Una fábula de copago familiar (o por qué la gasolina es todavía más cara de lo que pensamos)

Daniel Seijo  |  @dseijo  | 

Pedro es un chico de 18 años. Sus padres le dejan coger su viejo coche, que consume bastante y además tiene averías. Pero le ponen una condición: por cada euro de gasolina que utilice, deberá meter un euro en una hucha. Ese dinero le servirá para arreglar averías y, más adelante, para comprar un coche nuevo.

Así, a nuestro amigo Pedro le cuesta 24 euros hacer 100 kilómetros: 12 de gasolina y 12 para la hucha. Su vecino Javier también utiliza el coche viejo de sus padres. Es un coche que consume más, le cuesta 15 euros de gasolina recorrer 100 kilómetros. Es muy caro para un chico de su edad, porque todavía no tiene trabajo. No obstante se consuela porque Pedro le ha dicho que le cuesta 24 euros hacer 100 kilómetros.

¿Quién es el chico afortunado en esta historia? Pedro, porque su coche consume menos y además tiene unos ahorros para repararlo o comprar otro coche nuevo. ¿Quién es el inocente? Javier, porque paga más, no tiene ahorros en su familia, y por encima cree que paga menos.

Precio del carburante, impuestos, y Papá Estado

Pedro es un país europeo como Francia o Alemania. Pagan mucho más que nosotros, pero parte de ese dinero bastante se queda en casa. Javier es España. Sale menos dinero de su bolsillo, pero se va en mayor medida a las petroleras que a sus padres (el Estado). El precio antes de impuestos de la gasolina es de los tres más caros de Europa. Y nuestro único consuelo es pensar que pagamos menos que nuestros vecinos.

Es cierto que en la fábula hay una diferencia: el padre de Javier debería ser una especie de Homer Simpson, que utiliza parte del dinero de la hucha en construir cosas grandes y absurdas, como aeropuertos. No obstante, aunque podamos pensar en unos padres tan poco organizados, sigue siendo mejor darle el dinero a ellos que a una petrolera.

En una dimensión paralela, la subida del IVA es una buena noticia

Pensé en esta fábula al intentar escribir un artículo buscando una visión positiva para la subida del IVA en los carburantes. En cierto modo, es útil tener una hucha en la que pongamos dinero para nuestra familia (o nuestro país) cada vez que hacemos una tarea que va a generar un gasto más adelante.

El problema es que, siguiendo con la fábula, el padre de Javier decida pedir ese impuesto a su hijo justo cuando se queda sin trabajo y necesita el coche para buscar uno nuevo. Lo lógico quizás hubiese sido pedírselo cuando tenía trabajo y lo malgastaba en fiestas.

Tarde o temprano a Javier se le estropeará el coche o tendrá que comprar uno nuevo, y en ese momento sabremos si lo hemos hecho bien o no. Mientras tanto, que prepare el bolsillo para que la gasolina llegue a 1,7 euros el litro, y con más dinero para la petrolera que para la hucha, comparado con su vecino.

Foto: Jorge Correa, Plan PIVE

Lee a continuación: Francia actúa: el carburante sube, ellos bajan impuestos

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