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Superdeportivos

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Prueba BMW M5 Competition: no hay carreteras...

Es legal circular con esta máquina por carretera abierta, pero los superpoderes que despliega me hacen dudar si debería serlo

David G.Artés | 3 Oct 2021
Bmw M5 Competition Portada
Bmw M5 Competition Portada

Después de probar el BMW M5 Competition y digerir torbellino de emociones que despierta este coche, creo que la principal conclusión que puedo sacar es que, simplemente, no hay carreteras para usarlo. Su formato nos muestra una berlina de carácter familiar con 5 plazas, un buen maletero y una estética relativamente discreta pero, en realidad, se trata de un vehículo de circuito que se puede usar legalmente en carretera abierta no sé muy bien porqué... te cuento.

Recojo el M5 en el cuartel general de BMW Ibérica, Avenida de Burgos. Bajo al sótano, me acerco al coche entre las sombras del parking y se encienden las luces interiores y exteriores. Esto va a ser especial. Acomodo mi pequeño equipaje y accedo al interior, donde me espera un asiento ultra-deportivo con más reglajes eléctricos de los que puedo contar, así que tardo mucho en encontrar mi postura de conducción. Estoy seguro de que después, ya en marcha, tendré que ajustarla de nuevo pero arranco ya porque no puedo esperar.

El rugido del motor 5.0 V8 entra muy amortiguado en la cabina. Se percibe su tono bronco y profundo, pero a lo lejos. Sabes que te estás haciendo viejo cuando no echas en falta más sonido de motor y escape en un coche. Yo no lo echo de menos. Acabo de cumplir 46.

Sabes que te estás haciendo viejo cuando no echas en falta más sonido de motor y escape en un coche

Salgo del parking como si el coche fuera de cristal, intentando alejarlo de todas las columnas y de todos los bordillos. No estoy tranquilo, a pesar de los ¿cientos? de coches que he probado, este no es uno más. Mi subconsciente sabe que voy a los mandos de una máquina de 200.000 € y 5 metros de largo y esa es una sensación de riesgo que no voy a perder del todo en ningún momento a lo largo de la semana que tengo por delante con este M5.

Se hace la luz fuera del parking. Voy en el modo más cómodo y suave que tiene el coche para suspensiones, acelerador, caja de cambios y tracción 4x4 pero, incluso así, me parece un coche brusco. El acelerador es muy sensible, el embrague algo seco (incluso maniobrando) y los frenos carbono-cerámicos son difíciles de dosificar a baja velocidad, porque tienden a parar el coche en seco si vas por debajo de 30 km/h al mínimo roce del pedal. Aparcar suavemente este coche es un arte.

El interior tiene la calidad del mejor Serie 5 (altísima) y todo el equipamiento imaginable. Fin del interior, vamos a lo que importa.

Salgo de Madrid y me espera un viaje de 600 km por autopista. El coche es bastante silencioso a velocidad constante porque está bien aislado y porque el motor gira a un régimen ridículo a velocidad legal, por tanto se puede viajar en él sin sufrir, al menos sobre el asfalto perfecto de la A6. Lo que no me termina de convencer es el asiento, que me provoca dolor de espalda al cabo de las horas por más que mueva las regulaciones lumbares. Está hecho para sujetarte muy bien el cuerpo, pero en largas distancias me temo que somos incompatibles.

Ya sabéis, la diferencia entre un niño y un hombre es el precio de los juguetes

El consumo en autopista ronda los 10 l/100 km con el programador de velocidad activo y a velocidad estrictamente legal. Puedes bajar alguna décima, pero al salir del peaje no es posible evitar un pisotón al acelerador que te catapulte de nuevo a la velocidad de crucero, con lo que vuelves a subir la media. Ya sabéis, la diferencia entre un niño y un hombre es el precio de los juguetes. Pero volvamos a ese pisotón y entremos de lleno en sensaciones.

