A 20 metros de la eternidad: Ken Miles y las 24 horas de 1966

 |  @LM_Ortego  | 

En 2016 se cumplirán 50 años de la primera victoria de Ford en Le Mans. De 1966 a 1969 el GT40 dominó las 24 horas gracias a la obsesión y el dinero de Henry Ford II, la tenacidad de Carroll Shelby y a pilotos como McLaren o Ickx, pero por el camino quedó un largo reguero de nombres olvidados. Entre ellos está el hombre que más contribuyó a convertir el GT en una máquina imbatible en Le Mans, un inglés amigo de Shelby y ex – combatiente de la Segunda Guerra Mundial. Un piloto que en 1966, con 48 años, perdió las 24 horas de Le Mans por sólo 20 metros. Esta la triste y fascinante historia del olvidado Ken Miles.

Ken Miles: De los tanques al Cobra

A mediados de la década de 1950 en Estados Unidos el automovilismo crecía de la mano de la nueva cultura juvenil. En el tiempo de “Rebelde sin causa”, del “Rock around the clock” (ambos 1955) o el Chevrolet Corvette (1953), nacían carreras como las 12 horas de Sebring (1952). Para entonces Ken Miles tenía ya más de 30 años y un hijo y la mecánica que aprendió entre tanques en Segunda Guerra Mundial le permitía trabajar como jefe de mecánicos en International Motors, un concesionario de MG, Jaguar y Mercedes de Los Angeles. En él se respiraba competición, y entre sus ayudantes había jóvenes pilotos, como un muchacho callado y rubio llamado Phil Hill. Miles era también un reputado piloto de la escena californiana, presidente del club automovilista de referencia y padre del campeonato regional. Para mediados de los 50, Ken Miles era una leyenda local admirado por los jóvenes que se iniciaban en las carreras.

Carroll Shelby: el cowboy sobre ruedas

Ken Miles fue el primero en instalar un gran motor Ford en un pequeño deportivo inglés, un Sunbeam. Años más tarde, Carroll Shelby haría leyenda con la misma fórmula en sus Cobra

A finales de 1959, pocos meses después de ganar en Le Mans con el Aston Martin del equipo John Wyer, Carroll Shelby tuvo un grave problema de corazón y se retiró de la competición para fundar una pequeña empresa en la que construir deportivos “a la europea”. La idea, poner grandes motores Ford a los pequeños AC ingleses, se inspiraba en un experimento que unos años antes había hecho un reservado inglés con el Sunbeam Tiger. Aquel pionero era Ken Miles y en 1963, el año en que Ford comenzó a suministrar motores a la marca, las carreras de ambos se cruzaron: Shelby le fichó como manager de competición.

Henry Ford II: el impero del dólar

Tras sentirse humillado por la negativa de Enzo Ferrari a venderle su empresa, Henry Ford II decidió emplear todos sus dólares en un proyecto para vencer en Le Mans con su propio coche. El primer acto, en 1964 bajo la dirección de John Wyer y con el prometedor Bruce McLaren como piloto estrella, acabó en una desastrosa actuación, pero un coche yanqui, el Shelby Cobra de Bondurant y Gurney con motor Ford 7 litros, acabó cuarto. En Detroit decidieron que el ex-piloto tejano Carroll Shelby sería la persona indicada para reconducir su proyecto de Le Mans, y a finales de 1964 los coches llegaron a Texas para que el nuevo equipo comenzase el trabajo. Miles dirigiría el proyecto.

Ken fue fue el primero en sentarse al volante. Después de unas pocas vueltas al circuito de Riverside bajó decepcionado “Es un completo desastre”. El trabajo se centró en deshacer la configuración de Wyer y empezar desde cero, pero incorporando cambios: el motor V8 289 (4’7 litros) dejaría paso al masivo 427 (7 litros) a lo que siguieron frenos de disco más potentes, ruedas traseras más grandes, trabajo aerodinámico, mejor refrigeración… Fue labor de Miles hacer al coche eficaz y conducible en un difícil trazado que alternaba curvas rapidísimas con otras muy lentas como Le Mans, invirtiendo cientos de horas y vueltas a Riverside. Con todas aquellas vueltas Miles comenzó a sentir que el GT era su criatura, y el viejo piloto inglés se aferró al proyecto como a un último tren. En primavera, con 47 años, Miles ganaba su primera gran carrera internacional, los 2000 km de Daytona, compartiendo volante con Lloyd Ruby, y liderando una comitiva de 4 Ford GT que barrieron a los Ferrari. En junio les esperaban las 24 horas de Le Mans, pero la historia fue muy distinta: a pesar de la expectación creada, la fiabilidad castigó a los Ford y todos se retiraron antes de la noche. Ferrari sumaba su sexta victoria consecutiva. El coche de Miles dio sólo 45 vueltas.

