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Utilitarios

11 MIN

Mini Cooper S, a prueba (II)

En la primera parte de la prueba del Mini Cooper S os hablamos sobre su diseño, chic, elegante y deportivo a partes perfectamente proporcionadas. También os comentamos impresiones de su habitáculo, que a pesar de tener un diseño de capricho y es poco espacioso en sus plazas traseras y tiene algunos materiales impropios de un utilitario premium de más de 26.000€. El maletero también es pequeño, pero reconocemos que cuando vemos el coche o lo conducimos, estos fallos se olvidan muy rápidamente.

El repaso técnico comienza por sus dimensiones. Es uno de los utilitarios más pequeños del mercado, sin entrar en el segmento de urbanos. Mide 3.73 metros de longitud, 1.68 metros de ancho y 1.41 metros de altura. A pesar de no ser un coche ancho tiene un ancho de vías importante hablando en términos relativos: 1.453 mm en el eje delantero. La batalla de 2.467 mm es correcta para su tamaño, y contribuye a un comportamiento extremadamente ágil y entregado en tramos revirados.

No es un utilitario especialmente ligero, aunque teniendo en cuenta el cambio automático, refuerzos importantes en chasis y un tren de rodaje deportivo los 1.240 kg que pesa tampoco son para asustarse. La pieza más interesante de todo el conjunto es el explosivo motor 1.6 THP. Es un cuatro cilindros de 1.598 cc montado en posición delantera transversal. Tiene inyección directa de combustible, alzado variable de válvulas, sobrealimentación por turbocompresor e intercooler.

En su primera evolución entregaba 177 CV, pero para 2010 Mini lo empujó hasta los actuales 184 CV a 5.500 rpm. Su par máximo no es espectacular, son 240 Nm, pero constantes entre las 1.600 y las 5.000 rpm. El motor tiene una función de overboost que se activa durante unos segundos cuando hundimos a fondo el pedal del acelerador. Si la presión de soplado del turbo habitualmente es de unos 0.8 bares aumenta aproximadamente hasta 1 bar, y el par máximo recibe un empujón hasta los 260 Nm.

Nuestro Mini viene equipado con una caja de cambios Steptronic de seis relaciones. Es una caja automática de convertidor de par, hubiese preferido un manual, pero lo cierto es que he quedado bastante contento de su funcionamiento general. Las prestaciones de nuestro pequeño cohete son un 0 a 100 km/h en 7.2 segundos y una velocidad punta de 223 km/h. El consumo medio homologado es de 6.4 l/100 km (5.8 l/100 km en manual), pero la realidad siempre supera con creces a la ficción.

El consumo urbano es de 8.9 l/100 km y el consumo en ciclo extraurbano es de 5.0 l/100 km. Repito, son datos de ficha. Realmente, un gasolina turbo prestacional va a superar estos datos con creces en el mundo real. Sus emisiones de dióxido de carbono son de 149 g/km, por lo que se queda en el tramo del 4.75% de I.M. El Mini Cooper S lleva suspensión independiente en las cuatro ruedas, esquema McPherson delantero y paralelogramo deformable trasero. La receta del éxito dinámico.

Los discos de freno son ventilados de 294 mm en el eje delantero y macizos de 259 mm en el eje trasero. Nuestra unidad montaba llantas de 17 pulgadas con neumáticos Continental ContiSportContact 3 en medidas 205/45 R17. Más tarde os hablaré de mis impresiones sobre estas gomas. El depósito de combustible tiene una capacidad de 50 litros, pero en condiciones reales, la autonomía no os va a superar los 600 km porque es imposible no querer pisar el acelerador a todas horas.

Análisis dinámico

Un utilitario chic en la ciudad

Aunque sea un deportivo rabioso de 184 CV que se muere por devorar curvas, la ciudad es uno de sus territorios favoritos. En los semáforos atrae todas las miradas, por su genial combinación de color y extras y también por su sonido. Nadie se espera que un amigable Mini tenga un sonido ronco y profundo al ralentí. Arrancarlo en el garaje es toda una experiencia, si ya de por sí el escape está diseñado para resonar, la amplificación del edificio produce una acústica que nos pone los pelos de punta.

