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José Froilán González, don Pepe, «Il Testone»

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Cuando el fin de semana del 8 al 10 de julio de 2011, Ferrari festejaba el sexagésimo aniversario de su primera victoria en Fórmula 1, precisamente en Silverstone, la protagonista de la mayoría de fotografías fue la ferrari 375 F1, un monocasco rotundo de aspecto, sin duda más feo que sus rivales los Alfa y Maserati, pero rosso como el infierno, con el que La Scuderia comenzó a labrar su exitosa carrera de triunfos en Fórmula 1.

Con él posó ufano Stefano Domenicali, y con con él dio unas vueltas al circuito británico Fernando Alonso, pero toda Ferrari estaba rindiendo homenaje al hombre que lo condujo un nublado y lejano 14 de julio de 1951, un argentino amigo de Juan, del «chueco» Fangio, querido en la parrilla por sus buenas maneras, por su limpieza en pista y sobre todo por su enorme humanidad y nobleza, y tal vez el piloto por el que después del malogrado Gilles Villeneuve, sintió más cariño (del auténtico, se entiende), Il Commendatore Enzo Ferrari.

Estamos hablando de José Froilán González, a quien el mandamás de Maranello apodó Il Testone (cabezón), porque si el 375 F1 era rotundo de formas las del piloto argentino aún lo eran más, aunque cabe decir que más allá de definir su aspecto, el apodo retrataba a la perfección su tesón a prueba de bombas sobre el asfalto.

Froilán fue recomendado por Fangio a la de Il Cavallino a pesar de ser un perfecto novato totalmente desconocido. Su enorme resistencia física al volante le convertía en un aspirante sumamente interesante para uno de los asientos de la escudería italiana, ya que las carreras pasaban de largo de las 2,5 horas de duración y no todos los pilotos aguantaban tanto esfuerzo. De esta sencilla manera, el de Buenos Aires provincia entró en el equipo y compartió colores nada menos que con Alberto Ascari y Luigi Villoresi.

La de Maranello tampoco era lo que es ahora. El Mundial inaugural, el de 1950, no había cumplido las expectativas que había depositado en él don Enzo. Alfa Romeo se lo había llevado de calle y en las 3 carreras europeas anteriores al Gran Premio de Gran Bretaña de 1951 (la segunda prueba era Indianápolis y se disputaba en los U.S.A.), la del trébol había vuelto a sentenciar que era la mejor escudería del momento. Ferrari necesitaba una victoria para no pasar un nuevo año en blanco, y llegó Silverstone.

José Froilán rodó bien el viernes y consiguió colocarse como primero en la arrancada circulando a casi 162 km/h. de media, por delante de su amigo Juan Manuel Fangio y de Giuseppe Farina, ambos con Alfas, aunque Alberto Ascari había logrado meter su Ferrari en la primera línea de salida. González tenía buen feeling de cara a la prueba. Su amigo y mentor, Fangio, le había dicho que aquél circuito era para el 375 F1, como así resultaría al final.

Pero al 375 F1 había que llevarlo a la meta, y para conseguirlo, José Froilán luchó codo con codo con Fangio durante 50 de las 90 vueltas propuestas (de la 25 a la 75) hasta que logró dejar al chueco detrás, para descolgar a su compatriota posteriormente, completa y definitivamente, en los últimos giros.

Aquella fue una victoria mítica. Dos amigos enzarzados en una pelea de perros (dogfight) en la cual el más novato de los dos sería el que saldría airoso. Un circuito casi neonato (Silverstone se inauguró en octubre de 1948, ni tan siquiera 3 años antes), y una escudería, Ferrari, que buscaba su lugar en el mundo… Y Froilán, don Pepe, Il Testone, logrando el milagro para Ferrari un 14 de julio nublado, siendo retratado para la posteridad con el brazo en alto y en el momento de cruzar bajo la bandera a cuadros.

José Froilán González, nacido en Arrecifes, provincia de Buenos Aires, moría el pasado 15 de junio a la edad de 91 años, pero quedará en nuestro recuerdo como el hombre tranquilo que con tesón y honestidad, puso el primer ladrillo de la historia de Ferrari en la Fórmula 1 pilotando un 375 F1.

Descansa en paz, testone.

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