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Bugatti descapota sus 1.200 CV en Ginebra con el flamante Veyron Grand Sport Vitesse

En los últimos años hemos estado en los salones del automóvil más importantes de Europa y a mí, personalmente, siempre que acudo al stand de Bugatti me da la sensación de que nada ha cambiado, de ver siempre lo mismo y de que en los últimos cuatro años las mejoras para el superdeportivo más rápido del mundo se han reducido a un maquillaje estético. Y bien difícil es encontrar argumentos que puedan rebatir mi opinión y confirmen mi error.

El secreto de Bugatti es no obstante que sutilmente han ido adaptando, mejorando y engrandeciendo un concepto de automóvil estratosférico que se ha ganado tantas críticas como halagos. El último en llegar es el más difícil todavía, el Bugatti del “paraguas” se ha ganado la denominación Vitesse, que vienen siendo 200 CV más y pingües mejoras aerodinámicas para hacer que esta bestia sea técnicamente capaz de alcanzar los 410 km/h. Como precaución Bugatti ha limitado electrónicamente para alcanzar los 375 km/h, y esos 35 km/h extra limitarlos a un modo de marcha especial que sólo debería utilizarse en circuito cerrado y condiciones muy controladas.

Y yo me pregunto, ¿es qué 375 km/h no es ya una velocidad brutal como para alcanzar en carreteras públicas o incluso en las rectas más largas de cualquier circuito?

El Bugatti Veyron es un deportivo cuya estética he aprendido a amar con el tiempo. Y de verdad les aseguro que por pequeñas que parezcan las diferencias exteriores, haberlas haylas. La carrocería del Bugatti Veyron Grand Sport Vitesse está más cerca que nunca del asfalto, el carenado de su base se ha perfeccionado para aumentar el efecto suelo. Las entradas de aire frontales han sido mejoradas en términos aerodinámicos con unos aletines.

Para darle más énfasis a este lanzamiento Bugatti decidió que una de las unidades presentadas en Ginebra fuese ataviada de color azul, o mejor dicho, detalles azul celeste y carrocería de fibra de carbono visible teñida de azul. Las llantas pese a sus colores más propios de la cuna de un bebé, blanco y celeste, completaban un trabajo digno de aquellos que nunca quieran pasar desapercibidos; si es que con un Bugatti Veyron existe posibilidad alguna de pasar desapercibidos…

Como extra les puedo decir que un día antes de la apertura de las puertas del Salón de Ginebra la gente de Bugatti tenía preparada otra sorpresa. Y es que en el mismo stand en el que más tarde se presentó este Grand Sport azul, la tarde anterior reposaba perfectamente camuflada y cubierta con una lona una gran berlina. Intuimos que se trataba del Galibier que ya conocemos o de alguna versión casi definitiva, o al menos más próxima a su producción.

Por desgracia no pudimos verlo destapado y es que con toda probabilidad se debió presentar a puerta cerrada y a algún grupo de afortunados clientes VIP de la marca. Algo que viene siendo bastante habitual en el transcurso de estos salones tan importantes.

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