Jeep Compass 2.2 CRD 4×2 Limited Plus 136 CV, a prueba (II)

 |  @sergioalvarez88  | 

En la primera parte de la prueba del Jeep Compass os hemos estado hablando del habitáculo de este SUV. Es el único Jeep sin grandes capacidades off-road, pero a cambio es más pequeño que sus hermanos, consume menos combustible y es más apto para el día a día. Su habitáculo es suficientemente amplio para cuatro personas y tiene un maletero con altavoces que podemos orientar hacia fuera y animar las fiestas, aunque también es cierto que hay algunos fallos de ergonomía y los acabados son mejorables.

El Jeep Compass mide 4,45 metros de longitud, 1,81 metros de ancho y 1,72 metros de alto. Más alto de la media, tiene una batalla de 2.635 mm y en el caso de la versión de tracción delantera y caja de cambios manual, pesa 1.639 kg: de nuevo, es más pesado que la mayor parte de rivales 4×2. El motor que mueve al Compass es el conocido 2.1 turbodiésel de origen Mercedes-Benz, aunque comercializado bajo la denominación 2.2 CRD. Emplea turbo de geometría variable, intercooler y filtro de partículas.

Su potencia máxima es de unos respetables 136 CV entre las 3.800 y las 4.200 rpm y su par máximo alcanza los 320 Nm, constantes entre las 1.400 y las 2.800 rpm. El motor mueve las ruedas delanteras a través de una caja de cambios manual de seis relaciones. Acelera de 0 a 100 km/h en 11,5 segundos y tiene una velocidad punta de 201 km/h. En cuanto al consumo medio, homologa 6,1 l/100 km, lo que equivale a unas emisiones de CO2 que le obligan a pagar ya el 9,75% de Impuesto de Matriculación.

La homologación urbana es de 7,4 l/100 km y la extraurbana de 5,4 l/100 km. El Jeep Compass monta suspensión indpendiente en ambos ejes, con un esquema McPherson delantero y un esquema por paralelogramo deformable trasero. Los discos de freno delanteros tiene 294 mm de diámetro y los traseros 302 mm, aunque al contrario que los anteriores, son macizos. El coche rueda sobre neumáticos Continental ContiContactPremium2 de medida 215/55 R18. El depósito de 51 litros es suficiente para unos 750 km de autonomía real.

El Jeep Compass se mueve cómodo en ciudad

Dispuesto a comprobar el comportamiento del Jeep Compass en ciudad, me subo al asiento del conductor y arranco el propulsor. Despierta pronto, mostrando todo su carácter diésel tanto en sonido como en vibraciones. Incluso en caliente, es imposible olvidarse de que está encendido, algo más de aislamiento hubiese venido bien. El coche estaba muy nuevo, y tanto pedales como caja de cambios son de manejo muy duro. Imagino que con más kilómetros hubiese mejorado el tacto, tal y como estaba, no me instaba a usar mucho la palanca de cambios.

Bajo aceleración el motor es muy audible, aunque a ritmo constante mejora notablmente. De lo que no hay queja alguna es de la visibilidad hacia delante, excelente desde mi atalaya en las alturas. Los retrovisores exteriores ayudan por su tamaño – casi de furgoneta – y desde el interior habría una vista muy clara hacia detrás de no ser por los reposacabezas traseros. Por su tamaño, tiene una buena maniobrabilidad y aparcarlo no suele ser un problema.

La suspensión resulta algo seca y los baches se transmiten en cierta medida al habitáculo, causa también de unos neumáticos con perfil algo bajo. La dirección tiene una asistencia moderada, algo que me ha sorprendido en un coche de origen estadounidense, que esperaba más “blando” en general. Por otra parte, el motor tiene mucha fuerza desde prácticamente las 1.200 rpm y se puede circular bajo de vueltas sin consumir mucho combustible.

Herencia de sus hermanos 4×4, tiene una primera marcha corta, que hace necesario cambiar muy pronto a segunda, lo que a veces implica no salir a una rotonda todo lo rápido que haría falta. Nos moveremos incluso en cuarta por ciudad, siempre que vayamos a unos 50 km/h. Sobre los consumos, no son para nada elevados, ya que se han quedado en unos muy moderados 7,8 l/100 km en un recorrido habitual por el centro de Gijón, con sus semáforos, atascos y tráfico de siempre.

Apto para las vías rápidas

He hecho cerca de 1.000 km en autopistas y vías rápidas con el Jeep Compass, por lo que creo que puedo emitir un buen veredicto sobre su comportamiento en estos terrenos. Y he de decir, que mejora con respecto a la ciudad, donde a pesar de sentirse cómodo, se nos antojaba rudo y poco refinado. Lanzarse a 120 km/h no supone un problema para el Compass, que a pesar de una potencia moderada sorprende por su empuje y unas recuperaciones sobresalientes gracias a su corazón Mercedes-Benz.

A 120 km/h el ruido de rodadura y el aerodinámico están presentes, pero no nos acordaremos apenas del propulsor, que se reduce a un simple zumbido de fondo. Un detalle que me ha sorprendido es lo corta que resulta la sexta marcha, ya que al límite de velocidad en nuestras autopistas el motor gira a unas 2.750 rpm. Con un viaje de 500 km por delante y un depósito ya empezado a causa de servir como coche cámara para la prueba del Audi TT-RS de mi colega Pepe, tenía miedo de sus consumos.

Al final, llegué sin problemas a Asturias desde Madrid, y un vistazo al ordenador de a bordo me dijo que el coche se conformó con 6,0 l/100 km. Me parece un consumo muy correcto para este tipo de coche, sin contar la diferencia entre los diferentes ordenadores de a bordo, el Kia Sportage 2.0 CRDi de 136 CV consumió 6,5 l/100 km en el mismo recorrido y el Nissan Qashqai con el motor 2.0 dCi de 150 CV consumía la friolera de 8,4 l/100 km, principalmente causada por el motor, no el resto del coche.

Dinámica a fondo: no es apto para ir de rallye

El motor 2.2 CRD es una de las mejores piezas del coche, tiene un empuje superior a lo que sus 136 CV dan a pensar, no hay casi turbo-lag, y se estira sin problema hasta más allá de las 4.000 rpm. Ahora bien, no tiene sentido seguir estirando la marcha más allá de las 4.500 rpm: lo único que haremos será forzar el motor y hacer bastante ruido, y no muy bonito.

No es un coche para divertirse al volante, eso está claro. En las curvas se inclina de manera considerable y el subviraje está a la vuelta de la esquina, detrás de ese paso por curva fuera de las posibilidades del bastidor. Al menos, es muy predecible en sus reacciones y nos daremos cuenta al instante de la deriva que estamos empezando a tener. El control de estabilidad es intrusivo y suele cortarlas rápidamente. En situaciones comprometidas el coche no tiende a desplazar el eje trasero, sigue terco en el subviraje.

Tampoco ayuda a la diversión una dirección muy poco informativa y una caja de cambios que en absoluto es rápida. Nada nuevo bajo el sol, pues tampoco prima especialmente el placer de conducir en un SUV diésel de menos de 140 CV. Al menos, el equipo de frenado aguanta bien la fatiga y los asientos nos mantienen bien sujetos, sin necesidad de agarrarnos al volante como si de un salvavidas se tratase. Lo que se nos debería quedar en la cabeza es que es un coche de reacciones seguras y predecibles.

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