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Mini Cooper S, a prueba (I)

Mini Cooper S, a prueba

Seguimos acomodándonos a 2011 con una prueba interesante que realizamos hace unos meses. Se trata del Mini Cooper S, el estandarte dinámico y prestacional de los Mini de BMW, sin irnos a los exclusivos y radicales John Cooper Works. Nuestra unidad de pruebas la recogíamos en Madrid con apenas 1.500 km en el odómetro, prácticamente terminando su rodaje. Se trataba de un Mini Coupé cargado de extras y equipado con la caja de cambios automática Steptronic de seis relaciones.

El Mini de BMW está en su segunda generación, pero con respecto al Mini de Sir Alec Issigonis diseñado en los años 50 (el mayor éxito de la industria automovilística británica) aún comparte elementos como la tracción delantera, la forma de la calandra o los faros delanteros redondeados. En tamaño no hay comparación, el Morris Mini Minor medía apenas tres metros de longitud y el Mini de hoy en día mide 3.73 metros. Pero en diversión de conducción no se ha perdido el carácter de los primeros Cooper, os lo aseguro.

Desde su lanzamiento en 2001 de la mano de BMW - aunque el diseño preliminar y estudios habían sido cosa de la difunta Rover cuando BMW era su dueña – el Mini ha estrenado la moda por lo retro en los utilitarios y urbanos, que ha sido seguida por el Fiat 500 principalmente con gran éxito. En 2009 se alcanzaban las 1.500.000 unidades producidas, residiendo como clave de su éxito un acertado diseño, elevadas calidades y ese toque chic-premium que tan bien sabe transmitir a crítica y público.

La unidad que hemos podido probar es un Cooper S. Es el modelo de 2009, con el mismo motor 1.6 THP de 184 CV - desarrollado junto al Grupo PSA Peugeot/Citroën – del actual Cooper S, pero un aspecto ligeramente diferente. De hecho, el lavado de cara ya estaba a la venta en el momento de hacer la prueba. A todos los efectos, salvo ligeros maquillajes exteriores nada cambia en cuanto a impresiones de habitabilidad o comportamiento dinámico. Dicho sea, procedamos a la prueba.

Amor a primera vista

Hay que reconocerlo, el Mini Cooper S es un coche que enamora al verlo, y más si es una unidad cargada de extras como las luces largas redondeadas en plena calandra o vinilos longitudinales de carrocería. Puede que los profanos no se den cuenta, pero en su capó, hay una gran toma de aire para el motor que nos indica que estamos ante el Cooper S, una máquina realmente seria. Si me permite, el diseño frontal antes del lavado de cara es ligeramente más bonito que ahora, una apreciación personal.

La filosofía Mini se basa en la personalización y el detallismo. Por ejemplo, en las aletas delanteras hay un pequeño emblema cromado con la letra S emblazonada. Las llantas de 17 pulgadas son opcionales, con un diseño bastante común en los Mini que podemos ver por la calle. Nuestra unidad equipa retrovisores cromados, y el color gris de la carrocería contrasta de manera elegante con el techo y pilares, de color negro. Es la mezcla perfecta de elegancia y deportividad.

Todo es completamente personalizable, por lo que podemos hacernos un coche casi completamente a medida. En la parte trasera de este icono británico – se fabrica en Cambridge – con raíces alemanas encuentro las que posiblemente sean las luces más bonitas de su segmento, siempre rodeadas de un elegante toque cromado. Dos tubos de escape de dimensiones generosas asoman por debajo del paragolpes en posición central. Amenazantes, destilan deportividad.

Un último detalle que quizá no habéis advertido, entre los motivos por los que el Mini Cooper S parece tan deportivo está la casi ausencia de voladizos, tanto delanteros como traseros. El coche parece muy plantado – y lo está – y estable. Aunque apenas tenga voladizo delantero, el motor turboalimentado de 184 CV de gasolina va montado en posición delantera transversal, accionando las ruedas delanteras.

Un interior pequeño, pero de capricho

Plazas delanteras

El Mini Cooper S que BMW Ibérica nos cedió durante unos días estaba cargado de extras, pero ello no impide analizar a fondo el interior de este utilitario premium. Nos sentamos en el asiento del conductor. Está tapizado en un cuero rojo de alta calidad. Es correcto en cuanto a espacio para un persona de mi talla (1.83 m) y tiene unos apoyos laterales bien marcados, así como firmes. Cuenta con regulación en altura y regulación lumbar manual.

A pesar de ello, me han resultado algo incómodos, aunque no por el espacio disponible, que es suficiente. Tras unos 400 km en el coche la espalda se me comenzaba a resentir. El interior del Mini destaca por el amplio regusto retro. El velocímetro está ubicado en posición central y ante nosotros sólo está un pequeño cuentarrevoluciones que se mueve junto a la columna de dirección. El volante es regulable en altura y profundidad, y por tanto podemos colocarlo cómodamente para la mejor ergonomía posible.

