Audi TT RS Roadster, a prueba (I)

En ocasiones, nuestro trabajo es bastante duro. Al conducir coches tan eficaces y excitantes, corres el riesgo de que todos los demás te sepan a poco, incluido el nuestro propio. Esto es lo que me ha ocurrido al disfrutar durante unos días del Audi TT RS Roadster: la opción más radical dentro de la gama TT y, al mismo tiempo, uno de los más “light” sobre el papel entre los potentes “RS”, con “apenas” 340 CV.

Este descapotable forma parte de la segunda generación de la gama TT; pero, a diferencia de su antecesor, ahora es algo más que un Golf con montura deportiva. Además, ésta ha sido la primera ocasión en que la gente de Ingolstadt ha apellidado RS al pequeño deportivo de la familia; convirtiéndose así en el primer RS que se apartó del concepto tradicional de berlina/familiar deportiva, si bien posteriormente nacieron el RS5 y el RS3 Sportback.

Recordando al Audi Quattro

Acelera de 0 a 100 km/h en tan solo 4,4 segundos, más rápido incluso que un Audi R8 V8

A pesar de ser un modelo veterano, que lleva en el mercado unos años, tiene un estilo que aún no ha pasado de moda… Pero, algunos elementos – principalmente detalles interiores – ya sufren el paso del tiempo. Este Audi TT RS tiene, además, una vena bastante nostálgica, ya que evoca al Audi Quattro original, todo un éxito en la década de los 80, cuando Audi aplicó un sistema de tracción integral y motor turbo de cinco cilindros. Tuvo su máxima expresión en el campeonato de rallyes y, más tarde, con la conquista de Pikes Peak en 1987 gracias al exitoso Quattro Sport S1 de 600 CV bajo las manos de un joven Walter Röhrl.

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Tiempos dorados y hazañas memorables fueron la clave para poner en el mercado este Audi TT RS con la deportividad como patrón principal. Sin embargo, poco o nada tiene en común con el Quattro original aparte del número de cilindros. Ya no es un cuatro plazas como lo fue su antecesor… por lo menos es tracción integral y un coupé con un motor turbo y peso contenido.

Para que nadie lo confunda con ningún otro TT…

Me reuní con mis compañeros Sergio y Eugenio en la explanada del Santiago Bernabéu. Era la primera vez que habíamos podido clavar nuestros ojos detenidamente en un TT RS así que, a pesar del calor que azotaba nuestro país durante el mes de agosto, decidimos dedicar unos minutos a darle un repaso al exterior. En primera instancia, llama la atención un ligero traqueteo que emite el motor al ralentí y que le da un aire característico a un TDI, como acertadamente apuntó Sergio. Esto contrasta con el bronco bramido de los escapes, sutil y elegante, que levanta una sonrisa de quien lo oye, lejos de las modificaciones baratas de los tuneros.

Pero – como diría Jezza – para que ningún sordo lo confunda con un “sencillo” TT-S, Audi ha llevado a cabo unas modificaciones estéticas que le confieren una dura estampa que acongoja a quien nos vea llegar por su espejo retrovisor: una parrilla con rejilla en color negro brillante y forma de panal de abeja, taloneras exclusivas, doble salida de escape ovalada, pinzas lacadas en negro con el logotipo RS o una zaga que luce con orgullo el mismo eslogan.

A mi parecer, lo más seductor es la mandíbula, que cuenta con un faldón delantero pintado en aluminio mate (al igual que las carcasas de los espejos retrovisores), y el espectacular alerón trasero fijo de grandes dimensiones que alguien poco hábil de Audi había decidido sustituir por un pequeño y discreto spoiler desplegable – opcional y sin sobreprecio -, que se levanta automáticamente a velocidades superiores a 120 km/h. Ambos spoilers ofrecen la misma resistencia aerodinámica y un downforce idéntico. ¿La ventaja del retráctil? Gracias al él, la Guardia Civil no necesitará usar un radar para averiguar si superas la velocidad máxima permitida en autopista, bastará con echarle un vistazo…

Bromas aparte – ya que el spoiler puede alzarse manualmente -, este RS es bastante similar a cualquier TT, salvo que el tren de rodaje deportivo ha rebajado la carrocería en 10 mm y que no tiene luces antiniebla puesto que han sido desechadas para que penetre aire suficiente que refrigere la caja de cambios y un radiador de agua adicional. Los neumáticos son unos Toyo Proxes T1 Sport de 255/35 que montaban las llantas opcionales de 19 pulgadas, que reducen el confort respecto a las de 18 pulgadas de serie, pero realzan el perfil lateral.

La versión Roadster que hemos probado puede ser una opción tan brillante como el cupé pero incluso más atractiva con la capota de lona plegada, a pesar de ser un biplaza en lugar de un 2+2. Por 69.100 euros - 4.000 euros por encima que la versión capotada - es tan deportivo como elegante, manteniendo la distinción clásica de los descapotables de antaño, en lugar de usar un pesado techo duro retráctil. La capota puede plegarse y desplegarse en tan sólo doce segundos, siempre que se circule a velocidades inferiores a 50 km/h, e incluye un cómodo cortavientos de funcionamiento eléctrico.

Interior, sentimientos contradictorios

Viendo tanto derroche en el exterior, asumes que el interior resultará impresionante. Sin embargo, una vez te sientas en el asiento del conductor he de admitir que he tenido sentimientos contradictorios. Por una parte, tiene una pinta fantástica con acabados de calidad, un velocímetro y tacómetro sumergidos en cilindros, un volante que cuenta con un aro gordito, una posición de conducción tan baja como para quemar tus nalgas con el asfalto o numerosas inserciones en aluminio mate…

Pero no todo está a la altura. En primer lugar me recuerda al R8 lo que, según como se mire, puede ser bueno o malo. Le copia el sistema multimedia – también idéntico al del A3 -, el climatizador o los pulsadores próximos a la palanca de cambios. Puede ser algo atractivo por asemejarse a una máquina tan fantástica… o deprimente por incorporar elementos que usaban antiguos modelos de Audi. Lo cierto es que el software del sistema multimedia (MMI) deja mucho que desear, o el climatizador – sin indicadores LED de temperatura – notan que ha llovido bastante durante estos años… resultando incluso aún más llamativo si has podido usar los últimos sistemas que montan en Audi.

También se echa en falta un mejor ajuste de determinados elementos que provocan pequeños “grillos” cuando se circula por zonas con el pavimento en mal estado y que no deja de ser llamativo para un coche de esta valía… en cualquier caso, es buscarle la pua al tronco y son pequeños detalles con poca o ninguna importancia.

Por otro lado, cuenta con muchos elementos que resultan interesantes como un cronómetro que mide el tiempo por vuelta en circuito, indicadores de temperatura de aceite y presión instantánea del turbo o logotipos “TT RS” en numerosas ubicaciones: en la parte delantera de los asientos, el volante – achatado con costuras de color plateado – o incluso en el tacómetro…

El Roadster no cuenta con las pequeñas plazas traseras de la versión coupé, pero sí incluye de serie un paquete de iluminación en tecnología LED que aporta un elegante color azul al interior y un sistema de sonido Bose de primera categoría. La capacidad del maletero es, independientemente de la posición de la capota, de 250 litros.

Mañana, en la segunda parte, giramos el contacto y ponemos en marcha el motor para descubrir las sensaciones en carretera, ¡os esperamos!...

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El Audi TT Roadster es la alternativa descapotable del Audi TT, cambiando la presencia de las plazas traseras por una nueva configuración biplaza y un techo de lona.

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