CATL va a fabricar en masa sus baterías de ion-sodio este mismo año. El mayor fabricante de baterías del mundo quiere abrir una vía paralela al litio, haciendo baterías con materias primas más abundantes, menor exposición a la volatilidad de precios y menor dependencia de terceros, con una aplicación muy enfocada en coches eléctricos asequibles, vehículos comerciales, intercambio de baterías y almacenamiento estacionario.
La noticia la confirmó Wu Kai, científico jefe de CATL y académico de la Academia China de Ingeniería, durante el «Equipment Powerhouse Forum» celebrado el pasado fin de semana. Los principales cuellos de botella industriales de las baterías de sodio ya estarían resueltos, según Kai, con lo que CATL está preparada para fabricar en masa y poner en el mercado toda una gama de baterías de sodio a partir de este 2026.
Según la compañía, han solucionado dos de los problemas más delicados, como el control de la humedad y la consistencia de fabricarlas en grandes cantidades. Esto es importante, porque no basta con tener una química prometedora en laboratorio, sino que hay que fabricarla millones de veces con estabilidad, seguridad y costes ajustados. Que se lo digan a las baterías de estado sólido, cuya fabricación en masa es un verdadero desafío hoy por hoy.
No es la batería milagrosa, pero sí puede ser la batería barata que necesita el coche eléctrico
La batería de ion-sodio no llega para sustituir a las mejores baterías de litio-ferrofosfato, ni para ofrecer más autonomía que las químicas más avanzadas de níquel, manganeso y cobalto. Pero son muy interesantes por varios motivos: coste, disponibilidad de materias primas, seguridad térmica y menor dependencia de cadenas de suministro tensionadas por el litio.
Para empezar, el sodio es mucho más abundante que el litio y, sobre el papel, permite reducir la presión sobre una de las piezas más sensibles del coche eléctrico: la batería. Eso no significa automáticamente coches eléctricos baratos mañana por la mañana, pero sí abre una posibilidad muy interesante para segmentos donde cada euro cuenta: urbanos, utilitarios, comerciales ligeros y sistemas de almacenamiento energético.
El nombre comercial de esta tecnología es Naxtra, una batería de ion-sodio que anuncia una densidad energética de hasta 175 Wh/kg y, junto con una arquitectura cell-to-pack y un sistema de gestión inteligente, permite superar a día de hoy los 400 kilómetros de autonomía en un turismo eléctrico convencional. La compañía también habla de futuras evoluciones capaces de moverse entre 500 y 600 kilómetros, aunque esa cifra es una proyección a futuro sin fecha concreta.
CATL quiere cubrir coches, camiones, intercambio de baterías y almacenamiento
La hoja de ruta de CATL no se limita al coche eléctrico barato. Además de turismos, la compañía habla de aplicaciones en vehículos comerciales, redes de intercambio de baterías y baterías estacionarias. En este último ámbito, CATL y HyperStrong firmaron en abril un acuerdo de tres años para el suministro de 60 GWh de baterías de ion-sodio destinadas a almacenamiento energético, el mayor acuerdo del mundo hasta la fecha para esta tecnología.
El almacenamiento energético es ideal para el ion-sodio, porque el peso y el volumen importan menos que en un coche y el coste por kWh cuenta todavía más. Si CATL escala ahí la fabricación, la tecnología ganará madurez y volumen antes de entrar con más fuerza en el automóvil.
Que CATL empiece a fabricar su batería Naxtra no significa que mañana todos los eléctricos baratos chinos vayan a llevar baterías de sodio. Todavía tienen limitaciones técnicas, especialmente en cuanto a densidad energética, pero nos dejan una reflexión importante: una vez alcanzadas autonomías de más de 1.000 km con el litio, la próxima guerra del coche eléctrico está en los costes. No sabemos a qué velocidad se trasladarán estos avances a modelos vendidos en Europa, pero será de cuestión de tiempo que veamos urbanos y utilitarios eléctricos con autonomía decente y un precio más asequible.








