Joan Barreda: el Rally Dakar no hace distinciones entre héroes y caídos

 |  @fernischumi  | 

No pudo aguantar más el tormento. Joan Barreda dijo basta el pasado miércoles cuando el dolor en su rodilla izquierda superó el umbral y le hizo incluso solicitar atención médica a través del botón rojo del Iritrack. El castellonense, desesperado, se apartó de la ruta y llegó incluso hasta una localidad de apenas 1.000 habitantes en busca de asistencia antes de tratar de regresar a la especial. Sin embargo, el dolor que sentía en su castigada pierna era insoportable tras completar unos 100 kilómetros de especial, muy técnica y de mucho pilotaje de motocross, de llevar la pierna al suelo para ayudar a estabilizar y girar la moto… Una de esas especiales que habría gustado mucho al propio ‘dinamita’ Barreda en otras condiciones.

Había decidido no obsesionarse. Sabía que llegaba con su muñeca izquierda dañada desde la caída en unos entrenamientos previos al Desafío Ruta 40 el pasado verano e incluso negó operarse para no jugar con unos plazos de recuperación que apuntaban a que llegaría muy justo para el Dakar 2018 de haber pasado por el quirófano. Llegó a la etapa de descanso con muchas opciones. Infiltrado, después de forzar la muñeca en los compases iniciales, pero sabedor de que tenía ritmo y velocidad para estar con los Van Beveren o Benavides, mientras que el defensor del triunfo, Sam Sunderland, ya estaba fuera de la ecuación.

Tras el día de descanso, Joan estaba preparado para meter una marcha más a la carrera. Decidió aprovechar la primera parte de la etapa maratón para atacar y lo cierto es que la estrategia le estaba saliendo muy bien, llegando a aventajar en el paso por los WP intermedios en más de 20 minutos a sus rivales directos. Sin embargo, en medio de la tormenta, una caída y el golpe de la moto le hicieron lesionarse de gravedad su rodilla izquierda. Temió habérsela roto, tener una lesión de ligamentos y finalmente, con un fuerte vendaje y mucha fuerza de voluntad, logró seguir en carrera.

Se probó durante el primer día y a pesar de que le cayó algo más de tiempo durante la jornada del domingo, la etapa cancelada del lunes le dio esperanzas de poder seguir peleando por su ansiado primer tuareg. Sin embargo, la caída antes de llegar a la meta parcial del martes fue demasiado. Barreda perdía por unos momentos la consciencia, llegando completamente exhausto al control de paso. Allí, preguntado por los medios locales, Barreda se mostraba completamente desorientado, incluso con dificultades para responder a las preguntas. Completaría la etapa siguiendo las trazas de sus rivales, algo que le llevaría también a no encontrar el problemático WP7 de la 10ª etapa.

El calor, los cauces secos de los ríos, el ritmo de la carrera, las alturas de la competición y el cansancio provocado por haber luchado contra el dolor y por buscar una posición sobre la moto alternativa que le permitiera seguir a pesar de los problemas con la rodilla… Todo ello había pasado factura a un Joan ‘Bang Bang’ Barreda que decidió parar en el momento en el que vio que su seguridad corría serio peligro. Allí, en una tumbona de Fiambalá, el castellonense encontró el descanso del guerrero herido. Tocaba pensar en cómo recuperarse de sus lesiones para llegar preparado en 2019.

La comparación con la ‘maldición’ de Arcarons:

Desde su debut en 2011, Barreda había mostrado su gran velocidad. Sus primeras participaciones estuvieron marcadas por grandes actuaciones parciales, pero también por numerosas caídas fruto de ir al límite en cada metro. Su ritmo, más propio del motocross y del enduro le permitían ser uno de los grandes candidatos a relevar a Marc Coma y Cyril Despres, aunque seguía teniendo una gran cuenta pendiente en la navegación. Su primera participación se acabó dos etapas más tarde de la ceremonia de salida, mientras que en la segunda ya lograría su primera victoria de etapa.

A partir de ahí, han sido muchos los triunfos parciales conseguidos, alcanzado durante el pasado 7 de enero, tras la segunda etapa, la que era la 20ª victoria en su carrera deportiva dentro del Rally Dakar, la misma que le permitía colocarse líder. El de Torreblanca conseguiría dos triunfos más en la edición de este año, quedándose con 22 ganadas, muy cerca de las 24 de Auriol, las 25 de Coma o las 27 de Arcarons (Despres y Peterhansel encabezan la tabla con 33 ambos).

¡Veinte son muchas victorias, la verdad! Llevamos ahí unos cuantos años persiguiéndolas. Este año también hemos trabajado mucho para llegar aquí. Vamos a intentar seguir esta línea. Los rivales son muy fuertes. En este tipo de terreno hay gente que va muy rápido, pero bueno, después en Bolivia y en Argentina va a ser diferente y hay que intentar mantenerse en el grupo de delante. Ese es el objetivo, y ya que pasen los días.

Pero pasaron los días y la carrera volvió a ser cruel con Barreda. En 2015 y 2016 fue la mecánica y el Salar de Uyuni, mientras que, en la edición de 2017, la penalización por repostaje ilegal del equipo Honda daba al traste con todas sus opciones. A pesar de presentar una apelación y quedarse a rango de ‘poder ganar su primer Dakar’ en el caso de que echaran marcha atrás en la sanción, la posterior retirada del recurso dejó las cosas como estaban, con Sam Sunderland como ganador.

Precisamente, esa crueldad de la carrera ha comenzado a despertar el recuerdo de muchos ante lo vivido por otros motards españoles en el rally-raid más duro del planeta. Nani Roma y, especialmente, Jordi Arcarons, vivieron en sus propias carnes lo esquiva que puede ser la victoria. En el caso del ahora piloto de X-Raid, finalmente consiguió el triunfo después de un inicio de siglo muy complejo, mientras que el actual director deportivo de Yamaha, Arcarons, compitió en 16 ocasiones (debutó en 1989), terminando segundo de la categoría en 1994, 1995, 1996 y 2001 y dos veces en tercera posición (1992 y 1993), con la mala fortuna de coincidir en el tiempo y espacio con Monsieur Stéphane Peterhansel. Eso sí, se quitaría la espinita siendo la mano derecha de Nani y Marc Coma en algunas de sus victorias con el Repsol KTM.

Muchos son los que han empezado a compararar a Barreda con Jordi, no sólo por ese golpe de suerte esquivo con ambos, sino porque ambos provenían de una disciplina distinta y tuvieron que aprender a navegar… la odiosa e inevitable comparación. En 2019 tendrá una nueva oportunidad para terminar con ella.

Lee a continuación: Dakar 2018: la etapa 13ª también será recortada para motos y quads

  • Txesz

    Pues a mi, me recuerda más a Roma, que se mostró también desde sus primeros Dakares como un piloto muy rápido pero también por ello propenso a caidas fuertes.

    Con el tiempo ambos aprendieron a mantener mejor el equilibrio corriendo casi lo mismo, pero entonces fueron otros factores los les apartaron de la victoria.

    Parece ser una especie de maldición a Honda, que al final no tiene manera de ver sus esfuerzos recompensados.

  • Ferran Pistola

    Yo también el veo más como Nani. Más que nada porque Nani corría mucho, como bangbang; llego a tener el Dakar controlado y perderlo por averias mecánicas, como bangbang; y no tenía podios hasta que ganó (espero que bangbang gane algún año).