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Kia Sportage 2.0 CRDi 4x2 Drive, a prueba (II)

En la primera parte de la prueba del nuevo Kia Sportage os hemos hablado de su diseño y habitabilidad, en un SUV medio que está a años luz de su predecesor y se plantea como una de las opciones más interesantes de un jugoso segmento. Por lo pronto, hemos concluido que un envoltorio muy atractivo rodea a un habitáculo muy bien rematado, construido con materiales de calidad y con una buena ergonomía de controles. No obstante, uno de los puntos más destacados es la amplitud de las plazas traseras y el gran maletero.

El Kia Sportage mide 4,44 metros de longitud, 1,86 metros de ancho y 1,63 metros de altura. Con una batalla de 2.640 mm, tiene un peso en orden de marcha de unos 1.530 kg. Al contrario que antiguos SUV, tiene plataforma monocasco y suspensión independiente en ambos ejes, con arquitectura McPherson delantera y paralelogramo deformable trasero. El motor que propulsa a nuestro Kia es compartido con Hyundai, se denomina 2.0 CRDi y es un propulsor turbodiésel de cuatro cilindros con tecnología common-rail.

La unidad de 1.995 cc se monta en posición delantera transversal, cuenta con un turbocompresor de geometría variable, intercooler y filtro de partículas. Desarrolla 136 CV de potencia a 4.000 rpm, acompañados de 320 Nm de par máximo entre las 1.800 y las 2.500 rpm. En nuestro caso, el motor mueve sólo las ruedas delanteras a través de una caja de cambios manual de seis relaciones. El Kia Sportage 4×2 con este motor acelera de 0 a 100 km/h en 10,8 segundos y tiene una velocidad máxima de 182 km/h.

El consumo medio del coche es contenido, homologa una media de 5,5 l/100 km, 4,9 l/100 km en carretera y 6,6 l/100 km en ciclo urbano. Las emisiones ponderadas de CO2 son de 147 g/km, por lo que el coche se queda en el tramo del 4,75% del Impuesto de Matriculación. En las versiones Drive el coche va montado sobre llantas de 17 pulgadas calzadas con neumáticos Hankook Optimo – en nuestra unidad – de medidas 225/60 R17, neumáticos de la gama para SUV de Hankook.

El equipo de frenado es correcto para un coche así, con discos ventilados de 280 mm en el eje delantero y discos macizos de 262 mm en el eje trasero. Aunque es una versión 4×2 no destinada a un uso off-road mantiene unas cotas off-road correctas, con un ángulo de entrada de 22,7º, un ángulo de salida de 28,2º y un ángulo ventral de 17,7º. La altura mínima al suelo es de 172 mm. Como apuntes finales, el depósito de combustible tiene 58 litros de capacidad y la dirección asistida es eléctrica.

¿Cómo se mueve en el tráfico urbano?

Lo más destacable del Kia Sportage en conducción urbana es lo alto que se encuentra el habitáculo, una posición dominante sobre el tráfico que nos permite una mejor visibilidad. Aunque el pilar delantero es bastante grueso y limita la visibilidad en algún que otro ángulo, se compensa mediante unos grandes retrovisores. Nos encontramos el mismo problema en la parte trasera, el pilar C es muy ancho y perjudica la visibilidad, sobretodo a la hora de aparcar. La luneta trasera no es especialmente grande, aunque no es un inconveniente en el uso del retrovisor interno.

Aunque parezca un coche voluminoso y grande, es más corto que un Mazda 3 y aparcarlo me ha resultado fácil. Unos sensores de aparcamiento traseros nos ayudan a la hora de maniobrar, pero lo que más me ha sorprendido es el corto radio de giro del coche, que nos permite aparcarlo en huecos estrechos o callejear por zonas muy estrechas tal y como lo haría un coche bastante más corto. Un detalle que nos protege de los lances de aparcamiento es que los pasos de rueda están forrados con un robusto plástico oscuro.

Me ha parecido bueno el aislamiento del coche. Una vez caliente el motor se deja sentir muy poco, incluso bajo aceleración fuerte, y los ruidos exteriores también nos llegan apagados al habitáculo. El confort es alto, ya que la suspensión filtra los baches de manera muy eficaz: incluso al pasar sobre baches importantes no perderemos confort. Ya en movimiento, el motor 2.0 CRDi responde desde muy abajo, tenemos mucha fuerza desde prácticamente las 1.200 rpm, un régimen realmente bajo.

A ese régimen el motor no se percibe forzado y vibra poco, de hecho, el indicador de marcha óptima no nos dirá que reduzcamos marcha. La ventaja es que podemos circular en tercera durante mucho tiempo a velocidades diferentes, permitiendo que vayamos más relajados, sin tener que jugar demasiado con el cambio. La tercera es la marcha más adecuada, la primera es realmente muy corta y sólo es recomendable usarla para poner el coche en movimiento y llegar a meter segunda, ya una marcha más ágil.

Es una herencia de las versiones de tracción total, que suplen la falta de reductora con una primera corta. Cambio que se maneja con suavidad en conducción urbana, lo que a lo aislado del propulsor y el exterior convierte vivir en la urbe con un Kia Sportage en una experiencia tranquila. En cuanto a consumos, hemos medido un gasto de 8,4 l/100 km en conducción urbana, una cifra que es muy correcta para un vehículo de su tamaño, y que no cuenta con sistema Stop&Start en este propulsor, sí para el 1.7 CRDi de 115 CV.

