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SsangYong Rodius 270Xdi Premium, a prueba (I)

SsangYong Rodius 270Xdi Premium, a prueba (I)

Esta semana os ofrecemos la prueba de uno de los coches más grandes a la venta en España, con todos ustedes el SsangYong Rodius 270Xdi. La unidad de pruebas estaba equipada con el único motor disponible en nuestro país – un 2.7 turbodiésel de origen Mercedes-Benz – y el acabado Premium, el más vendido con diferencia. Nuestra unidad empleaba una caja de cambios manual de cinco relaciones, aunque en opción se ofrece una caja automática de cinco relaciones, también de origen Mercedes.

Este monovolúmen de siete plazas y 5.12 metros de longitud es el segundo más vendido de su categoría, sólo unas decenas de vehículos por detrás del Kia Carnival, líder del segmento con ventas superiores a las 1.200 unidades anuales en España. Es el modelo de SsangYong más vendido. Curiosamente y en contra de lo que se pueda pensar a priori, las ventas del SsangYong Rodius han aumentado durante el pasado y presente año gracias a los grandes descuentos comerciales y su gran versatilidad.

Algo tendrá el Rodius que lo convierte en un éxito aún en estos tiempos de crisis y teniendo en cuenta que su introducción en el mercado español sucedió en el año 2004, ya bastante lejano. En el año 2007, el Rodius recibió un lavado de cara que suavizó sus facciones, y desde siempre se ha mantenido actualizado con constantes cambios en el equipamiento de serie, que entre otras cosas, incluye navegador de serie en todas las versiones. Sigue leyendo para conocer todos los detalles.

Un diseño controvertido

El diseñador se llama Ken Greenley,y era el director del ciclo de diseño automovilístico en el Royal College of Art de Londres. Según Greenley su aspiración era recrear en tierra el aspecto de un yate. Sin entrar a valorar afirmaciones, podemos afirmar que el diseño del Rodius es… personal, o diferente. Está claro que no es del gusto de todo el mundo, pero también hay que reconocer que ha mejorado ligeramente tras el lavado de cara del año 2007. Su frontal es la parte más comedida, sin duda alguna.

La calandra domina la vista, con grandes barras horizontales. Está franqueda por dos ópticas de gigantesco tamaño y cristal transparente. El paragolpes delantero es muy discreto, y se termina con dos antiniebla de pequeño tamaño. El perfil lateral destaca por tener puertas de gran tamaño, unas llantas de 16 pulgadas algo pequeñas en relación al tamaño del coche y una superficie acristalada algo anómala. Hablamos del peculiar aspecto que tiene la integración entre los pilares D y E.

El pilar E está directamente oculto tras el cristal que rodea a la zaga en su totalidad. El resultado para el que ve el coche es la impresión de que el coche tenga una cubierta trasera, o una joroba, si lo preferís. De la zaga destacamos el gigantesco portón del maletero – que pesa un quintal – y las ópticas, también de tamaño XXL (como muchas otras cosas en este monovolumen, afiladas y de visibilidad excelente para los conductores prececedentes. El tubo de escape está camuflado tras el paragolpes.

Grande entre los grandes

Plazas delanteras

Aunque en nuestro mercado se vende con siete plazas, tenemos que hablar de las plazas delanteras, en las que pasaremos mucho tiempo. Abrimos la puerta y subimos (es un coche alto) al asiento del conductor, tapizado en una tela de color beige claro. Es un asiento de tamaño considerable, con mullido bastante firme y apoyos laterales muy poco marcados, tanto para respaldo como banqueta. Lógico, pues está pensado con el confort en mente. El asiento tiene regulación en altura y apoyo lumbar ajustable.

El volante sólo es regulable en altura, pero os puedo decir que tras 3.000 km a su volante – valga la redundancia – no me ha resultado incómodo, aunque podría estar un poco más cerca del conductor para mi gusto. Nuestros pies accionarán tres pedales de tamaño considerable, muy espaciados y con un reposapies grande. Ninguna queja en este sentido. Nuestras rodillas apenas rozan la consola central y tenemos acres de espacio para la cabeza, que no rozará con el techo aunque midamos dos metros.

El salpicadero se extiende ante nosotros, en la clásica configuración de monovolúmen, con la instrumentación en posición central. Está acabado en un color beige, y su parte superior es de un plástico de agradable tacto blando y gomoso. Su parte inferior es de plástico duro, a pesar de ser poco vistoso y tener algunas zonas con aspecto barato, no puedo objetar de sus ajustes, en general buenos y con aspecto durable. Las puertas cuentan con un plástico blando que imita al cuero en la zona de apoyar el brazo y están bien rematadas, aunque no me ha gustado el tirador, que es de plástico “cromado”, imitando metal.

Volviendo al salpicadero, una banda de plástico plateado lo cruza, poniendo un acento vistoso al conjunto. La instrumentación centrada se orienta el conductor. Los relojes son de tamaño muy grande, y muy visibles en todo tipo de condiciones lumínicas. Tiene los típicos cuentakilómetros, velocímetro, e indicadores de temperatura del agua y nivel de combustible. Una pequeña pantalla muestra kilometraje y odómetros parciales. El SsangYong Rodius no tiene ordenador de a bordo.

Las típicas luces de chequeo están frente al volante. La consola central es grande para variar, coronada por la instrumentación. Bajo la misma, el botón de los warnings y otros botones para luneta térmica o desconexión del ESP, acompañados de algunos botones muertos. El equipo de infotainment TomTom Eclipse es de serie en todos los Rodius. El climatizador digital automático es monozona, y la ruleta lateral permite al conductor regular la potencia del aire acondicionado de las plazas traseras.

