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24 Horas para la historia de Le Mans: así reventó Fernando Alonso la carrera

Muchos temieron que Fernando Alonso pudiera no ser protagonista de estas 24 Horas de Le Mans, que muchos pudieran escudarse en una teórica falta de experiencia, de velocidad de ritmo o de resolución que quitara brillo a una posible victoria del asturiano como miembro del Toyota TS050 HYBRID LMP1 con el dorsal número ocho. Pronto se encargaría el asturiano de quitar cualquier opción a este tipo de dudas, ya desde su primer relevo.

Lo destacamos ya durante la jornada de ayer con la bonita persecución que mantuvieron entre Pechito y el propio Alonso tras la resalida. El piloto bicampeón del Mundo de Fórmula 1 no quiso ceder frente al tricampeón del WTCC, todo ello a pesar de que el argentino contaba con algo más de experiencia en cuanto a la gestión del tráfico en Le Mans. El ovetense ya demostró que no se iba a achicar y su agresividad dejaba entrever que en Toyota GAZOO Racing ya habían dejado claro que si alguno de los prototipos se descolgaba entonces sería el líder en ese momento el que tendría prioridad en la última parte de carrera.

Sin embargo, fue ya de noche cuando Alonso mostró la pasta de la que estaba hecho. Una inoportuna ‘slow zone’ que les hacía ceder un minuto y la sanción a Buemi tras un fallo a la hora de poner el limitador dejaban al Toyota con el dorsal ocho muy descolgado ya en las primeras horas de la noche. Dos minutos y 10 segundos. Esa era la desventaja con la que Alonso salía a pista en su segundo relevo, la primera vez que rodaba en la noche de Le Mans más allá de las vueltas que pudo acumular durante las sesiones de clasificación y entrenamientos. Era la segunda vez que competía en una carrera de resistencia de noche, tras unas 24 Horas de Daytona que demostraron ser clave para que el asturiano se fogueara en condiciones de tráfico intenso.

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Sin embargo, La Sarthe era distinto a Daytona. Aquí se aprovecha toda la pista y eso es algo que pudo estudiar el propio Fernando con el visionado de horas y horas de Onboards en la preparación de la carrera. Allí vio entre otras cosas cómo los pilotos utilizaban también el arcén lateral, ya no sólo en la recta de Hunaudieres, sino también en la parte rápida hasta la curva de Indianápolis. Fue allí donde Alonso se jugó su primera bola de partido con Pechito en el atardecer y la perfecta demostración de que lo que se anticipaba como uno de sus posibles puntos débiles lo había trabajado para convertirlo en uno de los más fuertes.

Y así fue durante la noche, Alonso fue junto a Mike Conway los dos únicos pilotos de Toyota GAZOO Racing que no tuvieron problemas y errores con la gestión de los doblados y fue uno de los secretos de su inconmensurable e imperial ataque de la noche. Buemi y Nakajima confiaban en la velocidad de Alonso, su ritmo e inteligencia, sin embargo, quedaban dudas acerca de su rendimiento de noche. A partir de la 1:30 de la mañana cualquier duda quedaba inmediatamente despejada. Los tiempos no sólo caían por debajo de los 3 minutos y 20 segundos, sino que además Fernando los mantuvo sólidamente atados entre ellos, con apenas unas décimas de diferencia en cada vuelta y con doblados de por medio.

Su fama de ‘relojero’ la había conseguido llevar a la disciplina en la que es vital la regularidad, pero en este caso imprimiendo una velocidad que Pechito López no estuvo en condiciones de igualar. Alargó su relevo después de que, desde el muro, asombrados por la consistencia, ni se atrevieran a decirle al español que se metiera a boxes por miedo a que un error fruto del cansancio y la tensión pudiera llevarles a despedirse de uno de sus coches. La noche era fresca, como siempre en La Sarthe, el circuito, envuelto en una oscuridad casi perpetua veía a un Alonso que se encontraba muy cómodo rodando tan cerca del límite, algo que hizo que sus compañeros y rivales del TS050 #7 se vieran poco a poco en un incómodo nerviosismo que les terminaría por dar la puntilla.

En total Alonso aprovechó para recortar 85 segundos, una circunstancia que les metió automáticamente de nuevo en la batalla por pasar a la historia, por ser el Toyota que por fin rompiera con la maldición del fabricante nipón en las 24 Horas de Le Mans. Fueron dos horas y media de relevo que ya han pasado a la historia de la carrera más importante y única del mundo. En total fueron casi 2.000 kilómetros que empujó al coche compartido con Nakajima y Buemi hacia lo más alto del podio, sus compañeros, espoleados por la cercanía de la victoria y por el carácter del rookie les puso el traje invulnerabilidad a pesar de que la mañana en el circuito francés es la parte más complicada y exigente de toda la prueba.

Dos pasos hacia la triple corona, el quinto campeón del Mundo de Fórmula 1 que consigue la heroica de ganar también Le Mans… Números y estadísticas que no reflejan totalmente todo el reto que ha supuesto para Alonso esta aventura y que además ha servido para que muchos se dieran cuenta realmente de lo meritorio que fue aquel triunfo de Marc Gené hace 9 años en este mismo escenario y de los difícil que también fue para Antonio García llevarse sus tres triunfos de clase. Alonso fue el último en llegar, el último en formar parte de la eternidad, ahora el objetivo está claro, luchar por ser los únicos pilotos de la historia que ganen dos veces las 24 Horas de Le Mans en una mista temporada.