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Del Bentley S2 al Mulsanne Speed: 60 años de historia V8 a prueba

Bentley Mulsanne Speed S2 60 Anos V8 1219 003

Hoy es un día muy especial. Me dirijo en un majestuoso Bentley Mulsanne EWB hacia la factoría de Bentley Motors en Crewe, UK, y el motivo de esta visita es fomar parte de la celebración de los 60 años del motor V8 original de Bentley recorriendo la historia de esta mecánica a través de algunos de sus modelos. Y no solo vamos a descubrir las entrañas de Bentley y todos los artesanos que allí trabajan, sino que además vamos a tener la oportunidad en absoluta primicia de probar los Bentley S2 y Bentley Mulsanne Speed.

Este año 2019 Bentley no solo celebra su centenario (1919-2019), sino que además también rinde homenaje a los 60 años que lleva fabricando motores V8 (1959-2019). Una apuesta que les llevó a olvidarse de aquellos majestuosos 6 cilindros campeones en Le Mans, para abrazar una configuración con más solera y poderío. De esta forma, en un mundo donde el downszing y la electrificación impera, hoy disfrutaremos conduciendo motores de verdad, mecánicas de vieja escuela diseñadas en otra época y evolucionadas hasta nuestros días para conseguir ser absoluta referencia entre los 8 cilindros.

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El V8 original de Bentley ha dado vida a 23 modelos diferentes y se mantiene fiel a su concepto inicial

En Diariomotor hemos probado muchos motores de gran cilindrada, y un servidor tiene el honor de poder presumir de haber puesto a prueba todos los V8 que hoy ofrece el mercado. Y por ello ya os adelanto que no hay ningún V8 que funcione como el 6.75 de los Mulsanne. Repleto de par desde el ralentí, siempre dispuesto a subir rápido de vueltas con exquisita suavidad y con un sonido realmente embriagador. Quizá la idea de gran berlina de lujo y sonido gutural no os case mucho, pero cuando te pones a los mandos de un Mulsanne Speed te das cuenta de que esta marca es posiblemente la mejor del mercado a la hora de combinar el máximo lujo y las prestaciones.

Fabricado completamente a mano a un ritmo máximo de dos propulsores al día, el 6.75 V8 de Bentley es hoy una joya. Su ensamblado pieza a pieza me dejó sin palabras, todo realizado por profesionales que se dedican única y exclusivamente a este proceso, siendo construido cada motor por un único operario del primer al último tornillo, y finalizando el trabajo con una placa identificativa única sobre el colector de admisión. Se trata de un proceso minucioso que toma 15 horas y que da cuenta del grado de artesanía y cuidado que se exige en cada motor, pues solo una persona puede ser responsable de la completa manufactura, y además lo seguirá siendo durante toda la vida en la que ese V8 funcione bajo el capó de un Mulsanne. Podría parecer que es una enorme responsabilidad, y así lo pienso yo, sin embargo tras charlar con uno de los artesanos de motores 6.75, éste me comenta que su puesto de trabajo lo entiende como un privilegio, más aún en estos tiempos donde todo se fabrica de forma automatizada.

Mulliner es la división de Bentley encargada de los pedidos más exclusivos, fabricando por sí sola cada unidad del Mulsanne

Este motor, mejor dicho este concepto de V8 acorde a los cánones de un fabricante de lujo, tuvo sus inicios en 1959 como parte de la actualización que trajo el Bentley S2 con respecto al Bentley S1. Se trataba de un importante paso para la marca en busca de una ganancia importante en potencia y respuesta, un cambio que se ha mantenido por nada menos que 60 años. Con una potencia de 197 CV, y combinándose con un cambio automático por convertidor de par de 4 relaciones con tracción trasera, me pongo a los mandos de un Bentley S2 recién salido del museo de clásicos de Bentley. No puedo disimular mi emoción por semejante momento, pues poner a tu disposición un clásico como este en perfecto estado de funcionamiento es algo muy poco habitual.

Tras unas mínimas indicaciones por parte de Keith Downey como responsable de la división de clásicos de Bentley, coloco la palanca del cambio en posición D – situada tras el volante -, libero el freno de mano de pie y comenzamos a movernos. Estoy a los mandos de un coche de 60 años, sin embargo su funcionamiento es muy sencillo y sorprendentemente suave. Nos desplazamos en una verdadera alfombra voladora con un sonido de motor V8 ronco muy característico, el cambio es lento en las transiciones y la dirección flota, sin embargo el motor gana revoluciones con gran facilidad y la potencia aparece con ganas si así lo exiges. Es un perfecto coche de paseo, un expositor rodante de lujo y distinción, diseñado para ser llevados por un chófer sin que nada del exterior nos perturbe. Solo me falta el bombín y el reloj de bolsillo.

