El dilema del Gobierno y el diésel

David Villarreal  |  @davidvillarreal  | 
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El último año ha sido especialmente delicado para el diésel. Desde que el gasóleo se convirtiera en el enemigo número de la opinión pública, coincidiendo con el escándalo de las emisiones, no habíamos asistido a una situación en la que se produjeran tantos pronunciamientos en su contra, ni tampoco un debate tan extendido acerca del asunto. Muchas administraciones públicas, incluido el Gobierno y sus ministerios, se han posicionado en el debate del diésel. Y eso nos ha llevado inexorablemente a una posición incómoda para cualquier gobernante, el dilema del Gobierno y el diésel.

De "los días contados del diésel" a "tienen mucho que decir"

El verano pasado escuchábamos una frase lapidaria, por quién la profería, y por el mensaje transmitido. La ministra de Transición Ecológica afirmaba que "el diésel tiene los días contados". Aquella frase, que no admitía discusión alguna, sentenciaba al gasóleo y evitaba algo tan importante como abrir un debate acerca de la idoneidad del diésel.

En vez de preguntarnos si tiene sentido que sigamos utilizando motores diésel en coches pequeños, para hacer pocos kilómetros, o qué hacer con los diésel más antiguos que aún encontramos en nuestras carreteras, nos estábamos preguntando hasta cuándo podríamos seguir conduciendo vehículos con motores diésel.

El Gobierno ha pasado del mensaje de "el diésel tiene los días contados" al "tienen mucho que decir", evitando hablar del fin del motor de combustión interna

El debate del fin de los diésel y la gasolina

Aquella reflexión generó controversia, la indignación del sector del automóvil, y enormes dudas entre los compradores. El eterno debate acerca de adquirir diésel o gasolina, que en menor o mayor medida siempre había existido, y que tenía que ver con factores económicos, o gustos personales, se había zanjado de golpe. Las preguntas que más hemos escuchado desde ese día tenían que ver con aspectos como, qué hacer con el diésel que tengo el garaje, o qué sucederá con mi coches si me compro un diésel.

La industria del automóvil ha alertado de las consecuencias que podría tener, para la producción de automóviles en España, y en el mercado. Y de hecho se ha acusado a esa frase, además de otras situaciones que se han dado más tarde, del descenso de las ventas que se ha producido en los últimos años.

Más tarde llegaría la filtración del borrador de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que ya ponía plazos a la prohibición de la venta del diésel, e incluso la gasolina, y su circulación. Un borrador que por supuesto jamás salió adelante y que, pese a plantear plazos muy holgados, y quizás incluso acordes con lo que se debe estudiar para una transición energética que no solo es deseable, sino también necesaria, lo único que hizo fue acrecentar el problema inicial.

Un debate técnico condicionado por la política

Los acontecimientos de los últimos días constatan aún más el dilema del Gobierno, con la ministra de Industria reconociendo que los motores de combustión interna, el diésel y la gasolina, "todavía tienen mucho que decir". El posicionamiento actual no solo se explica como un intento por contentar a una industria, sino también por frenar una situación indeseable, y dañina, para una de las principales industrias del país, y un motor de la economía española, que mantiene miles de empleos.

La situación política plantea un dilema no menos importante para el Gobierno, que había hallado en la subida de impuestos al diésel uno de los puntos clave de sus presupuestos, para generar la recaudación necesaria para llevar a cabo un importante paquete de inversiones públicas. Sin los presupuestos, la subida de impuestos al diésel queda únicamente relegada a ser una medida altamente impopular. Sin los presupuestos, virtualmente el país entra en campaña electoral. Y un debate que debería tratarse desde el rigor técnico, acaba desvirtuado por la situación política.

El dilema del Gobierno se hace aún más patente con la presentación de la denominada Agenda del Cambio, en la que ya no figuran plazos, ni se habla del fin del motor de combustión interna, el diésel, y la gasolina, sino de promocionar tecnologías como el coche eléctrico.

El debate y los dilemas no han acabado, y en los próximos años asistiremos a cambios profundos que pondrán a prueba nuestra economía, el ámbito político, y nuestras sociedades

El debate no ha terminado. El dilema del Gobierno seguirá abierto, y seguirá siendo el dilema de los sucesivos gobernantes, y de las administraciones públicas en toda su extensión. Los próximos años asistiremos a cambios profundos, en los que el coche eléctrico, o el fin del motor de combustión interna, no es más que la punta del iceberg. Cambios profundos que pondrán a prueba nuestra economía, el ámbito político, y nuestras sociedades.

Lee a continuación: La subida de impuestos al diésel no es su mayor problema

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