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Fórmula 1

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Gran Premio de Bélgica 1968: Nace la leyenda de McLaren

Àlex Garcia | 23 Ago 2018
brucemclareneaurouge1968
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McLaren está de celebración este 2018. Aunque el Gran Premio de Bélgica no fue siempre en las mismas fechas, la visita al país de los gofres marca 50 años desde que el equipo fundado por Bruce McLaren obtuvo su primera victoria en la Fórmula 1. Son cincuenta años en los que ha habido tiempo para establecerse, ganar títulos, perderlo todo, reinventarse, dominar la categoría reina, convertirse en leyenda, tener un último vals con Ferrari y pasar poco a poco a convertirse en figurante. Recientemente, McLaren ha recuperado el naranja papaya con el que se consiguieron los primeros éxitos de este equipo fundado por un visionario y apasionado a partes iguales. El primer triunfo tenía que llegar en un sitio mítico y no hay casi mejor escenario que el viejo Spa, sede del Gran Premio de Bélgica de 1968.

Cuando la Fórmula 1 llegó a Bélgica en el mes de junio para la cuarta carrera de la temporada, el gran circo vivía una situación descorazonadora. El accidente mortal de Jim Clark en una carrera de Fórmula 2 en Hockenheim y la lesión de Jackie Stewart en otra carrera de Fórmula 2 en el Jarama habían dejado sin escoceses a la Fórmula 1 durante dos carreras en las que Graham Hill empezó a construir el que sería su segundo y último título gracias a sendas victorias en Barcelona y Mónaco. Los circuitos urbanos habían visto carreras con muy pocos participantes y la Fórmula 1 podía considerarse en un estado complicado con menos salud de la deseada a pesar de los míticos nombres en pista. La llegada a Spa-Francorchamps no se produjo entre alegría y jolgorio, aunque el circuito sí traía consigo ánimos algo mejores.

En lo deportivo, Graham Hill contaba con 24 puntos por 10 de Denny Hulme y 9 de Jim Clark, tercero dos meses y dos Grandes Premios después de su muerte. Richard Attwood era cuarto tras su podio en Mónaco y Ludovico Scarfiotti quinto, ambos con seis puntos. Desafortunadamente, el italiano no volvería a competir en la Fórmula 1. El mismo fin de semana del GP de Bélgica, falleció en una carrera de montaña en Alemania. Era el tercer piloto en fallecer en un 1968 que ya se había llevado a Jim Clark y a Mike Spence. Pero como demasiado a menudo en la época, la mentalidad de que el espectáculo debía continuar prevalecía y los pilotos llegaron al desafiante y peligroso Spa-Francorchamps para disputar la cuarta cita puntuable del Campeonato del Mundo.

Ferrari se encargó de distraer al público y al paddock de los malos pensamientos con un invento revolucionario que cambiaría la Fórmula 1 para siempre. El Ferrari 312 de Chris Amon apareció en Bélgia con un alerón trasero al estilo del usado por Chaparral en las carreras de Sport. Para sorpresa general, la idea funcionó de maravilla y el neozelandés fue cuatro segundos más rápido que el segundo clasificado. Amon logró así una espectacular pole position por delante de Stewart en su reaparición e Ickx en el otro Ferrari. Jack Brabham intentó copiar el sistema en el poco tiempo disponible, añadiendo además unos apéndices en el frontal para mantener el coche pegado al suelo y no perder agarre en el tren delantero. El sistema no funcionó tan bien como el de Ferrari y Jack Brabham solo pudo ser décimo... aunque Jochen Rindt en el otro coche era décimo séptimo sobre dieciocho coches así que seguramente, el problema era de potencia.