Le Mans 1966: el final más absurdo

En 1966 los defectos de juventud del coche y del equipo tenían que estar subsanados. Henry Ford II había mandado una nota a cada uno de los ejecutivos implicados en el proyecto con una escueta frase: “Más os vale ganar”. En la salida el propio Ford contemplaba una parrilla con 12 GT40 entre coches oficiales y privados. Miles había repetido victoria en Daytona en mayo y ahora formaba equipo con Hulme partiendo desde la segunda posición. Hizo una mala salida pero pronto puso un fuerte ritmo y media tarde ya lideraba la carrera, cediéndola esporádicamente al Ford número 2 de McLaren / Amon y al 3 de Gurney / Grant. Los GT40 dominaban. Ningún motor V8 había ganado en Le Mans. Ningún coche americano había ganado jamás en la carrera francesa. Sólo un hombre había ganado en Le Mans con 48 años, el italiano Chinetti en 1949. Ken Miles conducía hacia la gloria.

Para la edición de 1966 de Le Mans Henry Ford II mandó una nota a sus directivos: “Más os vale ganar”

A las 11 de la mañana el Ford de Miles/Hulme llevaba una vuelta de ventaja al de McLaren/Amon y casi 15 al de Bucknum / Hutcherson. Ford había invertido millones de dólares, había sido humillado personalmente por Enzo Ferrari y por fin iba a tener su revancha en la pista, por eso decidieron que querían un desenlace especial. Shelby, Leo Beebe y Henry Ford II hablaron sobre el final perfecto: hacer que el coche de Miles/Hulme y el de McLaren/Amon entrasen a la vez en meta, y se declarasen vencedores “ex-aequo”. En el último relevo se lo comunicaron a los pilotos que llevarían los coches a meta, Miles y McLaren. Miles se sentía traicionado, después de haber convertido aquel desastre de 1964 en un coche vencedor. McLaren, que había sido el primer piloto del proyecto GT y sentía la victoria como suya. A pesar de todo Miles aflojó el ritmo siguiendo las órdenes y dejando que el coche del neozelandés le alcanzase, pero a pocos minutos del final los comisarios avisaron a los directivos de Ford de que un empate no era posible: si los coches entraban al tiempo el ganador sería McLaren, porque había arrancado 20 metros más atrás en la parrilla, y por tanto habría recorrido más distancia en 24 horas. Nadie lo comunicó a los pilotos hasta después de la bandera a cuadros.

A media mañana del domingo, Ken Miles lideraba Le Mans con una vuelta de ventaja. Los directivos de Ford querían un empate con McLaren. Miles acabó perdiendo por 20 metros.

A las 16 horas del 19 de junio de 1966 Ford obtuvo su foto: los tres GT40 cruzando la meta en formación. McLaren fue declarado ganador, y Miles con 48 años se quedó a sólo 20 metros de una victoria que cinco años antes apenas podía imaginar, pero que al amanecer del domingo estaba en su mano. Aplastado por los acontecimientos, el taciturno inglés volvió a su anónimo trabajo como director de competición para Shelby mientras el joven McLaren entraba en la historia de la carrera más importante del planeta. Quizá 1967 le daría una última oportunidad.

A mediados de agosto, probando el prototipo de competición Ford J en Riverside, un problema mecánico nunca aclarado hizo a Miles perder el control del coche saliéndose de la pista a casi 200 km/h. Murió en el acto. No habría más oportunidades en Le Mans. Los aficionados californianos sintieron la pérdida de Miles. Para el resto del mundo, en una época en la que en cada temporada de Fórmula 1 morían varios pilotos, simplemente pasó desapercibida. El nombre de Ken Miles quedó sepultado por los acontecimientos y su memoria reservada para los historiadores de la competición. Tras una larga carrera vital, aquella mañana de junio Ken Miles se quedó a 20 metros de la eternidad.

Epílogo: el falso Ken Miles de Wisconsin

En 2003 Brock Yates investigó para Car and Driver una historia que añade a la vida de Ken Miles un carácter legendario. Según parece en una zona llamada “pequeña Escandinavia” de Wisconsin vivía un anciano casi en la indigencia cuyo nombre era Ken Miles. El hombre era conocido en el vecindario como un ex-piloto de carreras, y se ganaba la vida haciendo reparaciones mecánicas. Según quienes le entrevistaron, afirmaba que sobrevivió al accidente de Riverside con graves secuelas, y que Ford le dió una gran cantidad de dinero para que desapareciese. Todo apunta a que este anciano era un impostor, pero sus conocimientos técnicos, el parecido físico y los detalles sobre la biografía del auténtico Miles que difícilmente podían haber avivan aunque sea levemente el rescoldo del misterio. Después de todo, una historia amarga como la de Ken Miles bien agradece un epílogo con algo de magia.

Fuente: Baime, A. J.; Go like hell: Ford, Ferrari and their battle for Speed and Glory at Le Mans; Bantam, 2010 | Obituario de Ken Miles (Road & Track, 1966) |Ken Miles alive and well in Wisconsin?
Fotos: Ford Media
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