Cuando me subo al M5, ya en el garaje de mi casa, es uno de esos coches que me producen una sensación particular en el estómago. Sé que conducirlo es especial, sé que voy a llamar la atención por la calle, que desde fuera hace mucho ruido y que cuando el tráfico se despeje tiene mucho que ofrecer a mis sentidos. También sé que cualquier entusiasta del motor pagaría por estar donde yo estoy, y siento cierta responsabilidad también por este privilegio.

Arrancas el motor y los faros láser iluminan la pared del garaje, mientras el V8 retumba por todo el edificio (dejas la puerta abierta para oírlo despertar). Cierras, te aislas un poco y sales de la plaza como quien saca un caballo de carreras de su establo. A partir de ahí sólo quieres salir de la ciudad y separarte del tráfico, todo el mundo parece ir muy lento ahí fuera y este coche pide espacio para estirar las piernas, porque en autopista no tiene mucho sentido, salvo que quieras acabar en la cárcel, y en ciudad todavía menos. Pide carretera.


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BMW M5 Competition y la primera ley de Newton

PRIMERA LEY DE NEWTON, ley de inercia: todo cuerpo tiende a mantenerse inmóvil o en movimiento rectilíneo uniforme salvo que sobre él actúe una fuerza externa.

Llegas a tu carretera de referencia, esa que siempre está vacía y que te da la oportunidad de ver qué te transmite el coche. Pisar a fondo desde cero es una locura y el cero a cien en 3,3 segundos me parece incluso mucho tiempo. La sensación es violenta, incluso mareante, y casi puedes sentir los cuatro neumáticos buscando tracción mientras los ojos se te hunden en las cuencas... en un instante vas a velocidad ilegal, así que tienes que centrar tu atención en unos pocos segundos de aceleración antes de levantar el pie. Las rectas desaparecen y las curvas se toman con una precisión quirúrgica aunque, eso sí, se percibe que el coche es algo pesado. A pesar de que el agarre parece infinito, estilo Porsche Taycan, sí que sientes que la masa quiere seguir recta y la ingeniería la inscribe en el carril. Un M4 es más ágil y divertido sin percibirse mucho más lento, salvo en aceleración pura.

Es la primera ley de Newton la que invita tozudamente al coche a seguir en línea recta, por mucho que el chasis sea más que capaz de meterlo donde tú quieres. El coche nunca se va, mientras no hagas ninguna tontería, pero sientes en tus manos y en tu cuerpo que hay muchos kilos intentando salirse por la tangente. Dentro de su infinito aplomo, percibes que los neumáticos lo están dando todo para amarrar el coche al suelo y cambiar de dirección.

También es la primera ley de Newton la que intenta, sin éxito, que sea difícil acelerarlo y frenarlo en línea recta, pero vamos con eso ahora.

BMW M5 Competition y la segunda ley de Newton

SEGUNDA LEY DE NEWTON, masa e inercia son sinónimos: la aceleración de un cuerpo es proporcional a la fuerza externa que actúa sobre él e inversamente proporcional a su masa.

Llega el momento de hacer un launch-control. No puedes tener este coche una semana y no hacer un launch-control, iría contra los principios básicos del periodismo, así que no me queda más remedio que llevarlo a cabo. El mecanismo es complejo y el coche tiene que estar en un determinado modo de conducción extremo para darse por aludido de que lo vas a lanzar. Tras varios intentos y varias consultas a Google (lo reconozco, no era capaz) finalmente consigo alinear los astros y extraer todo el potencial de tracción y potencia salvaje que ofrece este animal indómito.

La sensación de aceleración es muy superior a la de un avión en despegue

Hay una fracción de segundo en la que el coche se pone en movimiento de forma aún no-violenta, tal vez una o dos décimas, como mucho, pero cuando está todo engranado para transmitir la potencia al asfalto es cuando se abren las puertas del infierno. La tracción total es tenaz y tiene la capacidad colosal de transmitir todo el par disponible a cada rueda, catapultando el coche hacia el horizonte como si no hubiera un mañana mientras el motor llega al corte casi al instante y mete violentamente la siguiente marcha. La sensación de aceleración es muy superior a la de un avión en despegue y si lo pruebas con pasajeros lo más probable es que se produzcan instantes de pánico. Sólo el conductor disfruta porque sabe lo que está haciendo, mientras los demás intentan agarrarse a algo para preservar sus vidas, de forma instintiva.

