Desde hace tiempo os venimos hablando de ello. Europa ya ha decidido que el diésel y la gasolina tienen los días contados, y ni tan siquiera la posibilidad de mantener un resquicio para la combustión interna más allá de 2035 – que tal y como os venimos contando y en los términos que se ha definido parece que seguirá siendo una prohibición tácita de diésel, gasolina e híbridos – evitarán que el único futuro para el automóvil sea eléctrico.
Mientras escribo estas líneas, en Bruselas se están abordando intensos debates que ya no tienen que ver sobre si habrá una prohibición definitiva de la combustión interna, sino de cómo se llevará esta a cabo. Pero Europa afronta problemas mucho más inmediatos y acuciantes.
Europa advierte de que vienen curvas, y que muy pronto nos podríamos encontrar con situaciones indeseables.
Europa advierte… se vienen curvas
Según la información a la que habría tenido acceso Bloomberg (vía Automotive News), de fuentes conocedoras de la materia, la Comisión Europea está preparando a ciudadanos y empresas para un escenario sumamente delicado: una escalada comercial con China que podría desembocar en represalias directas contra la economía europea. Bruselas considera que la relación comercial actual con Pekín ya no es sostenible y que ha llegado el momento de responder de forma más contundente a los desequilibrios existentes.
Durante una reunión celebrada a finales de mayo, altos responsables la Comisión Europea asumieron internamente que cualquier nueva medida restrictiva contra China provocará una respuesta por parte de Pekín. El propio comunicado posterior de la Comisión reconocía que la relación económica actual “no es sostenible” y que será necesaria una respuesta “más robusta y coherente”.
El concilio de mayo de la Unión Europea
El pasado 29 de mayo tuvo lugar una reunión a puerta cerrada en la que participaron los principales responsables políticos de la Unión Europea. El objetivo era analizar cuáles deberían ser los próximos pasos ante el creciente deterioro de las relaciones comerciales con China y las consecuencias que esto puede tener para la economía europea.
En ese encuentro se asumió que la opinión pública europea debe ser consciente de que las fricciones comerciales con China probablemente aumentarán en los próximos años. El debate ya no gira únicamente en torno a la competencia de los fabricantes chinos o a la llegada masiva de coches eléctricos procedentes de Asia, sino sobre la vulnerabilidad estratégica de Europa en sectores clave para su industria.
Miedo a China… y no solo a los coches chinos
La preocupación europea va mucho más allá del automóvil. Mario Draghi lleva meses alertando de que Europa corre el riesgo de sufrir una “lenta agonía” si no consigue reforzar su competitividad frente a Estados Unidos y China. Según el expresidente del Banco Central Europeo, el continente necesita inversiones adicionales de entre 700.000 y 800.000 millones de euros anuales para recuperar terreno tecnológico e industrial.
La dependencia europea de China afecta a sectores críticos como los semiconductores, las tierras raras, los imanes permanentes o numerosos componentes industriales. Bloomberg Economics estima que un corte de suministro de tierras raras chinas durante un año podría poner en riesgo alrededor de 4.400 millones de dólares de actividad económica mundial. Alemania aparece entre los países más expuestos, con industrias enteras que podrían paralizarse por falta de suministros.
La Unión Europea quiere tomar medidas…
Bruselas considera que uno de los principales problemas es el enorme volumen de ayudas públicas que reciben las empresas chinas. Entre 2005 y 2024, las compañías del gigante asiático habrían recibido hasta ocho veces más apoyo estatal que las empresas de los países de la OCDE, impulsando su crecimiento en sectores como el automóvil, la energía solar, el acero, el aluminio, la construcción naval o las telecomunicaciones.
La organización internacional calcula además que cerca del 60% de las ganancias de cuota de mercado global obtenidas por empresas chinas están relacionadas con estas subvenciones. En palabras de la OCDE, “al igual que el dopaje en el deporte”, existe el riesgo de que las ayudas permitan que actores menos productivos ganen terreno de forma injusta frente a empresas más innovadoras y eficientes.
… y la venganza de China sería inevitable
China ya ha advertido oficialmente de que responderá si Bruselas introduce nuevos instrumentos comerciales, aranceles o restricciones contra sus empresas. El Ministerio de Comercio chino aseguró que adoptará “contramedidas” y “medidas efectivas para salvaguardar sus propios intereses”.
Mientras tanto, las divisiones dentro de la propia Unión Europea siguen siendo importantes. Francia apuesta por endurecer las medidas frente a Pekín, mientras que Alemania teme perjudicar a uno de sus principales mercados de exportación. La ministra alemana de Economía, Katherina Reiche, resumía perfectamente el dilema europeo: “Tenemos un interés general en actuar cuando observamos prácticas injustas”, pero al mismo tiempo recordaba que Alemania “debe seguir siendo una nación orientada a la exportación”.
En el caso español – y aquí me mojo lanzando una posición más subjetiva – me atrevería a decir que existe bastante incertidumbre. En el conflicto de los aranceles a los automóviles eléctricos chinos España no se posicionó, escogiendo la abstención en el voto que decidía si debían establecerse, o no, unos aranceles que se definieron como resultado de una investigación sobre las posibles ayudas recibidas por la industria del automóvil china.
Pero sí es cierto que en los últimos meses España se ha acercado más que nunca a China, con encuentros y viajes oficiales, de altos representantes del Gobierno de España, incluyendo en abril una visita oficial de Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, que culminó con una reunión con Xi Jinping, Presidente de la República Popular de China.
España también está siendo el mercado que más se está beneficiando de las inversiones industriales que están haciendo los fabricantes de coches chinos en Europa, siendo la más reciente la anunciada por SAIC (el fabricante de MG), que producirá sus coches en Galicia.
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