5 ideas para entender por qué protestan los taxistas

Daniel Seijo  |  @dseijo  | 

Este sábado las asociaciones de taxistas han desconvocado la huelga prevista para el día 1 de agosto, al haber anunciado el Gobierno la marcha atrás en los cambios legislativos que provocaban su ira. Es decir, todo seguirá cómo estaba hasta ahora, pero conviene repasar qué temían y qué hubiese significado.

El motivo de las protestas era el anteproyecto de ley de Ordenación del Transporte Terrestre (LOTT), que, según ellos, ponía en peligro al sector y deja indefenso al usuario. Como en cualquier conflicto laboral hay dos caras en la moneda, que trataremos de explicar con los argumentos de cada una de las dos partes.

Pero, ¿por qué protestan?

Por cada 30 taxis puede haber un taxi de otra empresa privada. La propuesta del Gobierno pretendía eliminar esta limitación

El motivo principal es el cambio en la regulación de los vehículo de arrendamiento con conductor. Es decir, servicios de alquiler de coches con conductor, que hasta ahora se utilizan como servicio “de lujo”, normalmente con coches de gama alta. Existe una limitación de uno de estos coches por cada 30 taxis, con lo cual no resultan una competencia real ya que tienen una tarifa más cara.

El anteproyecto de ley valoraba eliminar esta limitación, lo que supondría una liberalización del sector.

¿Qué hubiese significado para los taxistas la liberalización del sector?

Teniendo en cuenta las circunstancias económicas actuales, el tener competencia significaría un duro palo, y ese es el motivo por el que querían hacer huelga. En el fondo, peligraban muchos puestos de trabajo.

¿Qué hubiese significado para el usuario la liberalización del sector?

Al poder tener flotas más grandes, podría haber empresas privadas que coexistan con el taxi regulado y que ofreciesen sus servicios. A día de hoy ya existen, Cabify es el mejor ejemplo. Resulta algo más caro que un taxi normal, pero en ocasiones tiene el mismo precio y otras ventajas.

Para los taxistas hubiese supuesto perder la protección de su empleo. Para los usuarios, más oferta y tarifas más bajas y/o servicios de mayor calidad

Sin las limitaciones de número de vehículos, podrían aparecer otro tipo de empresas, más caras o más baratas que el taxi tradicional o con servicios añadidos (un determinado tipo de coche, envío de la factura por e-mail, reserva por móvil, etc).

A priori, para los usuarios debería ser una ventaja poder elegir entre el servicio tradicional u otras alternativas.

¿Por qué dicen los taxistas que el cambio desprotege al usuario?

Su argumento es que la regulación de esas empresas no es como las del taxi: no tendrían unos precios fijos. Por tanto, según ellos, el usuario “debería pactar el precio con la empresa cada vez que coja uno de esos servicios”.

Este argumento no tiene mucho sentido: si realmente la alternativa es peor, los usuarios no utilizarían la alternativa. Y las empresas podrían ser más transparentes que el taxi, mostrando previamente el mapa en una aplicación móvil, o fijando una tarifa fija antes de pedirlo. Esto no quiere decir que necesariamente sean mejores, pero no tienen por qué ser peores.

Un punto posible es la “precarización” del sector: la aparición de taxis low-cost, más baratos pero más sucios y viejos.

Por otra parte, la competencia entre empresas sí sería un punto a favor del usuario. Si ahora cogemos un taxi y estamos descontentos con su servicio (por el estado del vehículo, porque nos haya llevado por el sitio equivocado, etc), tenemos muy limitado lo que podemos hacer como usuarios. Si esto nos ocurre con una empresa externa, la solución es sencilla: no volver a utilizarla (con el taxi no tenemos otra opción).

Una asociación minoritaria de taxistas madrileños pide la posibilidad de ir armados

La balanza finalmente se ha decantado hacia los taxistas

El Gobierno ha dado marcha atrás, y la legislación seguirá como está hasta ahora

¿Serían mayores las posibles ventajas para los usuarios o el perjuicio para los taxistas? Como siempre ocurre en estos casos, es fácil posicionarse hacia uno de los dos lados, pero muy difícil saber exactamente qué lado de la balanza pesa más.

Con la marcha atrás en la propuesta del Gobierno, los que han ganado son los taxistas y el mantenimiento de su empleo. De haber liberalizado el sector, no sabemos cuántos puestos de trabajo se crearían en empresas nuevas, ni cuántos se destruirían en el taxi regulado, ni tampoco cuántos se podrían crear por reducir los costes de las empresas que necesitan utilizar el taxi para sus empleados.

Imagen: Byterider | Freebird_71

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