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Mazda 3 1.5 Style, a prueba. Un cinco puertas espacioso en envoltorio ligero

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El Mazda 3 fue renovado durante el pasado año. La “vaca lechera” de Mazda ha sido el primer compacto de la marca en abrazar desde el tablón de diseño la filosofía Skyactiv, una filosofía en la que prima la ligereza y la eficiencia en la combustión interna, con la diversión de conducción en un puesto destacado en todo momento. En la presentación internacional del modelo (Mazda 3, prueba y primer contacto) pudimos catar algunas versiones, y ahora os traemos una prueba completa de su versión intermedia: un Mazda 3 1.5 Style, con carrocería de 5 puertas.

¿Es el Mazda 3 más asequible una opción razonable frente a su competencia? Su motor es un simple 1.5 atmosférico de 100 CV de potencia, algo que empieza a ser una rareza en plena era de la turboalimentación. Pero esa respuesta vendrá en la segunda parte de la prueba, ya que antes debemos averiguar si el Mazda 3 está a la altura en calidades interiores, espacio y ergonomía. Parafraseando a sus creadores, habrá que ver si se funde tan bien con el conductor como un caballo con su jinete. Tomad las riendas, que arrancamos.

Cuando la imagen de marca funciona

Con frecuencia nos quejamos de que todos los vehículos de un fabricante son iguales. Mazda no se salva, pues la actual generación de los Mazda 3 y Mazda 6 es prácticamente indistinguible desde ángulos como el frontal. Con todo, el diseño fluido de los nuevos Mazda es tan bonito y efectivo que hace que nos olvidemos de su enorme parecido. Es el frontal donde el coche tiene más personalidad: una calandra muy potente en el apartado visual, con un marco cromado que se funde en las ópticas, cuya línea de fuga sigue hacia el perfil lateral.

Es precisamente de lado cuando nos damos cuenta de que el Mazda 3 no es un coche precisamente pequeño. Son 4,46 metros de largo, medidas de un segmento D de hace no tantos años. Es cierto que a la armonía lateral le sientan mejor las llantas de 17 pulgadas en lugar de las de 16 pulgadas que monta nuestra unidad, pero con todo no resulta desproporcionado. Las líneas de expresión que surcan el lateral del coche son marcadas, pero no estridentes. De nuevo, un diseño fluido que muere en una zaga que es personalmente el punto más flojo del coche.

No tengo nada en contra del diseño de los pilotos traseros, o la discreta cola de escape – algo poco común por desgracia en versiones de acceso – pero me da la impresión de ser demasiado abultada. Sin ir más lejos, la versión de cuatro puertas del Mazda 3 es mucho más estilizada y mejor resuelta. Cuestión de gustos, me imagino. Nuestra unidad tenía el atractivo especial de un color rojo metalizado Soul Red, un extra de 600 euros que hace bastante por la apariencia del coche. Pasemos a ver que esconde el interior del Mazda.

Salto cualitativo para un interior de altura

Tras haber probado la anterior generación del Mazda 3 puedo atestiguar un enorme salto generacional en calidades y ergonomía. El Mazda 3 nunca se caracterizó por ser un coche barato o mal construido, pero el nuevo Mazda 3 está a un nivel de acabados que le permite luchar de tú a tú con el Volkswagen Golf. Podemos confirmar que sus acabados están claramente sobre la media, y por hacer una comparativa rápida son mejores incluso que los del Mercedes Clase A. Al entrar en el habitáculo es patente el trabajo de Mazda en este aspecto.

Los acabados del Mazda 3 están al nivel de los de un Volkswagen Golf, sin duda alguna.

Los plásticos son blandos donde tienen que serlo, duros y nada cortantes en el resto del habitáculo. Los mandos tienen una alta calidad aparente, y háptica: es un placer girar ruletas o tocar botones, una cualidad inmaterial muy deseada. Al igual que en otros compactos de nueva generación, el salpicadero presenta un diseño muy limpio. En la consola central sólo se encuentran los mandos del climatizador, ya que el resto de controles se aglutinan en la pantalla de 7 pulgadas del sistema MZD Connect, de serie en la versión probada.

Esta pantalla aglutina el sistema de infoentretenimiento y diversos controles del vehículo, como un detallado ordenador de a bordo con programa de eficiencia. Es intuitivo hasta la médula y se maneja mediante una ruleta ubicada entre los asientos. En nuestra prueba ha fallado bastante, al insertar un USB con música el sistema se desconfiguraba e incluso llegaba a perder la navegación. Entendemos que puede ser un problema de software de nuestra unidad en concreto y que no es un fallo extensible al resto de los MZD Connect.

La instrumentación convence, por deportiva e informativa. Un gran velocímetro se ubica en el centro del cuadro de mandos, flanqueado por un cuentavueltas digital y la pantalla del ordenador de a bordo. Un detalle a tener en cuenta es que el medidor del nivel de combustible es digital y no tiene indicador de la temperatura del agua, tan sólo un piloto que se ilumina cuando el motor está muy frío o muy caliente. Hablando de ergonomía, la palanca de cambios queda muy a mano de un volante regulable en todas direcciones, forrado en agradable cuero.

Un gran detalle a mi parecer es que bajo la consola central haya un hueco con suelo gomoso, que evita que un objeto como el móvil se deslice en las curvas. Los dos portabebidas y la guantera no destacan por nada en particular, aunque hay que mencionar que las puertas están preparadas para alojar botellas de agua de gran tamaño. Entre los dos asientos se encuentra un cómodo reposabrazos bajo el que hay un compartimento de carga y las entradas de audio. Una pequeña bandeja con ranura para cables es un punto a favor para un dispositivo como un iPod.

Bonito aspecto de salpicadero para esta versión Style, aunque los acabados “piano black” son sucios por naturaleza.

No existen apenas quejas, salvo quizá la excesiva profusión de botones en el volante. Es fácil acostumbrarse a ellos, simplemente requiere un tiempo. Hay que tener en cuenta que hay ciertos acabados en piano black, un plástico brillante oscuro que requerirá de ciertos cuidados, a pesar de lo bonito que resulta. Sentado en los asientos delanteros la postura de conducción es baja, algo cada vez menos común en un compacto. Las posibilidades de regulación del fino asiento – con apoyo lumbar – permiten encontrar una postura óptima muy rápidamente.

El espacio para las piernas y cabeza es amplio en el asiento delantero, aunque una persona muy alta podría tener ciertos problemas con la distancia disponible al techo. Una ventaja del grosor de los asientos delanteros es que además de ser ligeros, aumentan el espacio disponible para los pasajeros de las plazas traseras. Plazas traseras con un espacio longitudinal y vertical correcto, pero escasas de anchura para tres personas.

¿Espacioso y práctico?

Antes de nada, no olvidemos que el nuevo Mazda 3 supera los 4,4 metros con holgura, por lo que se encuentra casi en el límite de lo considerado un vehículo compacto. Boca de carga amplia y enrasada con el piso de carga, para una capacidad de carga de 364 litros, una cifra modesta para un compacto de casi 4,5 metros. Un maletero de 400 litros no habría sido tan complicado, especialmente sabiendo que no tiene rueda de repuesto, sólo kit antipinchazos. Imagino que la suspensión trasera independiente quita bastante espacio de carga.

Abatiendo los asientos se consigue una superficie de carga casi plana con 1.263 litros de capacidad. Mañana nos pondremos al volante de este gasolina de acceso, y veremos si merece la pena con respecto a sus competidores.

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