Viaje a los bajos fondos de Indianápolis: la familia Lazier, ese gran comodín

 |  @eloy_eg  | 

Pasada la euforia por el estreno de Fernando Alonso al volante de un IndyCar en Indianápolis es hora de seguir hablando de curiosidades no tan heroicas o positivas como las que puedes encontrar en otros medios cuando se ponen a recopilar anécdotas sobre Indianápolis. Y en este caso me parece oportuno hablar de una familia que se ha convertido en un auténtico salvavidas para el Indianapolis Motor Speedway, la familia Lazier.

Como ya detallamos en artículos anteriores de esta serie, el Bump Day es una reliquia del pasado que dificilmente resucitará. Hay demasiados intereses como para permitir que algún equipo grande no logre alinear uno de sus coches en la carrera más importante del año y escasean los motores o chasis actualizados. Pero no llegar a 33 coches inscritos supondría un fracaso y una rotura aún más grande de la tradición. Y ahí entran en juego los Lazier.

Propietario de un hotel en la estación de esquí de Vail, en Colorado, Bob Lazier inculcó a sus hijos Buddy y Jaques el amor por el automovilismo. Los tres han competido en las 500 Millas de Indianápolis y Buddy logró incluso ganarlas. Fue en 1996, la primera edición después del cisma CART-IRL, con un punto de heroica al competir con una espalda lesionada por un accidente meses antes. Cuatro años más tarde consiguió alzarse con el título de la IRL. Sin embargo sus prestaciones fueron a peor a medida que el nivel de la competición subió.

Aún así supo reconvertirse en un especialista en Indianápolis y a partir de 2007 se dedicó a animar el Bump Day con coches sacados quién sabe de dónde. Primero con Hemelgarn Racing, mítico equipo venido a menos. Luego con el equipo de su familia. Unas veces fracasó (2009, 2015). Pero otras, sea por méritos propios o por ausencia de rivales, logró participar aún rodando apenas uno o dos días antes de las sesiones de clasificación para así ahorrar en neumáticos y carburante.

Su competitividad es más que discutible y en 2016 tras ser último en todas las sesiones no pudo tomar la salida de primeras por un pedal del acelerador bloqueado y terminó perdiendo una rueda en pista, como podéis ver justo encima. Pero el equipo se ha ganado la simpatía de los aficionados tanto por el estatus de Buddy Lazier de antiguo ganador de las 500 Millas, como por su apoyo a causas benéficas (una de las hijas de Lazier sufre una deficiencia visual) o la participación en el equipo de mecánicos de amigos y rostros conocidos.

Este año volverán a ser de la partida, asegurando a poco que Juncos cumpla con su parte, que las 500 Millas de Indianápolis vuelvan a alcanzar la mágica cantidad de 33 coches inscritos. Y Buddy Lazier, que acaba de cumplir 50 años, confesó recientemente a RACER que su intención es mantener el equipo en pie al menos hasta que su hijo Flinn pueda debutar en Indianápolis. Por ahora compite en US F2000, tres escalones por debajo de la IndyCar Series.

Serie ‘Viaje a los bajos fondos de Indianápolis’
Pilotos de bandera negra
El gran fracaso de Penske
Unas 500 Millas de cuatro meses

Via | RACER
Foto | IndyCar Series

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