Chevrolet Captiva 2.2 VCDI 163 CV LT, a prueba (II)

 |  @davidvillarreal  | 

Tras haber desgranado algunos de los detalles acerca del exterior y el habitáculo del remozado Chevrolet Captiva, llega el momento de accionar el contacto y comprobar las aptitudes en carretera, y fuera de esta, del todocamino compacto de General Motors. Un SUV que se comercializa con motores diésel y gasolina de entre 163 y 184 CV, tracción delantera o a las cuatro ruedas y transmisión manual o automática.

Nosotros tuvimos ocasión de probar un Chevrolet Captiva 2.2 turbodiésel de 163 CV y tracción delantera. Recordemos que en el segmento del SUV compacto la combinación de tracción delantera y mecánica diésel sigue siendo una de las más solicitadas. Sin ir más lejos por su buena relación entre precio, consumos y prestaciones, a mi parecer esta es la opción más recomendable dentro de la gama Chevrolet Captiva. Con la excepción de aquel que esté buscando un todocamino automático, dado que la transmisión automática sólo se ofrece con el mismo motor diésel de 2.2 litros pero en el escalón superior de 184 CV.

Chevrolet Captiva 2.2 VCDI 163 CV: diésel y tracción delantera

La diferencia entre el 2.2 VCDI de 163 y 184 CV es que este último cuenta con tracción total.

El motor diésel de 2.2 litros es una opción equilibrada y adecuada para sus dimensiones y peso. En este caso la diferencia entre el propulsor de 163 CV y el de 184 CV no radica tanto en sus prestaciones (apenas varían) sino en el hecho de que este último sólo esté disponible con tracción a las cuatro ruedas y el primero, el mismo de nuestra prueba, con tracción delantera. Casi marginal podría considerarse en nuestro mercado la alternativa de gasolina de 2.4 litros y 167 CV con unos consumos razonablemente altos.

En nuestra prueba del Chevrolet Orlando ya tuvimos ocasión de probar el motor 2.0 VCDI de 163 CV que también se hubiera antojado como una opción recomendable para el Chevrolet Captiva. No obstante considerando la diferencia de pesos entre uno y otro los consumos es probable que apenas hubiesen variado.

El Chevrolet Captiva 2.2 VCDI LT ofrece 163 CV a 3.800 rpm y un par máximo de 350 Nm a tan sólo 2.000 rpm. Su aceleración en el 0 a 100 km/h es de 9,9 segundos.

Consumo: el 2.2 VCDI la opción más ahorradora y recomendable para el Chevrolet Captiva

El 2.2 VCDI de 163 CV homologa en ciclo mixto 6.6 litros/100 km. A 120 km/h de marcador obtuvimos un consumo de 6.9 litros/100 km.

Sobre el papel el Chevrolet Captiva 2.2 VCDI de 163 CV homologa un consumo combinado de 6,6 litros. Pese a su tracción delantera son dos décimas por encima del consumo en ciclo mixto del 2.2 VCDI de 184 CV y tracción total, que pese a compartir el mismo bloque de 2.231 cm3 y doble árbol de levas, ha recibido unos ajustes diferentes en la electrónica que le garantizan esos 21 CV extra. La tracción total funciona bajo demanda, es decir, en condiciones normales funcionaría como un tracción delantera y sólo reparte al eje trasero en una relación de hasta un máximo del 50:50 cuando se producen pérdidas de tracción sobre el eje anterior, por ejemplo en superficies deslizantes.

Nuestro recorrido de prueba de consumos transcurrió en autovía, con poco tráfico y alrededor de 80 kilómetros en terreno llano compensado (aproximadamente 40 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta). A 120 km/h de marcador y unos 112 km/h de velocidad media nuestro consumo fue de 6,9 litros. Recordemos que nuestra unidad de pruebas contaba con cambio manual de seis relaciones. Calzaba las llantas de serie de 17” y neumáticos Hankook Dynapro HP 235/60 específicos para vehículos SUV.

