Ya lo has visto suspendido boca abajo, completamente inmóvil; lo has visto aterrizando y despegando del suelo e, incluso, girando sobre sí mismo en el aire (en caso contrario, más abajo te dejo un vídeo en el que lo hace). Pero lo que ha pasado completamente desapercibido, debido a las verdaderamente increíbles capacidades del Tesla Roadster, es su diseño, en el que nos vamos a centrar con estas líneas y las siguientes imágenes.
Y es que no todo son saltos, artificios y derroche de tecnología en el nuevo deportivo de Tesla. Mi cerebro todavía está tratando de asimilar lo que la firma de Elon Musk ha hecho en colaboración con su empresa espacial, SpaceX. Como bien ha señalado David Villarreal en el artículo que Diariomotor ha publicado esta misma mañana sobre el Roadster, en lugar de despejar todas nuestras dudas, esta presentación nos ha dejado con más preguntas de las que ya teníamos.
En cualquier caso, centrémonos en lo que ven nuestros ojos, pues, como demuestra la galería superior, Tesla no solo ha puesto toda la carne en el asador en materia de tecnología, sino que el Roadster puede ser su coche más acertado hasta la fecha en cuanto a imagen y apariencia. De hecho, salvando las distancias, hay algo en el deportivo americano que a quien escribe estas líneas le recuerda al recién presentado Audi Nuvolari. Tal vez sea por cómo han trabajado las superficies en ambos modelos, que apuestan por líneas monolíticas y huyen de las formas orgánicas.
También hay algo de Cyber, mucho en realidad: tanto del Cybercab, especialmente en su perfil, como de la Cybertruck, de la que hereda las aristas y los detalles de corte impersonal. Es, realmente, muy cyberpunk.
Para un servidor, la parte que más atención reclama es la trasera, en la que aparecen nada menos que 12 orificios, entre lo que parecen salidas de escape, de gas o de ventilación. No sabemos qué función tiene cada uno. Hay diferencias entre al menos dos de las unidades de las que Tesla ha mostrado imágenes en alta calidad: una de ellas alberga orificios circulares entre los elementos que tienen apariencia de salidas de escape.
En la zaga, la marca ha querido que los neumáticos ganen protagonismo, pues asoman a cada lado del difusor, de colosal tamaño, por cierto, aportando una anchura visual inusual al conjunto, a la altura de los deportivos más radicales del planeta. También aparece una línea de LED que recorre la trasera de un lado a otro, igual que sucede en la parte alta del portón de la caja de carga de la Cybertruck.
Ah, por cierto, mención especial para un alerón de proporciones descomunales e inusuales que se eleva sobre la carrocería cuando hace falta. Con él desplegado, la silueta recuerda a la de un longtail, creo.
El frontal no es menos llamativo, realmente, pero hay menos que destacar. Aquí mis ojos quieren ver algo de Lamborghini Reventón. Se aprecia perfectamente una forma de lágrima al contemplarlo desde arriba, con un morro muy bajo que contribuye a hacer el conjunto lo más aerodinámico posible. En este sentido, Tesla ha querido rascar todo lo posible, y la prueba está en que sus faros son escamoteables, aunque no del tipo pop-up, como los clásicos de los años ochenta: se ocultan bajo una superficie activa que los deja a la vista cuando se iluminan.
Por último, está el habitáculo, al que se accede a través de unas puertas de tijera que añaden aún más espectáculo al conjunto. Esta es, ciertamente, la parte más orgánica de todo el Roadster, la más convencional. Ya no hay cuatro asientos, como en el Roadster que la marca presentó anteriormente, sino que se ha convertido en un biplaza, probablemente porque la mayor complejidad técnica del conjunto no deja espacio para esas dos plazas adicionales.
Dos asientos de tipo bucket acomodarán al conductor y al acompañante, y el primero dispondrá de un volante. Puede parecer algo normal, pero no es el rumbo que quiere tomar Tesla. De hecho, la marca lo define como el último gran coche para conducir que diseñará, pues quiere que el resto sean completamente autónomos. A esta afirmación, sinceramente, no acabo de darle crédito.
El salpicadero es muy sencillo, así que no rompe con aquello a lo que Tesla nos tiene acostumbrados, aunque aquí una estructura de carbono se encarga de aportar radicalidad visual al conjunto. Una pantalla central, ligeramente orientada hacia el conductor, preside el salpicadero. Bajo ella, una consola central alberga una zona para lo que acabará siendo un cargador inalámbrico para el teléfono y se integra visualmente con ambos asientos.
Sea como fuere, así es como, según la propia Tesla, debe ser un deportivo de la marca a día de hoy. Aunque cuidado con esto, porque, una vez más, lo que ha enseñado no es la versión final, sino un prototipo que todavía debe recibir cambios antes de llegar a producción, un hito que el fabricante sitúa en algún momento de 2028. De nuevo, me parece demasiado optimista, a no ser que lo que han mostrado esté cerca de estar completamente finalizado, y lo dudo.
Para acabar, a quien escribe estas líneas se le antoja muy complicado poner algo así en producción manteniendo las prestaciones y capacidades que ha demostrado durante su presentación. Una impresión que comparten muchas otras personas cuyas opiniones ya he podido leer. Tal vez veamos varias versiones, quién sabe si las típicas Standard y Performance, y una última denominada Tesla Roadster SpaceX (o algo así) que sea la que pueda llegar a hacer algo, aunque no todo, de lo que hemos visto esta noche. Al menos, así lo veo yo. Además, legal o no, ¿van a dejar que cualquiera pueda despegar del suelo una mole de, al menos, 2.000 kilos, ya sea en un entorno público o cerrado?