Solidez en vías rápidas

Las impresiones en vías urbanas se trasladan a la perfección a la autopista, especialmente en lo tocante a la solidez de marcha y el aislamiento, algo lógico en un vehículo con el confort en mente. Los baches más pronunciados se digieren sin problema alguno y el único ruido que nos llega al habitáculo a 120 km/h es el aerodinámico, con pequeños remolinos en torno a los retrovisores. El ruido de rodadura es muy contenido a no ser que el asfalto esté muy roto: se puede mantener una conversación en voz queda, vaya.

A 120 km/h en sexta circulamos a 2.250 rpm, un régimen contenido que beneficia a los consumos. Mi habitual ciclo de pruebas extraurbano desde Getafe a Gijón pasando por los puertos de montaña de Pajares y Guadarrama ha arrojado un consumo medio de 6,6 l/100 km a la ida y 6,4 l/100 km a la vuelta, por lo que la media real es de 6,5 l/100 km, buena para un vehículo de tonelada y media, con el climatizador activado y con un coeficiente aerodinámico de nada menos que 0,37, condicionado por la forma de su carrocería.

Es un consumo que resulta inferior al de un Nissan Qashqai 2.0 dCi que hemos probado recientemente – la prueba aún no se ha publicado – y que se mantiene entre los 5 y los 6 l/100 km si circulamos por vías de velocidad limitada a 100 km/h, incluso luego pisando algo de ciudad. El 2.0 CRDi es un motor de consumos reales contenidos. El motor responde bien a la hora de recuperar, con poco lag por parte del turbocompresor y tiene fuerza suficiente para mantener cruceros elevados incluso con fuertes pendientes.

Esta versión cuenta con control de crucero de serie, un aliado para que nuestro pie derecho descanse en largos viajes.

¿Y las habilidades todocamino?

Al no tener tracción total, el Kia Sportage 4×2 adolece de ciertas cualidades 4×4, primando más su uso en asfalto. No obstante, en Diariomotor probamos un vehículo a fondo y hemos sacado a este Sportage del asfalto. Por pistas en buen estado se siente seguro y con una pisada sólida, incluso digiere bien los baches importantes que se forman por la lluvia en algunos caminos de montaña. Lo que no debemos hacer es someter al Sportage a pruebas 4×4 complicadas, como terrenos de muy baja adherencia como barro o hielo.

Es muy posible que nos quedemos atascados si metemos al coche en situaciones complicadas. Aunque puede pasar por zonas complicadas gracias a unas cotas off-road generosas, es la tracción la que limita los sitios por los que el SUV podrá pasar. Para muestra un botón, el acceso a la finca de un amigo es complicado para turismos por la pendiente y escalón que tiene, el Kia Sportage entró sin problema alguno, pero a la hora de salir la rampa causó problemas, el coche apenas traccionaba y hubo que hacer varios intentos con algo de carrerilla.

Análisis dinámico a fondo

Ya os hemos hablado de que el Kia Sportage es un coche de consumos reducidos y con una estabilidad longitudinal envidiable en vías rápidas. ¿Pero qué hay de las sensaciones más profundas? Hablamos de un SUV destinado a viajes confortables, por lo que no nos deberían de sorprender los acusados balanceos de la carrocería cuando entramos a un ritmo fuerte en curvas cerradas. Los cabeceos también son notables bajo fuertes frenadas, aunque desde el interior no tenemos sensación de descontrol o peligro.

Los neumáticos para SUV de Hankook tienen un agarre lateral moderado, inferior al de neumáticos de turismo o neumáticos para SUV de altas prestaciones como los Dunlop QuattroMaxx que hemos probado. Por ello, el subviraje está muy presente cuando practicamos una conducción deportiva y las gomas enseguida empiezan a protestar. El control de estabilidad actúa rápido para cortar el subviraje, de manera intrusiva y nos deja volver a pisar a fondo hasta pasados unos segundos.

Un fallo muy criticable en un deportivo, pero un comportamiento incluso lógico en un SUV familiar. Es un vehículo tendente al subviraje, aunque es posible provocar que la zaga se descoloque levemente rompiendo la estabilidad en una curva cerrada al levantar el pie del acelerador, desmán que el ESP atajará de golpe, dicho sea de paso. Lo que está claro es que las reacciones del Kia Sportage son seguras y aún no correspondiendo a las de un vehículo de corte más dinámico – el cambio no es rápido y la dirección asistida tiene muy poco feddback – son lógicas en un SUV con un alto centro de gravedad.

Sobre el motor, responde desde muy abajo pero percibimos que el empuje decae al llegar a las 4.000 rpm. Es conveniente saberlo si somos de estirar mucho las marchas en adelantamientos, y algunos lo considerarán un fallo, pero la realiad es que el motor entrega toda su fuerza en la parte del cuentavueltas más utilizable en el día a día. Mañana continuamos con la última parte de la prueba, donde nos centraremos en los rivales, y también en el equipamiento de nuestra unidad de prensa.

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