Podríamos decir que es un sistema bizona, pero la temperatura sólo es regulable por piloto o copiloto. Un esquema muy parecido al de los autobuses, y no es broma. La palanca de cambios es larga y con un pomo muy grande. Si hay algo en lo que el Rodius destaca, es además de ser espacioso, en tener cientos de huecos donde dejar cosas, hasta el punto de traspapelarlas. En las puertas delanteras hay espacio para botellas de 1.5 litros de agua, además de libros, revistas o guantes en unos espacios bastante profundos y amplios.

En la consola central hay dos posavasos extensibles, y bajo la misma un hueco en el que dejar cartera, móvil, o la carátula de algún CD, ya que es suficientemente grande para ello. Sin embargo, todos quedan eclipsados por el cofre situado entre los asientos. Se abre en dos partes. En la superior pueden caber unas cinco o seis carátulas de CD apiladas (para hacernos una idea), pero en la inferior cabe la discografía de los Rolling Stones, o quizá seis o siete botellas de medio litro de agua.

Es un espacio dividido en dos zonas, y en la zona más cercana a la consola también hay hueco para un par de botellas de pie. No será por pasar sed, vamos. El repaso no termina aquí, ya que sobre la guantera hay dos compartimentos ocultos: el primero de ellos es un porta CD con capacidad para seis discos, el segundo es un pequeño espacio multiusos en el que no cabe mucho más que una cartera. La guantera es pequeña y apenas alberga los manuales, pero no necesitamos que sea grande.

Filas traseras

El título iba a ser plazas traseras, pero teniendo en cuenta que en algunos mercados el Rodius se vende con once plazas, mejor hablo de filas traseras. En España sólo se vende con siete plazas, pero son siete plazas reales, en las que siete adultos pueden hacer viajes largos con comodidad. El acceso se realiza por las puertas traseras, que no son correderas. La primera fila trasera son dos asientos individuales tipo avión, con dos reposabrazos por unidad y un hueco portaobjetos en su lateral izquierdo.

Estos asientos se pueden desplazar longitudinalmente y además son pivotantes. Esto significa que podemos viajar mirando a los pasajeros de la última fila, charlando con ellos cara a cara por ejemplo. Eso sí, el cinturón solo es de dos puntos en este caso. Estos asientos no son extraibles. Tras las plazas delanteras hay dos mesillas tipo avión a disposición de los dos pasajeros centrales. Estos pasajeros también pueden regular a voluntad la potencia de la climatización trasera con una ruleta situada en el techo.

La última fila es una de las más versátiles. Es desplazable longitudinalmente, ocupando un buen trozo de maletero si queremos, ganando espacio para las piernas (aunque es más que suficiente en su posición habitual). Las tres plazas tienen cinturones de tres puntos. Cuando no se necesitan, el respaldo se puede plegar al completo, ganando en visibilidad el conductor. Incluso, se puede extraer la fila del Rodius, convirtiéndolo en un cuatro plazas con más espacio que algunas furgonetas.

Los dos asientos centrales también pueden plegar su respaldo, convirtiéndose en mesas para los pasajeros de la tercera fila. Se puede comer de manera cómoda así, y lo puedo atestiguar de primera mano. La versatilidad de esta fila aún prosigue: se puede abatir su respaldo para formar una especie de cama. Si la juntamos un poco a los asientos centrales (que colocamos en sentido contrario a la marcha) obtenemos una superficie más o menos plana en la que podemos montar un colchón hinchable de tamaño matrimonial.

¿Por qué lo sé? Porque he dormido una noche en el Rodius, mientras me iba de viaje a Valencia desde Gijón. Los cristales tintados traseros dan privacidad, que es necesaria en el aparcamiento de camiones de una gran estación de servicio. Es un buen hotel sobre ruedas, doy fe de ello. Por último, la fila trasera resulta algo oscura debido al diseño del pilar D y los cristales tintados. Por el lado bueno, es ideal para dormir. Hay dos portavasos para botellas de medio litro en cada moldura lateral.

Maletero ingente

Con una longitud de más de 5.1 metros, es lógico que el Rodius tenga un maletero muy considerable. Con todas las filas de asientos en posición en maletero tiene nada menos que 841 litros de capacidad, más que cualquier vehículo familiar del mercado basado en un turismo. Su forma es completamente regular. Tiene ganchos laterales en los que sujetar bolsas u objetos que no queramos que se muevan. Bajo el piso encontramos las típicas herramientas, llaves…

Los triángulos van en una bolsa sujeta con velcro, en el propio espacio de carga visible. Hablando de visibilidad, no tiene cubremaletero de serie, pero con los cristales tintados nadie va a husmear en la comida que hemos comprado en el hipermercado. La rueda de repuesto tiene un tamaño igual al de las otras ruedas, pero para extraerla hay que meterse bajo el coche. La capacidad del maletero es de 1.541 litros si extraemos la fila trasera de asientos y la almacenamos en el garaje.

Para ello hay que quitar dos tapas de plástico y tirar hacia nosotros de los asientos. Una persona puede hacerlo, pero pesan mucho (estimo unos 40 kg) y para no rompernos la espalda es mejor pedir ayuda. La superficie de carga es completamente plana. La boca de carga está muy baja y no hay salto con el piso del maletero, con lo que cargar y descargar bultos pesados es un juego de niños. El portón del maletero es algo pesado, lo notaremos cuando vayamos a cerrarlo tras cargar o descargar.

Mañana os hablamos de su comportamiento y consumos. Estad atentos a Diariomotor.

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Imágenes: Sergio Álvarez

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