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Utilitarios

8 MIN

Ya hemos probado el coche que todo el mundo idolatra, y las conclusiones no son las que esperas

Javier López | @jlopezbryan96 | 19 Jun 2022
Prueba Toyota Gr Yaris  3
Prueba Toyota Gr Yaris  3

"Es una maravilla", "Increíble lo que ha hecho la gente de Toyota", "Este coche se va a convertir en todo un clásico..." Esas eran las frases que escuchaba y escucho acerca del Toyota GR Yaris, un coche que desde su nacimiento ha cautivado a muchos y que ha generado tal expectación que necesitaba saber por qué. Acompañadme hoy en la prueba del Toyota GR Yaris y dejad que os explique los motivos de por qué no me ha entusiasmado pese a haberme gustado.

Para contextualizar esta prueba a modo relato debo remontarme a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa. Un telefonazo de mi compañero y amigo Juanma es claro indicio de que los días de descanso llegan a su fin y la vuelta al ruedo es inminente. "¿Te apetece pasártelo bien esta semana?" -me dice Juanma al mismo tiempo que una sonrisa se dibuja a fuego en mi rostro- "Pues acércate mañana a Toyota, que hay un GR Yaris esperándote."

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El Toyota GR Yaris, un coche que me ha gustado pero no me ha entusiasmado

Llego a las instalaciones de la firma japonesa no sin intentar disipar cualquier prejuicio que llevase conmigo acerca del Toyota GR Yaris. Firmo los papeles típicos de una cesión de prensa y bajo al garaje. Allí me encuentro con dos unidades del utilitario guerrillero y acciono el mando para descubrir cuál sería la que me acompañaría durante la semana. El haz de luz que emite el coche me desvela a una unidad rematada en blanco -la otra opción era un GR Yaris rojo- arropada por el Circuit Pack.

Admiro su diseño antes de subirme: pasos de ruedas ensanchados, una abrupta defensa que deja ver el intercooler, llantas de 18 pulgadas aligeradas, una doble salida de escape... Un sinfín de detalles que, a priori, prometen. Me subo no sin miedo a encontrarme con una posición de conducción demasiado alta. Respiro tranquilo tras percatarme de que con el asiento para mi posición no me da esa sensación, pero sí es cierto que el espacio es justo, especialmente para personas altas como es mi caso -mido 1.90-.

Tengo también una toma de contacto inicial con su habitáculo. El plástico duro es predominante, pero los ajustes no son malos. La posición de la pantalla de 8 pulgadas me parece algo molesta ya que, pese a estar al alcance de la mano sin implicar demasiadas distracciones, obstruye algo la visión. Pero todo esto es secundario en un coche como el Toyota GR Yaris, en el que incluso cualquier ornamentación o elemento superfluo puede eliminarse sin echarlo en falta.

Pero basta de contemplaciones. Piso un cada vez menos común pedal del embrague y acciono el botón de encendido. La fría mañana pasa factura y el tres cilindros tarda un poco en arrancar, pero ahí está. No os voy a engañar, pero su sonido falso emitido por los altavoces me decepciona, aunque pasa a un segundo plano en cuanto engrano primera y noto un tacto de la caja de cambios exquisito. Quiero Rock and Roll, quiero salsa picante, quiero un coche con mala leche. Y parece que el GR Yaris me va a dar todo eso pero, ¿realmente será así?

La realidad del Toyota GR Yaris

Abandono las instalaciones de Toyota y no tardo demasiado en abandonar también la bulliciosa Madrid con el tráfico reincorporado tras la vuelta de Semana Santa. Me quiero perder con el GR Yaris y quiero que me quite toda gana de volver a casa. Así que en busca de saber si el utilitario japonés me va a dar dichas sensaciones acudo a mi carretera de montaña de confianza.

Un lunes por la mañana con todo el mundo recién llegado de sus vacaciones es el contexto ideal para exprimir al que promete ser el heredero de los Subaru Impreza, Lancia Delta y Audi Quattro. Engrano primera y no dudo ni un segundo en hundir el pedal derecho a la vez que suelto el embrague sin piedad. El Yaris no se inmuta y sale disparado.

El sonido no acompaña de ninguna de las maneras y es algo que no le puedo perdonar a Toyota cuando otros motores tricilíndricos del mercado suenan mucho mejor, incluso con filtros antipartículas como el que equipa el Ford Fiesta ST. Intento que no me obsesione la banda sonora y centro mis esfuerzos en descubrir por qué es tan bueno este coche, o al menos por qué lo pintan así.