En la salida, Amon logró mantenerse en cabeza por delante de un John Surtees que se situaba segundo tras partir cuarto desde la segunda fila de parrilla. Ickx era tercero por delante de Denny Hulme en el primer McLaren y un Stewart que había caído hasta el quinto puesto. Por su parte, Bruce McLaren protagonizó la peor partida al arrancar sexto y caer hasta la undécima posición. Pero una vuelta al trazado largo de Spa con sus catorce kilómetros daba para mucho y en el segundo giro ya había cambios importantes. Surtees tomó el liderato en su Honda, mientras McLaren subía hasta la novena posición. La carrera entró en un periodo de relativa calma durante los siguientes giros, tras el abandono de Jo Bonnier en la primera vuelta y hasta la retirada de Rindt en la quinta. Su motor había dicho basta.

Por delante, Stewart lanzaba por fin su ataque y en una vuelta superó tanto a Hulme como a Ickx, que perdía dos puestos. La falta de alerón de su coche le dejaba a merced de sus rivales. A pesar del tesón de Stewart, Hulme le devolvió la jugada y durante varias vueltas hubo pelea entre ambos, incluso cuando Surtees se retiró tras diez vueltas por problemas en la suspensión. El británico se sumó a los abandonos de Brabham, Attwood y Redman (en un pavoroso accidente que acabó con su monoplaza empotrado en un coche aparcado; por suerte 'solo' se rompió un brazo) en la sexta vuelta y un desesperado Amon en la octava, cuando ya empezaba a soñar con una victoria. El radiador de su Ferrari había sido la causa de su abandono, esta vez. Mientras tanto, el hombre de la carrera era McLaren.

Tras varias vueltas noveno, McLaren había superado a Jo Siffert en la octava vuelta y a Piers Courage y Pedro Rodríguez en la novena para luego dar cuenta del héroe local Ickx en la undécima. De esta forma, el patrón del equipo que lleva su nombre era tercero y aunque llegó a perder posición con respecto a Rodríguez, se mantuvo siempre en el grupo de cabeza. Llegó entonces el punto clave de la carrera. Tras perder y recuperar la tercera posición McLaren, Hulme se vio obligado a retirarse por problemas en un semieje, lo que dejaba a Stewart en cabeza en solitario. Tras él, McLaren y Rodríguez tendrían que pelear por el segundo puesto. Con la mitad de participantes retirados, todos los equipos y pilotos eran conscientes de la dureza de la prueba y empezaron a bajar el ritmo. No fue suficiente y los abandonos siguieron llegando. Courage se retiró a falta de seis vueltas para el final con un motor roto. y Siffert quedaba fuera de combate por culpa de la presión de aceite a tres del final cuando era cuarto.

Tampoco llegaría a ver la bandera ajedrezada Oliver, que había heredado el cuarto puesto del suizo. Mientras tanto, los problemas técnicos habían fastidiado las carreras de Lucien Bianchi y Jean-Pierre Beltoise, que a pesar de todo seguían en marcha. A todo esto, Stewart seguía imperturbable en primera posición con una buena ventaja sobre McLaren, que andaba en solitario tras haberse desembarazado de Rodríguez. Ickx rodaba en tierra de nadie, sabiendo que no podría ser superado por ningún rival siempre que terminara la carrera. Pero en la última vuelta llegó la gran sorpresa en lo que parece ser una jugada habitual del deporte en general y el automovilismo en particular. Jackie Stewart se quedó sin carburante en la última vuelta y se vio obligado a abandonar, quedando clasificado oficialmente en cuarta posición.

En cabeza, un exultante Bruce McLaren se llevó una inesperada pero bienvenida victoria. El paso a los motores Cosworth le había sentado de maravilla a su coche y el neozelandés convirtió a McLaren en el segundo equipo en ganar con el laureado propulsor. El podio lo completaron Pedro Rodríguez en el BRM y Jacky Ickx en el superviviente Ferrari. Tras Stewart, Jackie Oliver fue quinto a pesar de haberse retirado a dos vueltas del final, mientras Lucien Bianchi se llevó el último punto en un Cooper privado. Bélgica vivió historia con la primera victoria del equipo McLaren, que tristemente fue la última para Bruce. También se vivió el primer podio de Ickx, destinado a convertirse en leyenda del automovilismo deportivo. Curiosamente, nunca lograría ganar un Gran Premio de Fórmula 1 en casa...