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Cerveza sí, tabaco no; el criterio se inclina hacia el lado más verde...

El reciente acuerdo entre la cervecera holandesa Heineken y la Fórmula 1, desató el debate acerca de lo pertinente de publicitar bebidas alcohólicas en eventos deportivos, cuando ya existe un importante antecedente en la prohibición de exhibir marcas de cigarrillos, justamente los más poderosos patrocinadores que ha tenido la categoría en su historia. Sin duda, Bernie Ecclestone lo ha vuelto a hacer y en grande porque la Fórmula 1 desde hace rato se abrió al mundo, salió de predios europeos y se instaló en mercados alternativos, donde coexisten criterios más abiertos.

Heineken aportará unos 130 millones de euros al año, pasando a ser el patrocinador principal del campeonato, incluso, a partir de 2017, la marca estará asociada a tres grandes premios, así que los espectadores tendrán mucho verde espumoso en sus pantallas de principio a fin. En tal sentido, varias organizaciones, entre ellas Eurocare, la cual se enfoca en la prevención y el tratamiento de los daños causados por el excesivo consumo de alcohol, envió una carta a Jean Todt para reconsiderar la publicidad de alcohol en la Fórmula 1.

Y aunque las escuderías Williams, McLaren y Force India exhiban una marca de bebidas alcohólicas entre sus patrocinadores, el acuerdo entre la FOM y Heineken es a gran escala, lo que significa una omnipresencia de la marca en las transmisiones, al contrario de la publicidad en los coches que suele ser intermitentes o esporádica. Similar caso, y remontándonos a las décadas de los ochenta y los noventa, las marcas de tabaco prácticamente saturaron las pantallas porque casi todos los equipos y pilotos parecían vitrinas de cigarrillos, e inclusive era común observar tal despliegue publicitario más allá de la Fórmula 1, en otras categorías automovilísticas o de motos.

La sustancia del asunto es que ahora no se aplique la prohibición para el alcohol a pesar de que su consumo en exceso es nocivo para la salud, tal como el tabaco. Sin embargo, el criterio, en el caso de Heineken, para defender su presencia, se orienta hacia la implementación de una campaña sobre consumo responsable del licor, para con ello intentar bajar los índices de accidentes en las carreteras. Situación un tanto ilógica si se hace desde la perspectiva de pilotos que asumen riesgos a gran velocidad.

El tabaco se prohibió por las mismas razones con las que hoy se cuestiona la publicidad del licor, pero Heineken inyectará una respetable suma de dinero a la Fórmula 1 y ya Bernie Ecclestone sabe lo difícil que puede resultar la subsistencia de la categoría sin grandes anunciantes, sobre todo después de observar la deserción de varias escuderías, muchas de ellas históricas, ante la imposibilidad de sostenerse económicamente sin publicitar cigarrillos.

Una Fórmula 1 más verde jamás había tenido mayor sentido…

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