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Bajo la piel del Ford Focus RS WRC: el tanque secreto de aire que les hacía volar

A principios de la temporada 2020, la FIA comunicaba algunos de los detalles de la nueva reglamentación para los Rally1 que deberían llegar en apenas dos años, anunciando que no se iban a permitir determinados conductos ocultos que influyeran en la aerodinámica. Obviamente se recordaba lo sucedido a mediados de 2019, cuando uno de los equipos se quejó al respecto de las dimensiones empleada por el alerón trasero del Toyota Yaris WRC, el cual había aprovechado una interpretación alternativa del reglamento para tener algo más de apoyo aerodinámico en la zaga.

La firma nipona habitualmente ha estado relacionada con la que se considera como las estratagemas más ingeniosas dentro del automovilismo, y muchos todavía recuerdan con cierto cariño lo sucedido con los Toyota Celica en el año 1995, cuando fueron descubiertos empleando un mecanismo que permitía en parte sortear la brida de la admisión del turbo y conseguía, de forma prácticamente indetectable, un extra de potencia cuando el coche se encontraba en tramo ‘soplando’ en modo competición.

Sin embargo, son muchos los secretos que han rodeado durante años las carreras, muchos de ellos de dudosa legalidad y otros que simplemente aprovechaban zonas grises de la normativa y que finalmente tuvieron que ser prohibidos al considerarse en muchos casos que violaban el espíritu de la norma. Quizás uno de los sistemas más interesantes llegó en plena era World Rally Car, con la revolución que supuso el Ford Focus RS WRC 03 debido al gran paso adelante que daba la firma del ovalo en materia de desarrollo aerodinámico.

Ford Focus RS WRC 03, entre la trampa y el área gris:

Se intentaba no perder el paso frente a los Citroën Xsara, Peugeot 206 y Subaru Impreza, en este caso conscientes de que tenían una alineación menos curtida que las de sus rivales. El Focus mutó, se musculó y empezó a lucir numerosos aditamentos aerodinámicos y extensiones de carrocería para no ser relegado al ostracismo. Sin embargo, quizás lo más peculiar de aquel modelo no se encontraba a simple vista. Los ingeniosos hombres de Malcolm Wilson habían introducido en el paragolpes trasero un tanque de aire presurizado que se encargaba de recoger el exceso de aire muy energizado que salía del turbocompresor, el cual habitualmente se suele liberar.

En este depósito de titanio realizado con planchas de 2 mm y una capacidad de 45 litros se almacenaba todo este aire presurizado y se dejaba a disposición del piloto en el momento en el que este decidiera empujar al máximo, por lo que técnicamente no incumplía la norma, pero se trataba de un extra de potencia (se hablaba de un 5% extra respecto a la cifra anunciada por M-Sport) que finalmente no duraría más de tres pruebas antes de que la FIA decidiera prohibirlo. Atravesaba la brida, por lo que no incumplía las reglas técnicas, sin embargo se consideraba que no respetaba el espíritu de la regla. En el siguiente vídeo de Vasilis Kavanozis se resume a la perfección el sistema.