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Híbridos enchufables

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Primera toma de contacto con los BMW X4 M Competition y X3 xDrive30e: pasión irracional y eficiencia cara

Javier López | @jlopezbryan96 | 16 Mar 2022
Prueba Bmw X4 M Competition Bmw X3 Xdrive30e 2
Prueba Bmw X4 M Competition Bmw X3 Xdrive30e 2

Jueves, 10:30 de la mañana. El día y hora indicados por BMW España para reunir a la prensa con motivo de probar a la renovada gama de los BMW X3 y X4. Dos viejos conocidos que se actualizan levemente en estética y tecnología para convertirse en la razón de esta presentación. Llego a las instalaciones de la firma bávara aquí en Madrid y llaman mi atención dos coches en concreto: el BMX X4 M Competition rematado en Sao Paulo Yellow y un BMW X3 xDrive30e menos llamativo pero, a priori, más interesante. O lo que es lo mismo, pasión irracional y eficiencia cara. Dejad que explique estas dos conclusiones.

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Pasión irracional, el BMW X4 M Competition que corre mucho pero sin demasiado sentido

Una vez encandilado por los dos unidades allí presentes me apresuro en reservarlas antes de que me las quiten. La ida hacia Rascafría la abordo con el X4 M Competition. Me acomodo en sus confortables y envolventes asientos y acciono el botón rojo para arrancarlo, que ahora se encuentra en la consola central. El seis en línea me saluda con un grotesco rugido haciendo alusión a que llevaba demasiadas horas dormitando.

Los primeros metros los recorro repasando la información recopilada sobre el SUV de BMW: lleva el mismo motor que los nuevos M3 y M4, es decir, un seis cilindros en línea de 3.0 litros sobrealimentado por turbo que rinde 510 CV y 650 Nm de par. El 0 a 100 lo dinamita en 3,8 segundos y la velocidad punta puede ascender hasta los 280 km/h con el M Drivers Package. Cifras más propias de un superdeportivo que de un SUV coupé de 2.085 kilos.

Un poco de ciudad y rápidamente accedo a la autopista, donde una primera incorporación me permitiría comprobar cuánto de cierto hay en las cifras declaradas por el X4 M Competition. Con el modo Confort aún seleccionado, hundo el pedal derecho para entrar en una desértica autopista. Me pega al asiento con vehemencia y violencia, dejándome claro que no debería dudar de sus capacidades a la par que veo cómo con tremenda facilidad es posible superar la velocidad legal de la vía.

"Está bien, el primer asalto lo gana el BMW X4 M Competition, pero luego veremos qué tal se bate entre curva y curva", pienso para mis adentros mientras me centro en aprovechar los kilómetros de autopista para descubrir su lado más amigable. El SUV alemán está bien aislado en su variante más radical, los asientos son cómodos y permiten numerosos ajustes, y contamos con una alta carga tecnológica. Pero es duro, excesivamente duro.

Miedo me da engranar el modo Sport+ con el que la dureza de la suspensión se intensifica. Y es que en Confort el X4 M Competition deja latente su carácter y, al mismo tiempo su sinsentido. Bien es cierto que un vehículo capaz de alcanzar dichas cifras requiere de una puesta a punto que lo respalde y que permita que todo suceda como es debido. La suspensión cumple bien con su trabajo, pero es seca y dura en exceso, y se hace notar aún más con las llantas de 21 pulgadas que calzaba la unidad de pruebas, transmitiendo las irregularidades del asfalto al habitáculo con diligencia.

No le encuentro el punto a tal tardado de la suspensión a un coche que si bien no es inconducible, se asienta en un segmento que se supone que es perfectamente válido para el día a día. Pero no quiero precipitarme con mis conclusiones, así que tomo la salida hacia El Vellón ansioso por descubrir de qué es capaz el X4 M Competition, sus 510 CV, su puesta a punto dura hasta la saciedad y sus más de dos toneladas de peso.

Acciono el modo Sport+, la ZF de 8 velocidades reduce dos marchas de golpe y el cantar del seis cilindros alcanza notas mucho más agudas e intensas. El GPS dibuja una sinuosa carretera de curvas a la vez que una sonrisa en mi cara. La dirección es rápida y precisa como pocas de las que he probado en un SUV, siendo tan solo superada bajo mi criterio por la del Alfa Romeo Stelvio. Me permite colocar al X4 M Competition donde quiero, así como tener el peso adecuado eliminando esa sensación de flotabilidad que tienen muchas. Sin embargo, echo en falta un grado más de comunicación para que me parezca perfecta y para hacerme conocedor de dónde tengo el límite de adherencia.

