Lo complicado de la situación actual limita en gran medida las posibilidades de cada fabricante, más aún cuando se trata de proyectos de corto recorrido comercial o de coches que no pueden sostener sobre sus hombros el crecimiento de su propia firma.
Por ello, coches como el que acompaña estas línea, denominado Alfa Romeo Italia, hipotéticamente, son un ejemplo de lo que nos podemos estar perdiendo en Europa debido al rumbo eléctrico que hemos tomado, pero desde luego que es un recordatorio de lo que, en las manos correctas, una idea puede acabar resultando en una obra maestra que, en muchas ocasiones, es mejor de lo que hubiera sido capaz de crear la propia marca.
Obviamente, la galería superior está compuesta de recreaciones digitales, esta vez por parte del artista Simolude, quien cree que el resultado es lo suficienbtemente bueno como para nombrarlo Italia, con todo lo que ello conlleva. Desde luego, si fuera por mí sólo, tendría luz verde para ello.
Y es que teniendo en cuenta que ha partido de la idea del actual Giulia QV, pero llevándose el diseño a la parte más clásica de Alfa Romeo, siempre en clave moderna, y teniendo en cuenta que bajo su capó estaría el mismo V6 de 2,9 litros del Alfa Romeo Giulia combinado con un cambio manual, desde luego que tiene credenciales suficientes como para hacer uso de un nombre como Italia.
Su exterior está marcado por la presencia, en su frontal, de unos característicos faros redondos de firma lumínica completamente circular que recuerdan a los Junior y Giulia clásicos, mientras que la trasera se deja llevar más por las tendencias actuales y recurre a una barra de led que acompaña, por su parte baja, a un alerón de tipo cola de pato acabado en fibra de carbono, que pone el toque de agresividad justo junto a una doble salica de escape central dispuesta verticalmente.
No podían faltar unas llantas de tipo dial teléfonico ni tampoco el característico color Rosso Alfa para acabar de rematar la estampa, ni mucho menos el bisciones en su frontal. Todo esto, junto a unos prominentes aletas que envuelven tanto el eje delantero como el trasero, ofrece una estampa tan clásica como intimidante.
Abriendo (virtual e imaginativamente) la puerta del conductor para dar un salto a su interior, vemos que la fiesta clásica en clave moderna, prosigue. Aquí lo que ha hecho Simolude es tomar el cuadro de mandos digitial del Giulia QV y dotarlo de un clásico fondo blanco, mientras que las inserciones decorativas están acabadas en una acertadísima madera de poro abierto, con ese característico brillo mate. No hay una pantalla central que preside el salpicadero, cayendo ese peso visual hacia la palanca del cambio manual. Bajo mi modo de ver, es un espectáculo de interior.
Ver llegar algo así a producción es del todo imposible, así que tendremos que conformarnos con saber que Alfa Romeo ha vuelto a poner el Giulia QV a la venta, aunque sea a un precio muy superior al que acostumbraba, con el fin de tener viva a la marca.
Ojalá, acabando, algúna empresa carrocera italiana, como Touring Superleggera, hiciera caso a la idea de Simolude, tomando como vehículo donante un Giulia, algo parecido a lo que hizo en su momento con el Alfa Romeo Disco Volante, una obra de arte sobre ruedas que para nacer necesitana antes sacrificar a todo un Alfa 8C.