Con un tamaño tan compacto, se mueve por el tráfico sin problema alguno. Lo que sí es cierto es que vamos sentados bastante cerca del suelo, por lo que nuestra visibilidad del tráfico circundante puede ser algo inferior a la de un utilitario más alto. Nuestra unidad venía dotada con suspensión deportiva. Con este extra, es necesario resaltar que los baches se dejan sentir mucho en el habitáculo. Es una suspensión muy firme, con poco recorrido y seca: conviene evitar los baches/tapas de alcantarilla.

Ya que nuestro coche estaba cargado de extras también pudimos comprobar la efectividad de los sensores de aparcamiento. Sólo lleva sensores traseros, pero además del aviso acústico, las ondas de radar dibujan en la pantalla central la distancia que tenemos hasta el obstáculo, permitiendo un mejor ajuste. Aunque haya comentado que la suspensión resulta seca en ciudad, una de cal y una de arena, el cambio automático es nuestro mejor aliado para los atascos de las grandes ciudades como Madrid.

Tiene poco resbalamiento, cambia de marchas rápidamente y no nos cansa el pie izquierdo, que apoyamos en un reposapies de aluminio. El motor tiene un brío increíble y si queremos salir rápido de un semáforo tenemos la certeza de que el 95% de los coches que nos rodea no nos va a poder dar alcance y colarse antes que nosotros. A pesar de ir circulando en posición relativamente baja, los pilares de la carrocería son de tamaño correcto y las superficies acristaladas de tamaño regular: es decir, vemos bien del coche hacia fuera.

Los consumos en ciclo urbano son elevados, normalmente en torno a los 10 l/100 km, de hecho, hemos medido 10.5 l/100 km. Esto se debe al cambio automático y un motor turboalimentado diseñado con las prestaciones en mente.

Fuera de lugar en autopista

Al Mini Cooper S le gustan las carreteras secundarias con curvas, pero aún así le han caído de nuestra parte más de 1.000 km exclusivamente de autopista. Con la entradilla no me refiero a que no sea capaz de circular por autopista, pero no se le vé cómodo. En primer lugar, la sonoridad dentro del habitáculo es bastante elevada. A 130 km/h de marcador hay que levantar mucho la voz y subir el volumen del equipo de sonido, principalmente por un marcado ruido de rodadura.

A 120 km/h de marcador el motor gira a casi 3.000 rpm, en una zona cómoda. El ruido del motor no se filtra a los ocupantes, pero si vamos sentados en las plazas traseras el escape nos resuena bastante y no es demasiado fácil comunicarse con los pasajeros de los asientos delanteros. Ahora bien, a pesar de estas pequeñas inconveniencias, es un coche que rueda plantado y muy seguro, y aunque en mi caso la espalda terminó resentida, puede hacer sin problemas viajes largos.

Siempre que el firme esté en buen estado. En mi querida Asturias hay algunas autopistas con juntas de dilatación muy marcadas o rotas. Pasar por encima es un buen palo para los riñones, sobretodo si ya llevas 450 km a tus espaldas y has tenido que soportar hora y media de atasco al salir de Madrid. El cambio de marchas siempre nos llevará en sexta marcha, sólo reduciendo en pendientes marcadas a menos de 100 km/h o cuando pedimos respuesta para adelantar.

En reducción la caja es relativamente lenta, pero una vez estamos en cuarta el motor empieza a aclararse la voz y empuja con fuerza en adelantamientos fulgurantes que dejan atrás a cualquiera, francamente. En cuanto a los consumos, a 130 km/h de control de crucero y con dos puertos de montaña en el camino por carreteras secundarias el consumo de gasolina ha sido de 7.5 l/100 km. Si vamos a 100 km/h intentando hacer consumos podemos lograr unos 6 l/100 km aproximadamente.

No obstante, por alguna razón que desconozco, el coche ofrece poca sensación de velocidad y si no llevamos el control de velocidad activado terminaremos conduciendo a más de 140 km/h creyendo firmemente que no vamos a más de 120 km/h.

