Síndrome de Diógenes vehicular: los 700 vehículos de Ron Hackenberger, a subasta en Estados Unidos

 |  @sergioalvarez88  | 

Ron Hackenberger es un anciano estadounidense, retirado tras una larga vida como exitoso empresario. Residente en Ohio, adquirió su primer coche con sólamente 15 años, con el dinero que su abuelo le había prestado. Aquél vetusto Studebaker sería el primer coche de una gigantesca colección, que ha llegado a crecer hasta unos escalofriantes 700 vehículos. Tras casarse con Eunice, Ron comenzó diversos negocios, que le llevaron a recorrer EE.UU. de cabo a rabo. En sus viajes, solía traer consigo rarezas automovilísticas de todo tipo, coches que a continuación almacenaba en un enorme granero junto a su casa en Norwalk.

En ocasiones, Hackenberger viajaba hasta California y volvía con el camión lleno de rarezas automovilísticas.

Hackenberger trabajó en diferentes sectores, desde el transporte a la restauración, pasando por la ganadería. Todos sus ahorros y sus beneficios iban destinados a su creciente colección de coches. Coches que compraba con el propósito de restaurar y usar, proyectos que eran rápidamente abandonados a favor de nuevos viejos hierros. Lo que comenzó como una afición sana – que todos querríamos compartir si pudiéramos – acabó transformándose en un Síndrome de Diógenes automovilístico. Insano, desmedido y destructivo. No hay más que ver el estado de muchos de los coches que serán subastados.

La mayor parte de coches llevan décadas parados, y prácticamente todos requieren una restauración. Hackenberger quería restaurarlos, pero con más de 70 años, la cordura pareció imperar y decidió que su mejor destino era una subasta pública. El estar guarecidos de los elementos – al menos una parte importante de ellos – ha salvado muchas piezas y carrocerías de su destrucción, y casi todos los vehículos parecen aprovechables. En su colección hay nada menos que 250 vehículos de la difunta marca americana Studebaker, reflejando la pasión que profesaba por esa marca, a la que su primer coche perteneció.

El resto de la colección es realmente ecléctica. Se pueden ver en ella muscle cars de los años 60, limusina, furgonetas y turismos Citroën, microcoches, un DeLorean DMC-12, un AMC Gremlin que parece sacado de Wayne’s World, un Fiat 600, buggies, motocicletas de preguerra, un exótico Bricklin… cualquier fetiche automovilístico que puedas imaginar, existe en este granero del medio oeste estadounidense. Puedo entender perfectamente la motivación de Ron y su esposa, e incluso compartir esta obsesión por amasar cantidades industriales de vehículos exóticos, pero como bien dice el refrán, “quién mucho abarca, poco aprieta”.

La colección aún está siendo catalogada, y los coches están siendo poco a poco transportados a los almacenes de la empresa que los subastará. VanDerBrink Auctions encontrará nuevo dueño para ellos entre el 14 y el 16 de julio de este año.

Fuente: Carscoops
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