeros metros que este MCPura, siendo el primero un verdadero gran turismo por idea y concepto.

De hecho, el sonido de su motor, quitando la pomposidad con la que suena cuando se encuentra en parado, hace que tenga cierta sensación de decepción. No es que suene poco, porque llena el ambiente de un zumbido bastante alto, pero no hay un tono característico con el que gane identidad. Esto se traslada al interior, donde cuando empezamos a ganar ritmo sólo la válvula de descarga y su característica explosión al levantar el pie hace que se nos escape alguna que otra sonrisa.

Dejamos la ciudad y su tráfico atrás y vamos ganando ritmo, todo el que nos deja el Granturismo que nos precede. No estuvimos en ningún momento en posición de exprimir el MCPura tanto como nos gustaría, aunque llegamos a ir bastante rápido y con ello me quedó muy clara una sensación sobre el comportamiento del MCPura. Teniendo en cuenta que se trata de un deportivo biplaza de motor central, la manera de moverse, de entregar la potencia y de responder a mis imposiciones a través de los pedales y el volante, me pareció que se trababa de una especie de Alpine A110 vitaminado hasta las trancas que ha llevado cada aspecto de su ficha técnica a uno o dos nivelees por encima del gabacho, algo que debería poner a los ingenieros y probadores responsables de la dinámica del MCPura muy felices, ya que no es un halago menor, todo lo contrario.

Es, además, tremendamente permisivo cuando el conductor comete errores, ya que en ningún momento llegaron a saltar las ayudas y eso que no fue el día en el que más acertado estuve como «piloto». Más que seguir la trayectoria que marca el eje delantero, atacando curvas parece que el conjunto rota sobre sí mismo. Es cómodo, se traga todas las irregularidades del asfalto sin rechistar e incluso en modo WET en alguna que otra ocasión deja que el conjunto pierda la trayectoria para que la corrijamos mediante una acción rápida con el volante. Su dirección no es nada radical aunque sí lo suficientemente directa como para acompañar cuando atacamos curvas a un ritmo muy alto.

A buen seguro, el modo WET capaba en gran medida le entrega de potencia, ya que en sólo dos o tres ocasiones percibimos que había cierto patinamiento de las mismas, pero ni una sola luz aparecía en el cuadro. De hecho, las únicas luces que hicieron acto de presencia fueron las de emergia al acribillar el pedal de freno llegando a algunas curvas o cuando el coche liebre decidía bajar radicalmente el ritmo para reagrupar los coches. Yo no miraba por el retrivosor para ver si nos seguían o no, tan sólo trataba de apretar al Granturismo que marcaba la pauta para que elevase el ritmo.

Mención especial al tacto del pedal de freno. Tiene un recorrido muy largo al que nos cuesta acoscumbrarnos durante unos metros pero que luego es el aliado perfecto al dejar que la espiriruosidad se haga con nosotros en una carretera de curvas, ya que al tener tanta distancia de accionamiento la potencia de frenado es totalmente dosificable y deja saber perfectamente la mordida de los mismos en cada momento.

En cuanto al motor y aunque no pudiera evitar la sensación de cierta decepción por el sonido del mismo, más aún cuando siempre ha sido característico de Maserati, incluso en sus diésel, un sonido muy trabajado, lo cierto es que incluso dentro de la linealidad en la entrega de potencia de los motores turboalimentados modernos, estamos ante un propulsor con mucho carácter. Empuja con mucha rabia en cualquier parte del vuelta vueltas y cómo decirlo… Se le notan ganas de apretar y querer correr en todo momento.

Tras una hora de conducción, aproximadamente, llega el momento que no quería: el de hacer el cambio de conductor. Eso sí, lo hacemos en una explanada delanter de una iglesia en mitad de la ruta con una estampa de lo más italiana posible. Tras unas fotos y estirar las piernas, toca seguir con la ruta, pero en mi cabeza ya está pensando en que cuando a Mario le toque soltar el MCPura, a mí me tocará exprimir el GT2 Stradale, cuyas sensaciones detallaré en un artículo más adelante.

Después de haber tenido la oportunidad de probar el Maserati MCPura por las carreteras de curvas cercanas a Módena, aunque no fuera en las mejores condicioens posibles por la lluvia, que sólo dejó de acompañarnos en el momento de hacer el cambio de conductor, no me quedo con la sensación de estar ante un superdeportivo con motor central, sino de estar ante un gran turismo deportivo de motor central. Algo que, ciertamente, es mucho más afín a mis gustos y la idea que tengo sobre cómo sería el deportivo perfecto para mí.

Tocaba ponerse a los mandos del GT2 Stradale.

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Alejandro González

Alejandro empezó su carrera en periodismo del motor co-fundando su propio sitio web en 2015 y acabó desarrollándose profesionalmente en Híbridos y Eléctricos, donde ha ejercido como redactor y probador desde 2019 hasta su incorporación a Diariomotor a finales de 2024. Seguir leyendo...