Como un kart en curvas

Tenía que comprobar de primera mano si el Mini Cooper S es tan dinámico como lo pintaban, así que procedí a conducir por las mejores carreteras reviradas que Asturias tiene para ofrecerme. Afronto uno de mis tramos favoritos y decido poner el modo Sport en la caja de cambios, con lo que los cambios suceden a más rpm y podemos estirar las marchas todo lo que la electrónica permite (unas 6.500 rpm). Además, he seleccionado el modo Sport para el control dinámico de estabilidad (DSC).

La secuencia de la diversión

Con este modo Sport la respuesta del acelerador es más instantánea, y el control de estabilidad permite deslizamientos sin llegar a pérdidas de control o trompos. El tacto de la dirección no varía, sigue siendo tan directa como siempre. Comienzo a enlazar curvas y en primer lugar quedo prendado del tacto del motor. Sube de vueltas con agilidad, empuja con una fuerza inusitada para su par motor y tiene un sonido ronco que provoca verdadera adicción. No quieres que baje de 4.000 rpm.

Incita a pisar el acelerador y pronto me encuentro redondeando curvas a un ritmo elevado, pegado al asiento mientras el sonido del turbo comienza a ser más audible y adictivo. La dirección cumple su trabajo con una puesta a punto muy directa y precisa, aunque se echa de menos más feedback al conductor en un coche pasional como el Mini Cooper S. Sorprende que los balanceos de carrocería son muy limitados. El coche va pegado al asfalto y el agarre de los neumáticos Continental es muy alto. Permite un paso por curva de verdadera altura, al nivel de deportivos mucho más caros.

Intento sacar las cosquillas al coche y aprieto algo más. Su comportamiento apurando las jugadas es muy poco subvirador, casi parece que vaya sobre raíles, como si de un kart crecido se tratase. En una bajada muy revirada y bacheada la zaga se me insinúa y el DSC permite un ligero deslizamiento a corregir con un pequeño contravolante. Es un coche que transmite la conducción a su piloto, que resulta divertido y del que te bajas con una gran sonrisa marcada en tu cara.

Ya estamos enganchados a su dinámica, tanto para acelerar y recuperar como para la frenada, donde los frenos se muestran precisos y con un mordiente firme. Hemos llegado a provocar el típico olor a freno quemado tras un uso intenso, pero a pesar de ello no ha mostrado signos de fading. Si queremos, podemos desconectar el control de estabilidad al completo, pero es cuando deberíamos recordar que tenemos que tener muy buenas manos para controlar al límite un utilitario de casi 200 CV.

Y tener presente, que aunque el agarre de los ContiSportContact 3 es fantástico, es empezar a rechinar y el coche marcharse sin remisión. Sí que interesa quitar el control de estabilidad cuando queremos “tirar de gancho” en alguna horquilla muy cerrada para evitar el subviraje, o de lo contrario el DSC nos dejará clavados. Sobre la caja de cambios automática, lo cierto es que mis expectativas eran relativamente bajas, pero me ha terminado por parecer afinada y rápida.

En conducción ágil los cambios de marcha en modo secuencial resultan muy rápidos, apropiados para el carácter del coche. Aún así, si me lo permitís, un coche como el Mini Cooper S debería llevar una caja de cambios manual como Dios manda. El extra que sí que resulta imprescindible en mi opinión es la suspensión deportiva, con la que podemos sentir con precisión todas las piedrecillas que van pisando los neumáticos. No obstante, requiere de firme en buen estado.

Muchas carreteras asturianas reviradas (algunas tramos del rally Príncipe de Asturias) tienen un firme en mal estado y los baches resultan incómodos, además de que lleva neumáticos de perfil bajo. En una conducción así podemos ver consumos superiores a los 15 l/100 km, pero la satisfacción de comprobar como el coche se mete en las curvas como alma que lleva el diablo y la diversión que nos llevamos tras una tarde de conducción merecen pagar cada litro de gasolina consumido.

En la próxima entrega, precio, equipamiento y rivales.

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