Y 60 años después esa idea se mantiene intacta. Tras una ruta por carreteras secundarias en los alrededores de la fábrica me bajo del Bentley S2 como si de una máquina del tiempo se tratase. Un coche increíblemente cómodo y fácil de llevar, sin nada que lo perturbe y con un motor V8 suave como muy pocos. Además luce una silueta imponente, de verdadera berlina de lujo clásica, en acabado exterior bitono y con un lujoso interior esculpido en madera y piel color verde. Más british imposible.

Y a apenas unos metros me espera el flamante Bentley Mulsanne Speed. Se trata de la berlina de lujo por excelencia, una receta de otra época que ha evolucionado hasta nuestros días para demostrar cómo un concepto clásico puede adaptarse a las últimas innovaciones sin renunciar a su esencia. El Mulsanne es un coche muy especial, tanto como para ser fabricado por Mulliner en una sección completamente independiente a donde se ensamblan los modelos Continental GT, Flying Spur o Bentayga. Estamos por lo tanto frente a la joya de la corona en Bentley, y es más, estamos ante la que hasta hoy es la mejor berlina que fabrica el Grupo Volkswagen en todo su conjunto. Ninguna otra berlina en el grupo cuenta con tal grado de artesanía en su producción, teniendo además el honor de ofrecer un catálogo infinito en materia de personalización, diseño interior, materiales, colores, tapizados… solo el dinero y tu imaginación pueden ser límites a la hora de confeccionar un Mulsanne bajo la división Mulliner.

El poderío del Mulsanne Speed al acelerar a fondo deja literalmente sin palabras, y sí, su sonido a V8 es como debe ser: ronco, gutural y excitante

Sentados al volante del Mulsanne Speed es imposible negar que estamos ante un coche de enormes dimensiones con 5,58 metros y un planteamiento muy específico, ser llevados allí donde desemos por nuestro chófer. Pero ojo, pronto recuerdo que estoy sentado en un Mulsanne Speed, por lo que estoy en el asiento correcto, el del conductor. Acciono el botón de encendido y el V8 despierta rápido y con un tono ronco, 6,75 litros de gasolina doblemente sobrealimentados que susurran la friolera de 537 CV de potencia máxima y unos impresionantes 1.100 Nm de par.

Con una ralentí de apenas 600 rpm y un tacógrafo en sentido invertido encontramos las primeras claves de este Mulsanne. Un funcionamiento muy suave, sin rastro de vibraciones, pero con una reserva de par siempre preparada para el más ligero toque de gas. No me equivoco, activo el modo “Sport”, inserto primera y acelero… el Mulsanne sale catapultado sin apenas llegar a las 3.000 rpm. Tenemos casi 6 metros de coche, con un V8 repleto de carácter, solo tracción al eje posterior y un asfalto resbaladizo gracias a una fina lluvia que no cesa… ¡cómo me lo voy a pasar!

El recorrido va a ser el mismo que he realizado con el Bentley S2, pero mucho me temo que lo realizaré bastante más rápido. El Mulsanne acelera mucho, muchísimo, con un cambio rápido y un motor infatigable en cualquier marcha y zona del cuentarrevoluciones. Es una verdadera locomotora y en cada pisotón al acelerador demuestra que lo suyo no son las medias tintas. Dinamicamente no estamos ante un deportivo – eso pensaba yo -, por lo que a la hora de negociar curvas entendía que debíamos tener en cuenta el peso y la envergadura de esta limusina.

0-100 Km/h en 4,9 segundos, el tiempo en el que descubres que el Mulsanne Speed es mucho más que una berlina de súper lujo

Pero no, el Mulsanne Speed es algo más que un coche repleto de lujos y en curvas no sufre más que cualquier otra berlina deportiva. Las inercias se contienen y el trabajo de las suspensiones resulta excepcional. Para colmo la dirección es rápida y con mucho feedback, por lo que imponer un buen ritmo resulta sencillo y muy divertido. No solo corre mucho en línea recta con puntas que sobrepasan los 300 Km/h, si no que a la hora de retorcerse la carretera me he encontrado un coche sin miedo a encarar el vértice y muy capaz para jugar con el sobreviraje. Redondear curvas a golpe de gas en un Mulsanne será un recuerdo imborrable en mi memoria.

De regreso a los cuarteles generales de Bentley para entregar el Mulsanne me recibe una amable chica diciendo “Parece que te lo has pasado bien”, y con un tremendo suspiro y mirando por última vez al Speed no puedo si no afirmar que así ha sido. El punto y final a esta jornada de pruebas no puede ser otro que felicitar a Bentley por los 60 años que lleva ofreciendo semejante receta, única e irrepetible, también por supuesto agradecer a nuestros amigos de Bentley Marbella la invitación a vivir esta experiencia. Y como reflexión final solo quedarme con el hecho de cuanto supone evolucionar de forma constante un motor a lo largo de 60 años, sin perder un ápice de su espíritu, pero adaptándolo a las nuevas exigencias año tras año. Impresionante.