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Nissan 370Z, a prueba (I)

Nissan 370Z, a prueba

Aunque el frío ya ha llegado, en Diariomotor no nos enfríamos ya que hemos probado para vosotros el impresionante Nissan 370Z. Este deportivo biplaza es el último de una saga que comenzó con el Datsun 240Z en los años 60. En su día inauguró una filosofía de deportividad asequible, con vehículos ligeros y de dinámica muy cuidada, lejos de los torpes muscle car americanos. Este filosofía apenas ha variado, y nos ha dejado máquinas para el recuerdo como el Nissan 300ZX o el reciente Nissan 350Z.

El último “Z” en ver la luz es el sucesor directo del Nissan 350Z, con el que comparte su disposición de motor delantero longitudinal, seis cilindros en V y tracción trasera. Su diseño es similar, pero no conviene llevarse a engaño, son dos desarrollos independientes con el único objetivo común de hacer que el conductor se lo pase en grande. También comparten una conexión muy directa con la máquina, sin interferencias electrónicas o automatismos que difuminen el verdadero placer de conducir.

Con respecto al Nissan 350Z, el 370Z es más musculoso en general, más americano si se me permite la licencia. Es un coche más corto con sólo 4.25 metros de longitud, más ancho con 1.85 metros y aún más bajo, sólo mide 1.31 metros desde el suelo hasta el techo. Es un coche más pasional y atrvido en su diseño, pero mantiene la filosofía atmosférica de motores. Bajo el capó late un 3.7 V6 de 328 CV - código interno VQ37VHR - que gana más de 15 CV sobre el 3.5 V6 del 350Z y algo más de par motor.

Al recoger la unidad de pruebas, uno de los detalles que me dejó sorprendido es su fecha de matriculación: verano de 2009 a juzgar por la matrícula y la documentación. En segundo lugar, el kilometraje: nada menos que 30.200 km en recogida. Son cifras bastante altas, pues hasta la fecha no había visto ninguna unidad de prensa con más de 9 meses o 16.000 km. Por una parte mejor, pues podemos analizar si 30.000 km de uso más que intenso han hecho mella en sus cualidades.

Un diseño que gira cabezas

Durante los días de los que dispuse del Nissan 370Z he provocado unas cuantas contracturas de cuello. Cada vez que pasábamos por una calle concurrida la silueta baja y el aspecto tan deportivo del Nissan nos ponía en el foco de todas las miradas. Su diseño está condicionado por la configuración del coche, función sobre forma podríamos pensar, pero Nissan ha dejado a sus diseñadores arriesgar en el envoltorio de este caramelo prestacional, con un resultado en mi opinión difícilmente mejorable.

Desde el frontal destacamos en primer lugar una mirada extremadamente agresiva, motivada por la forma del paragolpes delantero y los faros bixenón, que tienen forma de boomerang. Un capó muy largo se extiende hasta el habitáculo, con dos jorobas bien abultadas que podemos ver desde el asiento del conductor, otorgándonos una reconfortante sensación de control. El habitáculo comienza en la mitad del coche, y podríamos decir que vamos casi sentados sobre el eje trasero.

La superficie acristalada es muy pequeña, haciendo parecer que pilotamos un pequeño avión de tierra. Los tiradores de las puertas son plateados, y nada comunes en su segmento ya que están situados en el marco de la puerta. Pero si hay algo que capta las miradas son las llantas opcionales de nuestra unidad. Un modelo forjado firmado por Rays Engineering, con 19 pulgadas de diámetro y un diseño de infarto. En el eje trasero montan neumáticos de un impresionante calibre: 275 35/R19.

En la parte trasera la caída del techo recuerda a la de un Porsche 911, y muchos profanos me lo han comentado: “parece un Porsche por detrás” ha sido una frase muy oída. Es un tres puertas, con un gran portón del maletero con mucha superficie acristalada. Los pilotos traseros también son de tipo boomerang, en simetría con los delanteros. Dos salidas de escape de las que emana un delicioso sonido se ubican en el difusor, pintado del mismo color de la carrocería.

Detalles como un spoiler discreto en la tapa del maletero o intermitentes laterales con la letra “Z” escrita sobre la carcasa nos advierten de que estamos ante el segundo coche más prestacional y potente que Nissan nos ofrece. El Nissan GT-R está aún por encima, pero como podréis comprobar más adelante, las sensaciones a su volante no tienen que envidiar a Godzilla. Tras romper unos cuantos cuellos, nos sentamos en el habitáculo para comentaros nuestras impresiones.

Impresiones del habitáculo

Muy bajo, enfocado y con calidad

El Nissan 370Z es un deportivo biplaza, y no podría haber sido un 2+2 porque uno de los refuerzos estructurales del chasis pasa por detrás de los asientos – una barra horizontal plateada – invalidando el posible espacio. Lo primero que noto al sentarme es que voy muy bajo, apenas a 20 cm de mis “posaderas” está el áspero asfalto. Hay que tener cierta flexibilidad, y entrar con cuidado: en una ocasión por hacerlo con prisas reventé las costuras de mi pantalón en zonas delicadas. Verídico.

Consideraciones prácticas aparte, los asientos de cuero me han parecido de lo más agradable. Son mixtos de cuero y Alcantara, en una tonalidad casi naranja. No son asientos excesivamente grandes, de hecho para personas corpulentas van bastante ajustados a nivel de anchura del respaldo. Los pétalos laterales del asiento no son demasiado marcados, pero a la hora de la verdad nos sujetan bien. Ambos asientos tienen ajuste eléctrico longitudinal y de inclinación en el respaldo.