Es la segunda ley de Newton la que nos dice que la aceleración es proporcional a la fuerza e inversamente proporcional a la masa que queremos acelerar. En este caso la masa es muy grande y el coche debería ser lento, pero la fuerza es de tan colosal que proyecta el coche como si fuera una canica.

Si en aceleración funciona como una catapulta salvaje, en frenada es tal vez aún más contundente. Los frenos carbono-cerámicos tienen dos cualidades esenciales en un coche de este calibre: potencia infinita y nulo agotamiento. Eso sí, en mi opinión este nivel de frenado sólo tiene sentido en circuito, donde unos frenos convencionales irían perdiendo potencia en cada vuelta, pero en carretera abierta me parece imposible que puedas llegar a sacarles partido de verdad, sobre todo si pensamos en el coste que añaden (son de serie, pero van en el precio) y lo brusco que es el pedal cuando intentamos utilizar el M5 "como si fuera un coche normal".

De nuevo la masa debería darnos distancias de frenado prolongadas, pero la potencia de frenado es tan abrumadora que la masa del coche y sus ocupantes parece tender a cero.


BMW M5 Competition y la tercera ley de Newton

TERCERA LEY DE NEWTON, ley de acción-reacción: si el cuerpo A ejerce una fuerza sobre el cuerpo B, el cuerpo B ejerce una fuerza igual pero opuesta sobre el cuerpo A.

La sensación de ir pegado al asiento en aceleración, sujeto por los pétalos laterales en curva y empujando el reposapié izquierdo con todas tus fuerzas en frenadas es el estado natural del "piloto" de esta máquina en carreteras vacías. Cuando el asiento te empuja hacia adelante, tu cuerpo empuja el asiento hacia atrás con la misma intensidad y por eso te aprietas contra el respaldo, generando esa sensación mágica de cohete despegando. Personalmente, disfruto de todas esas fuerzas g que van y vienen, que voy controlando y dosificando, pero llega un momento en que es física y mentalmente agotador. La carretera tiene unos límites legales, otros posibles usuarios e imprevistos que se pueden producir en un momento dado y conducir no es un juego.

El coche te pide más y más, pero el cerebro te pide cordura. Efectivamente, me hago mayor.

No hay carreteras

Tras convivir con el BMW M5 Competition durante una semana y utilizarlo como mi coche particular en grandes viajes y pequeños desplazamientos, llego a la misma conclusión a la que he llegado con otros superdeportivos: todos soñamos en algún momento con un coche así, porque soñar es gratis e idealiza las cosas, pero en el mundo real no hay carreteras para desplegar los 625 CV de potencia de este coche, ni para exprimir su velocidad de paso por curva ni para frenar con la violencia de sus increíbles frenos.

Un coche con esta patada de aceleración te mete en velocidades ilegales en menos de 4 segundos, estés donde estés e incluso arrancando desde parado. Si vas en movimiento, tal vez tengas uno o dos segundos de margen para entrar en tramos de pérdida de puntos y otros dos para convertir tu acción en delito penal. Al final tienes que escoger entre esas microdosis de potencia salvaje que hay que cortar de inmediato o circular a 2,5 veces la velocidad permitida y jugarte a los dados la posibilidad de una detención policial.

Llamadme viejo, pero yo no estoy para jugarme el carnet y el futuro por pisar a fondo un segundo más de la cuenta y ver lo que se siente, y desde luego no me voy a jugar un atropello o un accidente por falta de responsabilidad y cabeza fría al volante.

Todo lo cual nos devuelve al circuito, el hábitat natural y el único lugar en el que este coche cobra verdadero sentido.

Es un coche maravilloso, pero no hay carreteras.