7 averías que – tal vez no supieras – puedes provocar por tocar los bordillos

 |  @davidvillarreal  | 

Aunque a veces nos irriten, los bordillos son necesarios en nuestras ciudades. Me atrevería a decir que imprescindibles, primordialmente para delimitar el espacio que naturalmente han de ocupar los automóviles, y el que nos queda reservados también como peatones. Es difícil imaginar una ciudad sin bordillos (casi tanto como una ciudad sin señales). Pero ese elemento tan útil del entorno urbano puede darnos muchos quebraderos de cabeza, especialmente si no somos cuidadosos y nos subimos en ellos, o dejamos que nuestros neumáticos rocen con el perfil del bordillo. Y estas son las 7 averías, y los elementos, que más sufren al golpear, o incluso rozar, los bordillos.

1. Arañar tus preciosas llantas.

Hoy en día nos hemos acostumbrado a comprar coches con llantas cada vez más grandes, y neumáticos de perfil cada vez más bajo. Llantas con diseños realmente bellos, que hacen que nuestro coche luzca imponente, pero que a menudo están muy expuestas a uno de nuestros peores enemigos, esos arañazos que deterioran su acabado. La mejor forma de evitar daños en las llantas es evitar los bordillos, intentar que nuestro coche quede perfectamente alineado y dentro de los límites del aparcamiento en línea, pero sin que jamás toque el perfil del neumático, o la llanta, con el flanco del bordillo.

Los bordillos pueden, incluso, llegar a abollar por completo una llanta, y hacer que el neumático pierda presión. Pero en ese caso no estaríamos hablando ya de un toque, fortuito, mientras aparcamos, sino de haber calculado mal las distancias y haber golpeado con violencia contra el bordillo.

Si tuviéramos que subir un bordillo, cosa poco recomendable, la forma más segura para evitar daños en la llanta es hacerlo en diagonal, o en perpendicular, nunca en un ángulo próximo al paralelo, puesto que el riesgo de arañar la llanta es muy alto. Y, por supuesto, realizar la maniobra con cuidado y a muy baja velocidad. En cualquier caso ya os decimos que esta práctica no es recomendable, y no solo por los daños que podemos causar en la llanta.

2. Deteriorar un neumático apoyándolo con el bordillo.

El mero hecho de apoyar el neumático con el bordillo, sin que nos subamos en él, ya está dañando el flanco del neumático. A menudo hemos visto neumáticos en los que, incluso, las letras en relieve del fabricante habían desaparecido por ese contacto con el bordillo. Esos daños a la larga pueden traducirse en reventones, en pinchazos, y en una pérdida de la consistencia del neumático que facilita la aparición de problemas, como la formación de grietas y bollos en el flanco.

3. Destrozar un neumático subiendo bordillos.

Subir un bordillo también puede producir daños varios en nuestros neumáticos. Un golpe en el neumático puede crear fracturas en la banda de rodadura, o incluso facilitar la aparición de cortes y bultos que aumentan el riesgo de sufrir un reventón. El gran problema está en que a menudo estos daños no serán evidentes en el momento en que se produce el golpeo con el bordillo, y en ocasiones pueden evidenciarse horas, días, o incluso meses más tarde, con un reventón en marcha (que a fin de cuentas es una situación de peligro), o la pérdida de presión progresiva del neumático (que puede hacer que un día lleguemos a nuestro coche y el neumático esté completamente desinflado).

Si tienes que saltar un bordillo, acción que de nuevo no es nada recomendable, hazlo por la zona más baja, y a una velocidad muy reducida y controlada.

No dejes nunca tu coche aparcado de forma que el neumático apoye en el propio extremo del bordillo, puesto que junto al golpe que es necesario para saltar el bordillo con nuestro coche, estaremos forzando aún más la estructura del neumático con el peso de nuestro coche mientras repose en esa posición, y aumentando la posibilidad de que aparezcan bultos que dañen gravemente el neumático, hasta hacerlo inservible.

4. Daños en suspensiones.

Un amortiguador puede soportar sin problemas subir o rozar un bordillo, sin sufrir daños, a fin de cuentas ha sido diseñado con tal fin. En cualquier caso, ya sabes, no es recomendable tocar los bordillos, ni tan siquiera a baja velocidad. Pero si somos poco cuidadosos y hacemos que el golpe contra el bordillo sea violento, los daños que podemos sufrir en el sistema de suspensiones de nuestro coche pueden llegar a ser importantes, e incluir roturas en muelles, y daños en los amortiguadores, que de no diagnosticarse y resolverse a tiempo, además de hacer que nuestro coche se conduzca peor, pueden conllevar otros daños en los neumáticos.