La suspensión es incluso más dura, haciendo que el coche sea rebotón en los cambios de apoyo y en cada bache que aborda. Decido entonces recurrir al menú individual del selector de modos de conducción y dejar todo en Sport+ salvo la dureza de la suspensión, que la rebajo un grado. El X4 M Competition sigue siendo incómodo, duro y seco, pero se han mermado los rebotes. Las inercias de la carrocería, propias de un SUV de más de 2.000 kilos, no hacen casi acto de presencia, dejando un paso por curva rápido y eficaz que sorprende y mucho.

El seis cilindros es lineal y progresivo en los primeros compases del tacómetro, pero rápidamente saca un carácter explosivo y rabioso. La caja de cambios de 8 relaciones y tipo convertidor de par acompasa a la perfección al motor con unos cambios rápidos tanto en subida como en bajada, incluso ofreciendo un modo manual de verdad de la buena en la que no cambia bajo ningún concepto si nosotros no lo demandamos. Además, podemos regular la velocidad de los cambios por medio de un botón que se encuentra en el propio selector de marchas.

Pero cuando un coche de 2.085 kilos es capaz de rozar los 300 km/h es necesaria una gran potencia de frenado. El BMW X4 M Competition frena mucho, pero se nota el peso y el esfuerzo que hacen estos para aminorar la velocidad antes de enlazar la siguiente curva. Las pinzas muerden con contundencia, pero el tacto del pedal de freno resulta algo esponjoso y la fatiga está garantizada después de un buen empache de curvas.

Finalizo el trayecto de ida y me paro a sacar una serie de conclusiones: el BMW X4 M Competition es un SUV que corre muchísimo, pero el concepto en sí me parece innecesario. Es duro en exceso hasta el punto de resultar incómodo en según qué carreteras, incluso en una conducción urbana. A esto debemos sumarle un precio final de 120.400 euros, lo que provoca que me decantes por el paso previo, el BMW X4 M40i.

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Eficiencia cara, el BMW X3 xDrive30e que lo hace todo con amabilidad y cariño pero a cambio de un alto precio

Tras la rueda de prensa toca poner fin a la presentación de BMW y es el turno de conocer al BMW X3 híbrido enchufable, variante que se esconde tras la denominación xDrive30e. La vuelta es mucho más sosegada y relajada que la ida, más que nada porque en sus primeros metros el X3 PHEV no emite ni un solo ruido.

Esto es posible gracias al maridaje de un motor de cuatro cilindros y 2.0 litros turbo con un propulsor eléctrico que permite que la potencia total ascienda hasta los 292 CV y 420 Nm de par. Gracias a una batería de 11,2 kWh de capacidad neta, el X3 xDrive30e puede recorrer en modo eléctrico un total de 49 kilómetros según el ciclo WLTP. Por desgracia, este dato no lo pude corroborar debido a que el coche ya tenía la batería casi agotada debido al trayecto de ida.

Sea como fuere, me enfrasco en el mismo recorrido pero a los mandos de un BMW mucho más sosegado y amigable. El rodar a los mandos del 30e es suave y tranquilo. Su suspensión controla bien los balanceos de la carrocería pero no es dura en exceso. La dirección, por el contrario, es demasiado ligera para mi gusto y no informa de absolutamente nada de lo que sucede en el asfalto.

Sin embargo, ese no es el objetivo del X3 xDrive30e, el cual busca permitirnos ahorrar combustible, disfrutar de la etiqueta CERO de la DGT y hacer recorridos calmados. Pero esto no quita que sea un coche que también corre, ofreciendo un empuje es contundente. Y es que el cuatro cilindros del X3 tiene cierto regusto explosivo que se encuentra impulsado por el lado eléctrico, ofreciendo aceleraciones más fulgurantes de lo que uno puede imaginar.

Al fin de cuentas estamos hablando de un coche de prácticamente 300 CV, pero el paso por curva está lejos del de un BMW M. Aunque la suspensión retiene bien los balanceos e inercias sin pecar de ser dura o seca, el X3 xDrive30e no es preciso debido a una dirección poco comunicativa y un carácter global mucho más tranquilo pese a sus prestaciones.

No es algo que debamos contemplar como algo negativo, ya que no es la misión de esta variante del SUV alemán. Donde sí reluce es en autopista, territorio en el que muestra un rodar cómodo y fino, una buena insonorización acentuada por la posibilidad de circular en modo híbrido. Además, nos seguimos encontrando con materiales de primera calidad y con la última tecnología de la firma bávara, lo que dulcifica el conjunto.

¿El problema? Los 65.700 euros que pide BMW por el X3 xDrive30e, cifra que se antoja elevada frente a su competencia más directa, la cual no se aleja demasiado ni en equipamiento, ni en prestaciones ni en calidades.

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