Las puertas no tienen marco, es un cuatro plazas estricto y si lo unimos a que vamos sentados bastante bajos – más que en la práctica totalidad de utilitarios – tenemos la sensación de que vamos a pilotar un auténtico coupé. Las puertas están terminadas en un plástico agradable y cuentan con un altavoz integrado a media altura. Los tiradores son de plástico, no de metal. En los huecos portaobjetos hay un pequeño hueco para sujetar una botella de medio litro, en la práctica acaba tumbándose.

El reloj cuentarrevoluciones integra también el display LCD del ordenador de viaje, con las funciones habituales. Se maneja mediante un botón ubicado en las palancas tras el volante y también puede mostrar la velocidad, mucho más cómodo que tener que desviar la vista de la carretera al reloj central. Con fondo blanco, está retroiluminado en color naranja. El volante deportivo está forrado en cuero, es multifunción y tiene dos levas en su parte trasera para el funcionamiento secuencial del cambio.

Antes de proseguir, hablemos de calidades. El Mini siempre se ha reputado por tener unos interiores de calidad y gran diseño. Los materiales empleados son muy satisfactorios a la vista, pero no tanto al tacto. La parte superior del salpicadero está terminada en plástico gomoso muy correcto, pero el resto de piezas sin apenas excepción son plástico duro. Este material está bien ajustado entre sí, no hay bordes cortantes y nada cruje al pasar por los baches, evidenciando una construcción sólida.

Ahora bien, se podrían haber esmerado más en zonas como la que rodea el freno de mano, donde está el control principal del sistema de infotainment. Es una zona de plástico oscuro de poca calidad, que incluso se mueve de manera clara si la empujamos. Ya que vamos a rondar el control con asiduidad, debería haberse cuidado más el acabado. No hay muchas quejas adicionales, los acabados Piano Black del salpicadero son preciosos pero un imán para las partículas de polvo.

Las salidas de ventilación tienen un gran tacto, así como los botones ubicados bajo la consola central y en el techo. También hemos probado un Audi A1 recientemente, y hay que reconocer que el Audi es bastante superior en cuanto a acabados y materiales interiores, sin duda alguna. Seguimos contando todo sobre el interior. La consola central está presidida por el gigantesco reloj del velocímetro – literalmente tan grande como una sartén – en cuyo centro está la pantalla del sistema de infotainment.

Esta pantalla sólo la tendremos si seleccionamos en el catálogo de opciones el sistema de navegación Business. El problema del tamaño del velocímetro es que es complicado de un vistazo ver con precisión la velocidad. La forma anula la función en parte. Bajo la “paellera” están los mandos del climatizador, monozona y automático. Si observamos su aspecto, imita al logotipo de Mini, un detalle curioso. Aún más abajo, están los interruptores de los elevalunas y otros controles como la luneta térmica.

No es la ubicación más cómoda, pero son de metal y quedan francamente pintones. La palanca de cambios precede a un freno de mano convencional y el mando del sistema de infotainment, un iDrive si me permitís la licencia. Tras la palanca de cambios hay un hueco para portavasos y cenicero. Bajo la consola central, un pequeño espacio para dejar cartera o llaves y la toma USB para el equipo de audio. La guantera está iluminada y tiene un tamaño correcto, no se queda corta.

Plazas traseras pequeñas

El Mini homologa cuatro plazas, y tiene cuatro plazas estrictas. Acceder a las mismas no resulta demasiado complicado, los asientos delanteros se desplazan generosamente y tienen memoria de posición. Aunque en las plazas delanteras no teníamos problemas de espacio, en las plazas traseras tenemos la cabeza muy cerca de los laterales si somos un poco altos. En cuanto a espacio para hombros, al haber sólo dos personas sentadas no hay problema alguno.

Lo cierto es que desde estas plazas resuena mucho el escape, y hay que levantar la voz para hablar con los pasajeros de las plazas delanteras. En los pilares B están las principales luces del pack de iluminación opcional de nuestra unidad. Hay luces en las puertas y en el plafón de techo junto al techo panorámico. A la pulsación de un botón la iluminación cambia de tonalidad. Personalmente me quedo con una iluminación azul, más relajante que las de color naranja o lila disponibles.

Quizá el mayor problema de las plazas traseras es el espacio limitado para las rodillas de los pasajeros. Si los pasajeros delanteros son altos y queremos ir sentados detrás casi seguramente vamos a estar incómodos porque nuestras rodillas van a pegar contra el respaldo. El Mini es un coche con unas plazas traseras pequeñas, de las delanteras no se tiene queja.

Maletero

El Mini Cooper S tiene uno de los maleteros más pequeños de su segmento, con 160 litros de capacidad. Sólo algunos urbanos pueden tener menos capacidad. La boca de carga no es alta, pero aún así el salto entre esta y el espacio de carga es considerable. Una redecilla cubre unos triángulos de emergencia y el botiquín en el suelo. Nuestra unidad montaba un pequeño extintor en el maletero, imagino que por ser una unidad de prueba, por pura precaución en caso de accidente o sobrecalentamiento.

Abatiendo los asientos traseros ya tenemos 680 litros de capacidad, pero la superficie de carga resultante no es plana. Bajo el piso del maletero no encontramos la típica rueda de repuesto, pues no lleva. A cambio tenemos algunas herramientas para levantar el coche y el típico kit antipinchazos, al que ya he mostrado mi rechazo.

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