No sonará bien, pero cómo empuja el tres cilindros del GR Yaris. Además es un motor de la vieja escuela pese a su configuración que tanto escepticismo genera. Se trata de un propulsor de 1.6 litros turbo tricilíndrico. Sí, tricilíndrico. Y sí, desarrolla 261 CV -aunque las malas lenguas y las pruebas en banco dicen que más- y 360 Nm de par.

Digo que es de la vieja escuela porque el turbo no está presente en los primeros compases del tacómetro. Y es que este no saluda hasta bien entradas las 3.000/3.500 revoluciones, donde también se entrega el par máximo. El empuje es realmente contundente a partir de dicho momento, cuando el GR Yaris te deja pegado al asiento y te hace pensar en que realmente ofrezca más potencia de la declarada.

Todo este torrente de potencia se gestiona por medio de una caja de cambios manual de seis velocidades que, para mí, es perfecta. Buena posición, recorridos cortos, tacto mecánico... La función de punta-tacón automático es realmente buena, pero quiero ser yo quien ejecute toda orden, así lo que desactivo después de comprobar su buen hacer.

La posición de los pedales es idónea para realizarlo, pero me acuerdo de las palabras de mi compañero David Clavero cuando le pregunté por este coche y me dijo que el espacio en el interior era algo justo. No le faltaba razón. Pero quiero seguir conociendo al GR Yaris sin prejuicios.

Llega el primer enlazado de curvas rápidas. Reduzco dos marchas propinando el correspondiente golpe de gas para dejar al tres cilindros en la zona media del cuenta-vueltas, donde más cómodo se siente. Es ahí donde la dirección me deja sensaciones agridulces. Es directa, tiene el peso adecuado y transmite bien, pero me falta un punto más de comunicación para saber qué pasa exactamente bajo las ruedas.

Además empiezo la casa por el tejado y engrano directamente el modo Track, en el que se reparte la fuerza del motor de una manera equivalente entre ambos ejes: 50:50. La precisión es inmediata y siento como el GR Yaris ni se inmuta entre curva y curva, dejando una sensación de agarre y seguridad despampanante. Pero echo en falta un punto más de mala leche.

Decido acoplar entonces el modo Sport mediante el cual el utilitario japonés envía un 70% de fuerza al eje posterior. Aquí ya puedo empezar a buscarle las cosquillas al Yaris, que se insinúa levemente en las curvas y me permite redondearlas, digamos, más a mi gusto y no con tanta finura y delicadeza como con el modo Track, pensado este último, como bien su nombre indica, para circuito.

Pero no es hasta que acudo a una pista de tierra cuando empiezo a pasármelo realmente bien con el Toyota GR Yaris. Selecciono de nuevo el modo Track, desconecto todas las ayudas electrónicas y vuelvo a  arremeter sin piedad contra el acelerador al mismo tiempo que suelto con vehemencia el embrague. Las ruedas patinan y observo a través del espejo retrovisor cómo emana una nube de polvo tras de mí y siento como una sonrisa se dibuja a fuego en mi rostro de manera autómata.

Salgo disparado como un cohete y no tardo demasiado en llegar a la primera curva. Suelto gas, doy un golpe de volante y el Yaris se pone de lado sin dificultades. El coche me obliga a pelearme con él, me enseña a que no debo subestimarlo y a no tomármelo a la ligera cuando entramos realmente en su hábitat natural. Pese a ello, dosificando el acelerador y jugando correctamente con la dirección es fácil guiar al GR Yaris por el sitio.

Tras un buen empache de tierra, curvas y derrapes, decido parar unos minutos para dejar descansar al juguete de Toyota y a sacar conclusiones. Es un coche que corre mucho y que corre muy bien; es un coche que trae un concepto bajo el brazo que llevaba años sin dejarse ver en el mercado; es un coche preciso como pocos; es un coche que engancha, pero que no logra enamorarme.

¿Por qué no logra enamorarme el Toyota GR Yaris?

Lo cierto es que encuentro en él un conjunto demasiado perfecto, y esa es la principal razón por la que el Toyota GR Yaris no me enamora. Sus límites están muy altos y hace todo sumamente bien, obligándome a ir a una pista de tierra y desconectar todo para verdaderamente disfrutar de este coche.

¿Me gastaría los 40.550 euros que pide Toyota por él? Sin duda, pero no sería un coche que, por puro sentimentalismo, tendría en el garaje toda la vida. Y es que a veces no se trata de tener un coche perfecto en todo y que se comporte como un bisturí, sino un coche que te dibuje una sonrisa todos los días y en todo tipo de uso. Y eso, muy a mi pesar, no lo consigue el GR Yaris, o al menos no lo ha conseguido conmigo.

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A continuación os dejamos el vídeo de la prueba del Toyota GR Yaris que preparó nuestro compañero Sergio Álvarez a finales de 2020:

Vídeo destacado del Toyota Yaris