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El unicornio inconducible de M: el BMW Z3 que se atrevió a usar un V12

David Clavero | @ClaveroD | 3 Oct 2021
Bmw Z3 V12 1999 0921 001
Bmw Z3 V12 1999 0921 001

Los almacenes de BMW Motorsport esconden no pocas locuras y proyectos secretos de esos que nos ponen el corazón a mil a los petrolheads. Y la historia del BMW Z3 V12 es una de esas barbaridades que nos encantan. Mitad despropósito, mitad obra de arte, en 1999 BMW M decidió llevar al límite las posibilidades del Z3 instalando en él nada menos que un propulsor V12. Sí, la fórmula apuntaba maneras para convertirse en el santo grial de los GT, pero lo cierto es que aquel experimento terminó siendo un bello roadster, aunque muy difícil de conducir.

Si tenemos en cuenta que el BMW Z3 fue concebido como un roadster ligero y deportivo, no es de extrañar que el biplaza tuviese una longitud de apenas 4 metros (4.026 mm) y un peso capaz de bajar hasta los 1.160 Kg en sus versiones más livianas. Pero desde el principio, BMW diseñó el Z3 para ser capaz de soportar elevadas potencias y motores de 6 cilindros, pudiendo así marcar distancias con fórmulas muy similares aunque más humildes como la del Mazda MX-5.

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Así, el BMW Z3 llegó a contar incluso con su propia versión M, una cotizada variante en la actualidad que tenía como principal reclamo el 3.2 atmosférico de 6 cilindros en línea del BMW M3 E46. Pero esta no fue la única versión potente que conoció el Z3, pues en 1999 la división más deportiva de la firma de Munich decidió experimentar con una idea que todavía hoy suena a locura.

El verdadero artífice de este proyecto fue un tal Gerhard Schmidt, quien por aquella época era jefe de desarrollo de motores en BMW. El objetivo era llevar al límite al Z3, y vaya si se consiguió. Tomando prestado el 5.4 V12 atmosférico (M73) usado por los Serie 7 y 8 del momento, los ingenieros de BMW Motorsport adaptaron tanto propulsor como vano motor para encajar el doce cilidros, suponiendo esto el uso de radiadores específicos, suspensión revisada, refuerzos en el chasis, un nuevo cárter o un sistema de admisión y escape fabricados a medida. El V12 era casi imposible de encajar en el Z3, pero finalmente se hizo.

El BMW Z3 V12 desarrollaba una potencia máxima de 326 CV a 5.000 rpm y un par motor máximo de 490 Nm a 3.900 rpm, estando conectado a las ruedas traseras a través de un cambio manual de 6 relaciones heredado del Serie 8. Hasta aquí la cosa prometía, hasta aquí. El hecho de colocar un motor de tal envergadura en el Z3 supuso elevar el peso hasta los 1.400 Kg, sin embargo lo peor de la ocurrencia no fue esto, sino que influyó en la distribución de pesos hasta tal punto que se alcanzó un reparto 70/30 (delante/atrás).

Tras su finalización, y ya pintado en el peculiar color "Kyalami Orange", BMW decidió ofrecer esta unidad a la revista Autozeitung para realizar una prueba, la única conocida dados los resultados obtenidos. Con el nuevo V12, el Z3 cambió de forma radical su comportamiento, apareciendo un gran subviraje en el tren delantero motivado por el peso extra del motor, y un eje trasero muy nervioso por culpa de un par elevado y una poco recomendable distribución de pesos para un tracción trasera. Las pérdidas de tracción eran constantes en aceleración, siendo imposible llevar al asfalto todo el par generado por el V12, pues ya desde el ralentí ofrecía un 80% del par máximo. Ni siquiera con la nueva transmisión, el rediseño de suspensiones o el uso de neumáticos 225/45 R17 delante y 245/40 R17 detrás, el Z3 V12 consiguió adecentar sus modales.

Todavía hoy nos cuesta imaginar cómo de complicado - y a la vez divertido - debía ser conducir este Z3 V12 único e irrepetible.

Terminado el test, BMW M decidió guardar en sus almacenes al Z3 V12, permaneciendo en el olvido hasta 2012, momento en el que la marca mostró al gran público este experimento desconocido a través de Facebook. En materia de prestaciones, el Z3 de doce cilindros firmaba un 0-100 Km/h de 5,5 segundos y una velocidad máxima de 263 Km/h, cifras que en realidad no sorprenden si tenemos en cuenta que el Z3 M del que partía, hacía el 0-100 Km/h en 5,4 segundos y alcanzaba los 250 Km/h autolimitados.

Por mucho que nos cueste admitirlo teniendo entre manos un V12, este experimentó es un magnífico ejemplo de que a la hora de hablar de deportivos, rara vez no se cumple aquello de que el menos es más. Eso sí... ¡cómo echamos de menos que las marcas se atrevan con locuras así!