Sólo el asiento del conductor tiene regulación lumbar manual y ajuste en altura. A la hora de ajustar la columna de la dirección nos encontramos con un inconveniente: sólo es regulable en altura. El volante multifunción se desplaza junto a la instrumentación, pero de manera limitada. En mi caso la posición de conducción terminó por ser ideal, pero alguna persona podría no ir del todo cómoda. Son las típicas servidumbres de conducir un deportivo de verdad, que se nos olvidan al hundir el pedal derecho.

Pero aún no hemos llegado a encender el propulsor. Antes de repasar los controles, hablemos del espacio disponible. Con los ajustes del asiento ideales para mí lo cierto es que tengo más libertad de movimientos de la que pensaba. Al ir sentados muy bajos y estirados las rodillas no van a chocar con la consola central y tengo espacio de sobra para la cabeza a pesar de que aún puedo bajar más la altura del asiento. Mi brazo izquierdo va apoyado sobre la puerta, no tengo un reposabrazos para el derecho.

Ante mis ojos está la instrumentación del Nissan 370Z, similar a la del 350Z y comparable a la de las motos en cierto modo. El cuentavueltas preside la gran esfera central, junto a una pequeña pantalla LCD que me dice que marcha tengo engranada – lleva caja de cambios manual – y muestra la letra “S” en un lateral. Indica que tenemos activado el Syncro Rev Control, un punta tacón automático en reducciones, el primer vehículo manual en incluir esta ayuda a la conducción deportiva (desactivable).

El velocímetro está a la derecha, con una escala que llega a los 280 km/h y un calibrado que a 120 km/h hace que pensemos que vamos parados. Una pequeña pantalla LCD muestra el kilometraje total y parcial, lo típico. El tercer reloj, a la izquierda, aglutina los indicadores de temperatura del agua, nivel de combustible y una pantalla multifunción que muestra la información del ordenador de a bordo, y avisos como baja temperatura exterior o en su momento, los intervalos de mantenimiento.

La instrumentación no termina aquí, puesto que sobre la consola central hay tres relojes adicionales muy atractivos, orientados al conductor. La información que nos dan es hora, temperatura del aceite y voltaje de la batería. El salpicadero tiene buenos acabados y ajustes, con un plástico acolchado cubriéndolo en su parte superior visible. La consola central y parte del túnel de la transmisión están recubiertos de un material sintético imitación de cuero. Las puertas están forradas en Alcantara, igual que en los asientos.

Siendo quisquillosos a más no poder, el asidero de las puertas debería estar rodeado de otro material, pues vamos a ensuciar o dañar el material por el uso a largo plazo (es hilar demasiado fino). Las puertas llevan los típicos controles de elevalunas eléctricos y ajuste de retrovisores. En su parte inferior cabe una botella de medio litro en un hueco diseñado al efecto. Si nos fijamos, podemos encontrar algún plástico duro poco atractivo, por ejemplo recubriendo el pilar A.

Repasamos ahora la consola central, dominada por una pantalla TFT de 7.0 pulgadas en la que se muestra la información de infoentretenimiento. Flanqueada por dos salidas de climatización, tiene una buena visibilidad y en su parte inferior se acumula un buen número de botones de control, que por fortuna tienen un uso sencillo e intuitivo. El climatizador automático monozona y unos pocos controles más para el audio se ubican bajo esta pantalla. Todos están a mano y no tenemos que estirarnos, aunque puede que sí quitar la vista de la carretera.

La palanca de cambios es corta, y está muy cerca de nuestra mano derecha. Finalizando este repaso al habitáculo, hacemos referencia a los huecos en los que podemos dejar nuestras pertenencias. En primer lugar, la llave del coche se ubica en un hueco a la izquierda de la dirección, aunque con tenerla encima es suficiente, el arranque es inteligente y se hace por botón. En el túnel de la transmisión tenemos un receptáculo para una botella o vaso de café grande.

Un pequeño compartimento entre los asientos sirve para dejar móvil, llaves y demás pertenencias del estilo. No es todo, tras los asientos hay dos bandejas forradas en las que podemos dejar una chaqueta, un bolso o la compra, si es escasa. Tras el asiento del copiloto hay una pequeña portezuela donde se guarda la documentación y manual del coche. En general no tiene demasiados huecos donde dejar cosas, pero hay que tener en cuenta que no es un monovolúmen o un compacto.

La practicidad es destacable para ser un deportivo de pura cepa, pero tiene sus limitaciones lógicamente.

Maletero pequeño

El maletero del Nissan 370Z sólo tiene 235 litros de capacidad, es bastante pequeño. La razón fundamental es que el diferencial trasero, la suspensión y los refuerzos del chasis condicionan su forma y profundidad. Son 235 litros de formas irregulares – aunque fondo plano – y escasa profundidad. Aún así, es suficiente para el equipaje de dos personas. Está cubierto por una funda cubremaletero extensible y extraíble del coche. Bajo la misma está el subwoofer del equipo de sonido Bose, un kit antipinchazos y alguna herramienta.

La boca de carga está alta y hay un buen salto desde el borde de carga hasta el piso del maletero propiamente dicho. En el lateral del maletero hay ganchos en los que sujetar bolsas o amarrar cinchas. Y esto es todo por hoy, permaneced atentos porque mañana encendemos el motor 3.7 V6 de 328 CV de potencia y aceleramos a fondo. No os lo perdáis.

Nissan 370Z, a prueba

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