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China ha aprendido a construir circuitos

El titular de este artículo refleja la impresión que me han dejado las visitas en las dos últimas semanas de TCR International Series y Mundial de Turismos a dos trazados chinos de nueva factura, Zheijang y Ningbo. Ya le dedicamos a cada una de esas categorías sus respectivas crónicas, pero más allá de lo estrictamente deportivo me parece destacable que se trate de dos circuitos más que interesantes y entretenidos. Probablemente no para Fórmula 1, pero desde luego ideales para turismos.

Y es que en países de escasa tradición automovilística se tiende a tirar la casa por la ventan construyendo auténticos elefantes blancos que una vez el Mundial de Fórmula 1 deja de pasar por allí quedan infrautilizados. En cambio la estrategia de crecimiento del automovilismo chino me parece inteligente. Al margen de alianzas con equipos europeos como la de Great Wall con SMG hace unos años en el Dakar, la actual de BAIC con Overdrive con el mismo fin o la que llevó a Jackie Chan DC Racing junto a Jota Sport al podio de las 24 Horas de Le Mans este año, las carreras en China son por mucho que suene a perogrullada, cosa de chinos.

A todos se nos vienen a la cabeza Macao como vestigio colonial, Zhuhai por ser el primer circuito permanente en la China continental y Shanghái como escenario del GP de Fórmula 1, pero en la última década han ido apareciendo numerosos trazados y cada vez más adaptados a la realidad local, donde los referentes son el Chino de Turismos (CTCC) y un recién creado Chino de GT amparado en el éxito de la Audi R8 LMS Cup, así como pequeñas categorías de monoplazas como la Fórmula 4 con motores Geely.

Actualmente China cuenta con un amplio abanico de circuitos repartidos por todo su territorio. Los hay cortos y ya casi vetustos como Beijing Goldenport y Shanghái Tianma, visitados casi por accidente por el WTCC en temporadas pasadas, o elefantes blancos como Ordos, construido junto a una ciudad fantasma de Mongolia Interior y visitado años ha por la extinta Superleague Formula, pero lo visto estos últimos días indica que se ha dado un pasito más. Ya no son sólo circuitos hechos para cubrir el expediente sino recintos que hasta me gustaría catar en un videojuego, con sus elevaciones y peraltes.

Y no se van a quedar ahí. Geely cuenta con una empresa llamada Mitime cuyo cometido básicamente consiste en supervisar el desarrollo del automovilismo chino y que pretende seguir construyendo circuitos. No digo que vaya a nacer un Nürburgring Nordschleife o un Spa-Francorchamps en los próximos años, pero tiene pinta de que los estándares seguirán subiendo y pronto nos encontraremos por allí con un circuito icónico y con carácter al igual que pasa en países no tan controlados por el aficionado europeo como Argentina o Australia, que no necesitan exponer al mundo bellezas como Potrero de los Funes o Bathurst para que todos las conozcamos. Merecerá la pena seguir la evolución.