Las imágenes y las claves de las 11 participaciones en el Dakar de Carlos Sainz

 |  @fernischumi  | 

Ayer Carlos Sainz y Lucas Cruz fueron recibidos en una de las terminales del Aeropuerto de Barajas casi como héroes. Los recientemente proclamados ganadores de la 40ª edición del Rally Dakar, todavía con la mirada cansada después de dos semanas de intensa competición, un viaje en avión de más de 12 horas y una jornada del domingo en la que el piloto madrileño se volvería a poner al volante del Peugeot 3008 DKR Maxi para despedirse y dar unas vueltas a los invitados del equipo Peugeot en Argentina. Tras atender a la prensa, amigos y familiares allí presentes para trasladarles su cariño, sí llegó el momento de descansar, de comenzar a asimilar que sus nombres vuelven a formar parte de la historia de una de las carreras más duras y exigentes del mundo.

Era la undécima participación de Sainz en el Dakar, una nueva oportunidad para ponerse a prueba frente a pilotos mucho más jóvenes o participantes que han pasado media vida en el desierto. Una forma además de quitarse la espinita que ha acompañado al dos veces Campeón del Mundo de Rallyes desde que decidió regresar a la prueba tras el pequeño impasse que supuso el cierre del programa de Volkswagen Motorsport. Cinco abandonos consecutivos que habían tirado por tierra el intenso trabajo realizado por Carlos especialmente en los proyectos de SMG y Peugeot Sport. Pero ya que estamos empezando a entrar en harina, tal vez es un buen momento de repasar lo que dieron de sí las 10 ediciones anteriores a este ya inolvidable Dakar 2018.

Tras anunciar su adiós al Mundial de Rallyes y a pesar del favor a Citroën Racing de competir en la temporada 2005 en dos citas en las que los galos dieron “el tirón de orejas” a François Duval, Sainz empezó a buscar algo en lo que ocupar gran parte de su tiempo. Además de su pasión por el Real Madrid, también apareció en su mente la posibilidad de seguir los pasos de pilotos como Colin McRae, Ari Vatanen o Miki Biasion, los cuales decidieron responder a la llamada de África para embarcarse en la aventura de la carrera organizada por ASO. Por aquel entonces Carlos ya tenía muy claro lo que quería del proyecto que le convenciera para ir a llenarse los bolsillos de arena y eso no era otra cosa que un vehículo con el que realmente optara a la victoria.

Esto se lo ofrecía una Volkswagen con muchas estrellas de la talla de Bruno Saby o Jutta Kleinschmidt, así como hombres especialistas en el off-road como Giniel De Villiers o Mark Miller. Su debut en la edición de 2006 ya nos dejó entrever las intenciones con las que Sainz había ido al Lago Rosa. Cuatro victorias de etapa le encumbrarían como uno de los mejores rookies de la historia de la carrera, pero numerosos problemas mecánicos y algunos de navegación le relegarían a la 11ª plaza final.

No bajó los brazos y en 2007 conseguiría incluso un triunfo más de etapa, cinco, sin embargo, la fiabilidad de la segunda versión del Race Touareg seguía sin ser la óptima, buena muestra de ello es que Volkswagen se despediría de África sin conocer la victoria.

De cara a seguir evolucionando el prototipo 4×4 de los de Hannover y de paso buscar victorias en otras citas, los alemanes se inscribieron en gran parte de las pruebas de la Copa del Mundo FIA de Rallyes Cross-Country. Allí Sainz se lucía, anotándose la victoria en casa, en el Rally Transibérico disputado entre España y Portugal y consiguiendo además otros dos segundos puestos que le bastarían para proclamarse campeón matemáticamente y prepararse de cara aun Dakar 2008 que nunca se llegaría a disputar. Esto les permitiría tener aún más tiempo para llegar preparados a la nueva carrera ideada por ASO ya en Sudamérica.