Según ficha de homologación el Chevrolet Captiva 2.2 VCDI de 163 CV emite 175 g/km de CO2 y consume 8,5 litros/100 km en ciclo urbano, 5,5 litros/100 km en ciclo extraurbano y 6,6 litros/100 km en ciclo mixto. Con lo cual los 6,9 litros/100 km de nuestra prueba no están nada lejos de los homologados en ciclo mixto y son razonables para un vehículo de su peso y tamaño.

Transmisión Manual. Única opción para el 2.2 VCDI de 163 CV

El cambio manual de seis velocidades del Chevrolet Captiva me resultó preciso pero un tanto duro e incómodo, especialmente en la conducción urbana que requiere cambiar de marchas continuamente. Es por eso que la alternativa más confortable, obviamente, es la transmisión automática. Por contra los consumos del cambio automático son significativamente mayores homologando en ciclo mixto 7,7 litros/100 kilómetros (+1,3 litros/100 kilómetros respecto al manual).

Suspensiones, amortiguación y dirección asistida eléctrica

El tarado de las suspensiones está más preparado para las irregularidades del campo que para la carretera. La sonoridad en marcha es aceptable para su tamaño.

Dada su altura y lo aparatoso de su carrocería los balanceos en curva me resultaron normales y ligeramente más acusados que en otros todocaminos compactos que para hacer justicia también son más cortos y ligeros. El tarado de las suspensiones peca de ser un tanto blando, lo cual es una ventaja a la hora de sobrepasar las irregularidades de la carretera y sobretodo a la hora de lidiar con pistas forestales y campo. Definitivamente el Chevrolet Captiva está pensado para moverse por terrenos cortados, empedrados y con muchos baches sin rompernos la espalda ni el trasero.

La dirección asistida electrónicamente transmite menos de lo que hubiéramos deseado y es muy artificial incluso contando con un sistema que ajusta el tacto de la dirección según la velocidad a la que circulamos. No obstante es muy cómoda en todo tipo de condiciones, incluso en el ámbito urbano. El diámetro de giro entre bordillos del Chevrolet Captiva es de 11,87 metros, sólo 20 centímetros por encima de un todocamino más pequeño y compacto como el Ford Kuga.

La sonoridad en marcha es aceptable. El aislamiento acústico del motor está bien trabajado y tan sólo el ruido aerodinámico es un poco elevado por el tamaño de su carrocería y de sus retrovisores. Un pequeño defecto que comparte con la mayoría de cuantos vehículos todocamino hayamos probado.

El Chevrolet Captiva en conducción campera todoterreno

No cuenta con reductora pero sí con asistente de arranque en pendiente y control de descenso de pendientes.

La presencia de plásticos que protegen la carrocería en los bajos y la defensa frontal, por cierto, demasiado bajos y cercanos al suelo, así como la ausencia de rueda de repuesto (contaba tan sólo con un kit antipinchazos) fueron suficientemente disuasorios como para atreverme a sortear rutas todoterreno complejas. Para las que, por otra parte, el Chevrolet Captiva no habría sido pensado y menos aún esta unidad de pruebas de tracción delantera.

No cuenta con reductora pero sí con asistente de arranque en pendiente que siempre puede ser de gran ayuda en el campo para subir una cuesta complicada y control de descenso de pendientes. Al soltar el acelerador mantiene durante segundo y medio el freno de mano (con accionamiento eléctrico desde un botón en la consola central) para evitar el retroceso.

He de decir que respondió razonablemente bien a las situaciones campestres habituales a las que se podría enfrentar un vehículo como el Chevrolet Captiva: hendiduras en el firme, obstáculos, subidas en terrenos deslizantes con ataques pronunciados y demás.

El próximo día les ofrecemos la tercera y última entrega de esta, nuestra prueba del Chevrolet Captiva 2.2 VCDI 163 CV LT.

En Diariomotor: Chevrolet Captiva, Cambios en el Chevrolet Captiva 2011 | Interior del Chevrolet Captiva

Lee a continuación: Chevrolet Captiva 2.2 VCDI 163 CV LT, a prueba (I)

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