5. Perder el ajuste del paralelo de las ruedas.

Un buen alineado de la dirección es fundamental para que tu coche apoye sobre el asfalto correctamente. Un mal alineado, una mala geometría de los neumáticos, compromete la estabilidad de tu coche, conlleva que este se desvíe indebidamente hacia un lado o que tenga dificultades para mantenerse en línea recta cuando centramos el volante, y puede hacer que nuestros neumáticos se desgasten irregular y prematuramente.

La dirección ha de alinearse periódicamente, en un grado de convergencia y divergencia determinado, y un ángulo de caída concreta, y es una tarea que debemos tener en cuenta en momentos clave, como la sustitución de neumáticos. El problema está en que los golpes violentos en el tren delantero, por ejemplo al superar baches pronunciados sin cuidado, o incluso golpear con los bordillos, al aparcar, o al intentar subirnos en ellos, pueden comprometer el ajuste del paralelo, que se realiza con bancos de precisión en taller y que es sensible a un trato poco cuidadoso.

6. Perder el equilibrado de las ruedas.

No menos preocupante es el caso del equilibrado de los neumáticos. Si los radios de las llantas de tu coche te lo permiten, alguna vez habrás comprobado que en el interior de la llanta se esconden unas pequeñas placas de metal. Esas placas no están colocadas en la llanta casualmente, y su función no es, ni mucho menos, baladí. Aunque tanto llanta como neumático estén diseñadas para gozar de un equilibrio, de fábrica, al unirse, es necesario que trabajen al unísono y que el reparto de las masas sea el adecuado. Es por eso que se utilizan unos contrapesos de plomo, que contribuyen a mejorar el equilibrio del conjunto formado por llanta y neumático en su giro, y por lo tanto a mitigar las vibraciones que se transmiten a la dirección, el volante, y en general a nuestro coche.

Aunque las placas de plomo que se emplean para equilibrar una rueda han sido diseñadas para resistir en su posición, y quedar bien adheridas a la llanta, no hemos de descartar la posibilidad de que estas se suelten, y acaben provocando la pérdida del ajuste del equilibrado. Entre otras razones, además de superar baches a gran velocidad, o circular por pistas sin pavimentar, está el golpear los bordillos, o subirnos por encima de estos sin ser muy cuidadosos.

La consecuencia de un mal equilibrado no solo está en la aparición de vibraciones, sino también en un desgaste desigual y prematuro de la banda de rodadura del neumático.

7. Dañar los bajos de tu coche.

Por último, pero no por ello menos importante, tener muy en cuenta lo desprotegidos que se encuentran los bajos de nuestro coche ante los bordillos, especialmente a tenor de que en cada ayuntamiento, y prácticamente en cada barrio y cada calle, nos encontraremos con bordillos con alturas muy diferentes. Si conducimos deportivos, o coches muy bajos, hemos de tener especial precaución con este aspecto. También si conducimos coches un poco más altos, o incluso con diseño SUV, no hemos descuidar el hecho de que las defensas puedan tocar con el bordillo, con lo cual no siempre es recomendable que esperemos a que el neumático toque con el bordillo al aparcar en paralelo.

En los últimos años también nos hemos percatado de que el número de coches que son especialmente vulnerables a estos roces con los bordillos han aumentado significativamente, sobre todo por el empleo de soluciones para mejorar la aerodinámica, como labios de plástico escondidos por debajo y por detrás del parachoques delantero para disminuir las turbulencias aerodinámicas que se generan en los bajos por las piezas no carenadas del motor.

El consejo que os podemos dar desde nuestra experiencia, que continuamente estamos probando diferentes coches, algunos muy bajos, y que como consecuencia natural de ello a menudo podemos tener dificultades para calcular, a ojo, la altura de los bajos del coche en cuestión que estamos conduciendo, es ser muy precavidos. Es preferible dejar el coche un poco más separado del bordillo que tocar en los bajos. Aparcar marcha atrás también ayuda, y mucho, puesto que las protecciones del parachoques y los bajos suelen estar mucho más alejadas del asfalto en esa zona.

En definitiva, tras lo visto en esta entrada, sé muy cuidadoso y evita tocar con los bordillos. Te ahorrarás disgustos, y también averías que a menudo son realmente costosas.

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