La firma germana estaba preparada para luchar por la victoria, aprovechando a su vez el delicado momento económico que se encontraba atravesando Mitsubishi, marca que dominó los últimos años del Dakar africano. Sainz y su copiloto, Michel Périn, realizaron una gran labor en la primera semana de carrera, afrontando las tres últimas etapas con casi media hora de ventaja sobre el segundo. Sin embargo, un problema con una de las indicaciones del roadbook llevaría al Volkswagen Race Touareg del español a caerse por un pequeño barranco. Sería la primera vez que Fiambalá se cruzaba en su camino. A pesar del vuelco, Carlos quería seguir ya que el coche no registraba demasiados daños, sin embargo, Périn debería ser evacuado de romperse una clavícula en el accidente. Esa misma trampa estuvo a punto de costarle la carrera a otros participantes, entre ellos a Nani Roma y Lucas Cruz, los cuales fueron avisados por uno de los cámaras y se quedaron a sólo centímetros de caer sobre el Volkswagen de Sainz.

No bajaría los brazos y ese mismo año se anotaría el siempre complicado Rally Ruta de la Seda, cita que se volvería a anotar un año más tarde, precisamente el mismo en el que lograría su tan ansiado primer Dakar, ya con Lucas Cruz a su derecha y dejándonos algunos momentos para el recuerdo acerca de la actitud de Sainz y la confianza que tenía en el compañero de viaje con el que ocho años después se anotaría su segundo Dakar. La carrera para entonces ya había cambiado y se disputaba prácticamente al sprint, algo que le obligaría a emplearse a fondo para superar a su compañero de equipo, Nasser Al-Attiyah, en 2 minutos y 12 segundos en el que fue el primer triplete de Volkswagen Motorsport. Era el primer triunfo de un piloto español en la categoría de coches.

La de 2011 volvería a ser un mano a mano entre Al-Attiyah y Sainz, dejándonos momentos de mucha tensión, rivalidad y respeto entre el qatarí y el piloto español. Lo que parecía destinado de nuevo a decidirse al segundo, terminaría con Carlos perdiendo incluso la segunda plaza del podio después de quedarse atrapado en una de las últimas etapas durante más de una hora, precisamente en las dunas de Fiambalá que este año le hicieron dar un paso muy grande al frente en sus opciones de victoria. Aun así, mantendría el tercer escalón tras Nasser y Giniel De Villiers, el primer ganador del rally en Sudamérica, algo que le daba a Volkswagen el segundo triplete de su historia en el Dakar y la despedida perfecta para un proyecto que se centraba entonces en conquistar el Mundial de Rallyes.

En 2012, sin un proyecto que Sainz considerara con opciones de victoria, decidió quedarse en casa y no fue hasta última hora en la que una llamada por parte de Nasser y de Red Bull le terminaría empujando a competir en la edición del año siguiente con uno de los buggies de Jefferies que había mandado construir el príncipe qatarí. El concepto era novedoso. Llevaba un paso más allá el concepto de buggy de Baja que habían empleado hombres coo Robby Gordon o Eric Vigouroux y pretendía aprovechar los beneficios reglamentarios a los 4×2 para tratar de marcar grandes diferencias en el fuera pista ya que en los tramos tipo rally esos márgenes se reducían. La experiencia de competir con uno de tus grandes rivales en su equipo se saldó con dos victorias de etapa al inicio del Dakar 2013 (una de ella rectificada posteriormente) y el abandono prematuro en la sexta jornada por un fallo de motor crítico que llegaba tras algún aviso de avería menor.

Fue una experiencia fallida en lo deportivo, sin embargo, le sirvió a Sainz para descubrir el potencial de los buggies y además, para animarle a comenzar con un proyecto propio, en este caso con Philippe Gache y su SMG. Con el apoyo de Red Bull, se montaría un equipo francés, con Ronan Chabot como segundo piloto y desarrollando un concepto de coche ligero que guardaba la estética con los que vimos competir a principios del Siglo XXI en África de manos de Jean-Louis Schlesser. Había novedades en materia de suspensión, carrocería y reparto de pesos, renovando casi por completo el coche y cumpliendo la premisa de plantarle cara a los MINI de X-Raid mientras se mantuvo en carrera. Tras un inicio duro, se pondría líder del Dakar 2014 con una victoria de etapa el cuarto día.

Poco le duraría la alegría ya que problemas eléctricos le dejaba sin liderato provisional y obligándole a correr más durante la segunda semana. Llegó la segunda victoria de etapa y el abandono, sin duda uno de los más extraños que viviría en su etapa como dakariano. Tras quedarse casi sin combustible, Sainz y su copiloto, Timo Gottschalk fueron a una gasolinera permitida por la organización para el repostaje. A su regreso al recorrido, un accidente de tráfico terminó con dos vueltas de campana, algunas magulladuras en su cuerpo y el deseo de volver a dar guerra con un fabricante.

