Gran Premio de Hungría. La electrónica, a prueba en Hungaroring

 |  @josetellaetxe  | 

Las altas temperaturas que está sufriendo Hungaroring y pueden poner mañana su asfalto como una sartén al fuego durante la carrera, van a tener una fuerte incidencia en el comportamiento y fiabilidad de los monoplazas que participan en el Gran Premio de Hungría, y no tanto por su implicación directa en el rendimiento de los compuestos y en la supervivencia de partes mecánicas como el propio motor o los frenos que necesitarán una conveniente refrigeración, circunstancia para las que en mayor o menor medida, las escuderías ya están preparadas ya que el grueso del calendario oficial de Fórmula 1 se disputa en condiciones calurosas.

Como sabemos, las modernas unidades de potencia son un conjunto híbrido que consta de una parte que es propiamente el motor turbo y dos elementos de recuperación de energía aledaños que son los que suministran la potencia «verde», es decir, la que no depende de la combustión. Los dos ERS (Energy Recovery Systems) que se denominan MGU-H —encargado de aprovechar el calor proviniente del motor— y MGU-K —encargado a su vez de hacer lo propio con la energía cinética resultante de las frenadas—, precisan de contenedores (pilas) y de un elaborado tendido de cableado y centralitas que permitirán posteriormente que la electricidad se traslade al suelo convertida en caballos de potencia.

Además, para que el propulsor híbrido funcione adecuadamente, se hace necesaria la intervención de los brake by wire, sistemas de frenado montados en el eje trasero que están dando bastantes quebraderos de cabeza a ingenieros y pilotos…

La electrónica manda en la actual Fórmula 1 y está presente como protagonista indiscutible en la mayoría de elementos que integran un monoplaza. Así, sensores, emisores, receptores, antenas, cables convencionales o de fibra óptica, pilas, componentes necesarios para el funcionamiento de la unidad de potencia, como hemos comentado antes, etcétera, conviven con el piloto alrededor del habitáculo, el depósito y el motor, formando un complejo escenario que produce calor y es muy sensible al calor externo, pero que precisa mantenerse en condiciones óptimas para que la necesaria transferencia de información sea posible.

En este sentido, un vehículo de Fórmula 1 no parece a priori el entorno más adecuado para favorecer esa convivencia ya que los dieñadores, por necesidades aerodinámicas, tienden a aprovechar hasta el último milímetro disponible, de manera que los coches resultan un ámbito muy delicado ante situaciones de calor extremo como el que ofrece este fin de semana Hungaroring en el que además, la baja velocidad de circulación no va a ayudar en nada a la refrigeración de las partes internas y la duración de la prueba (70 vueltas), hará que el tiempo de exposición a las altas temperaturas se prolongue quizás en exceso.

 

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