Peugeot Sport se fijó en sus servicios para poner a punto su nuevo buggy con silueta de Peugeot 2008. Él recuperó a Lucas Cruz como su copiloto de confianza, mientras que el equipo francés montó un gran equipo que tenía como único objetivo el de ganar y mantener la racha comenzada por el fabricante hacia más de 25 años. Con Despres y Peterhansel en el equipo, Sainz estaba preparado para volcar parte de su experiencia con los vehículos de tracción trasera en el desarrollo de este prototipo que llegó muy justo de tiempo a la edición de 2015. Se ponía a dos ruedas, era inestable y terminó llevándolos al abandono después de encontrarse con una piedra en mitad de la pista cuando rodaban tras un competidor de quads.

Sus sucesores, el 2008 DKR16 y el 3008 DKR sí aprovechaban mejor el reglamento buggy, mucho más anchos de vías, ligeros, con un centro de gravedad más bajo y con nuevos neumáticos desarrollados por Michelin/BFGoodrich. Tanto en 2016 como en 2017, Sainz lideraría la competición, sin embargo, sumaría otros dos abandonos a una racha que se prolongaba desde 2013. El madrileño, con Cruz a su derecha, sufrirían un importante accidente el pasado mes de enero que les llevó a decir adiós a la prueba cuando se encontraban liderando la misma de forma virtual.

En 2016 por su parte, un toque en la suspensión trasera les llevaría a dañar gravemente la caja de cambios y a tener que esperar la asistencia para ser remolcados hasta el vivac, lugar en el que determinarían que la pareja española no seguiría en carrera ni tan siquiera para ayudar a sus compañeros y ganar alguna etapa más que añadir a las dos conseguidas hasta ese momento.

Este largo camino nos lleva 2018, al año en el que la pareja Sainz-Cruz lograron reeditar el triunfo cosechado en 2010 con dos victorias de etapa que se suman a las 29 cosechadas en las 10 ediciones anteriores disputadas por Sainz. Prometió tomarlo con calma y así lo hizo cuando la carrera se les puso de cara. Gestionó su gran diferencia sobre el propio Peterhansel y respecto a los hombres de Toyota GAZOO Racing South Africa, mientras que el 3008 DKR Maxi, más allá de un pequeño problema con la caja de cambios, se demostró impecable mecánicamente. Se cierra así un ciclo que está deseoso de conocer cuál será el siguiente paso, con quién correrá el madrileño en 2019 si así lo estima conveniente.

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  • Txesz

    Haciendo este repaso, no puedo evitar pensar en lo que podría haber dado de si aquel Dakar de 2008 y las consecuencias para el de 2009.

    Porque en 2007 los Race Touareg se mostraron muy rápidos en las primeras etapas (no se si Vaucard ya se había dejando caer, por mediación de Sainz), poniéndose en cabeza y sacando cierta distancia a unos Pajero MPR que parecían impotentes. Hasta que llegaron las verdaderas etapas dakarianas y los Volkswagen sufrieron problemas, mientras que los Mitsubishi, con Peterhansel a la cabeza hacían valer su experiencia, personal y mecánica.

    Así pues, a la edición de 2008 se presentaba como el enfrentamiento más directo entre los japoneses con su amplísimo bagaje y una fiabilidad a prueba de bombas, y equipo alemán que había estado puliendo detalles durante todo el año anterior.

    Pero no pudo ser.

    Luego Mitsubishi decidió apostar también por el diesel, viendo el buen rendimiento del Touareg y los X3, y “confirmado” por la decisión de trasladar la carrera a Suramérica, donde ya se rumoreaba que las etapas en altitud podrían suponer un problema para los motores de gasolina atmosféricos frente a los diesel sobrealimentados.

    Y en un error inexplicable de planteamiento, decidió sustituir todos los Pajero MPR por los Lancer Di-D, que hacían en Argentina su debut en competición. Y pasó lo que pasó, que entre accidentes y, sobre todo, problemas mecánicos, le dejaron vía libre a los alemanes. Con 2 Lancer y 2 Pajero, cubriendo así todos los frentes, la historia del primer Dakar en Suramérica habría sido diferente.