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Prueba del Mazda MX-5 con motor de 2,0 litros: cómo alterar para siempre tu preconcepto de coche deportivo

Sergio Álvarez | @sergioalvarez88 | 6 Feb 2017
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Hace tiempo probamos en Diariomotor un Alfa Romeo 4C Spider. Aunque este Mazda MX-5 2.0 llegó antes, y publiquemos la prueba después del italiano, son dos coches que han provocado en mí sensaciones parecida. Al igual que el Alfa Romeo, el Mazda MX-5alteró para siempre mis preconceptos sobre lo que un deportivo debe ser. "Es que le falta potencia", había escuchado en no pocas ocasiones, alguna vez incluso de mi propia boca. Todo cambió cuando pasó por mis manos durante una de las semanas más memorables de todo el año pasado.

A diferencia de los roadster británicos clásicos en los que se inspira, este sí arranca todas las mañanas.

Con el Mazda MX-5 es difícil ser imparcial. Es difícil ser imparcial con un coche que bombardea todos tus sentidos con sensaciones sin apenas filtros, sensaciones que no creías ya posibles en el complicado panorama automovilístico moderno. Mi compañero Mario tiene un Mazda MX-5 de primera generación, y antes de probarlo me dijo, "cuidado que engancha". Tenía más razón que un santo. ¿Cómo puede un coche tan sencillo - tanto en planteamiento como en mecánica - emocionarme de esta manera? ¿Es posible enamorarse de un coche?

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El Mazda MX-5 nació a finales de los años 80, en una época en la que Mazda no se cortaba con experimentar con todo tipo de vehículos. Desde lujosos coupés de motor rotativo, hasta pequeños kei-car con alas de gaviota. Hablamos de los oscuros Eunos Cosmo y Autozam AZ-1, para quien haya perdido el hilo. El Mazda MX-5, llamado Eunos Roadster en Japón y Mazda Miata en Estados Unidos, nació como una reedición en clave moderna del roadster británico clásico. A diferencia de los británicos, este sí arrancaba todas las mañanas.

Mazda combinó con maestría su habitual fiabilidad mecánica con una estética amable y una dinámica emocionante. Teniendo en cuenta que han vendido más de un millón de roadsters desde el año 1989, la idea mala no ha sido, ¿no? No obstante, con el paso de los años, el pequeño Mazda MX-5, que nació midiendo menos de cuatro metros y pesando menos de 1.000 kilos, se hizo grande y descuidó su línea. Aunque nunca perdió su esencia, su cuarta generación ha querido volver a sus orígenes, volviendo a ser ligero, pequeño y más emocionante.

En esta prueba no os voy a contar nada nuevo. Hemos probado ya el nuevo Mazda MX-5 en su presentación internacional y mi compañero Mario lo probó en su versión de 1,5 litros comparándolo con su Miata de primera generación. Por si fuera poco, mi compañero David García lo ha probado en su versión RF de techo targa - y creo que le ha dejado un excelente sabor de boca, a tenor de su prueba. Por mis manos ha pasado una unidad en acabado Sportive, con motor 2.0 de 160 CV y en color blanco. Sobre el papel, el MX-5 más deportivo.

Back to basics: menos es más

Motor atmosférico, cambio manual, propulsión trasera. Una combinación por desgracia casi extincta.

El Mazda MX-5 es un coche puro. Es un deportivo de sólo 3,92 metros de longitud, cuyo motor de cuatro cilindros propulsa el tren trasero, a través de una caja de cambios manual. En el caso de nuestra unidad, hablamos de un motor de 2,0 litros SKYACTIV-G, conectado a una caja de seis relaciones, con un autoblocante en el tren trasero. Por si fuera poco, monta una suspensión deportiva firmada por Bilstein. Es una verdadera golosina, y aunque es ligeramente más pesado que un 1,5 litros, sólo pesa 1.090 kilogramos.

Menos es más. Su motor no es un complejo motor turboalimentado, no emplea una sofisticada caja de cambios de doble embrague, y siquiera tiene un selector de modos de conducción. Tiene dos plazas estrictas, y una capota de lona de accionamiento manual. ¿De verdad necesitas la enorme complejidad de otros coches en un deportivo de bolsillo? Nada más recogerlo en la sede de Mazda, noto lo pequeño y bajo que es. Me dejo caer en su asiento deportivo de cuero, y ajusto mi cuerpo en una posición de conducción perfecta.

Su maletero tiene apenas 130 litros de capacidad y formas irregulares. Si te vas de fin de semana, limítate a una maleta de cabina.

Estoy sentado casi a ras de suelo, y el Renault Twingo que se acaba de parar a mi lado parece de repente un Toyota Land Cruiser. El Mazda MX-5 no tiene un habitáculo amplio, pero voy cómodo a pesar de medir 1,83 metros y no ser precisamente una sílfide. Voy cómodo, pero apenas tengo dónde dejar mis pertenencias: el espacio bajo el túnel central es realmente pequeño y en la guantera apenas caben un par de guantes. Deja algo más que un teléfono delante de la palanca de cambios, da una curva, y acabará entre tus pies.

El aislamiento del coche no es excelente. Mediocre sería un elogio. A 120 km/h en autopista, una cacofonía de ruido aerodinámico, ruido de rodadura y ruido de motor inundará tus oídos. Sorprendentemente, con la capota bajada mejora ligeramente. En cualquier caso, las conversaciones son casi a voces, y tendrás que olvidarte de escuchar música. No es idóneo. Por lo menos la visibilidad es correcta y es un coche maniobrable, así que podrás meterlo sin problema en esos huecos dónde sólo cabe un utilitario.

Aunque no es un coche muy práctico, es sencillo de aparcar y muy maniobrable. ¡Sólo mide 3,92 metros!

Al igual que ocurre con el Alfa Romeo 4C, los detalles prácticos no son relevantes - aunque algo más que en el italiano - pero es un coche algo más amable en el día a día. La practicidad importa, pero se te olvida cuando lo conduces. ¿Por dónde empiezo? Su dirección es directa, con una dureza casi perfecta y un sorprendente feedback. Una de las mejores direcciones eléctricas que he probado, sin duda. A esta dirección se une una palanca de cambios de recorridos cortos, duros y muy precisos. Además, tiene un tacto mecánico delicioso.

Querrás cambiar de marcha sólo por tener que mover la palanca. La conducción del Mazda MX-5 es una experiencia visceral. Como os decía, es un coche sin modos de conducción: va siempre en configuración deportiva. Sus pedales son muy precisos, incluso duros - especialmente el pedal del embrague. Como el embrague es tan ligero, exige un golpe de gas en cada reducción, o todo el coche se frenará de forma muy considerable. Ahora bien, domina la técnica del punta-tacón y el falso doble embrague, y serás feliz con el Mazda MX-5.

Su motor Skyactiv 2.0 ha consumido sólo 5,5 l/100 km en un trayecto Madrid-Gijón por autopista y carreteras nacionales.

Y llegamos a su motor. Es un 2.0 de cuatro cilindros en línea, un atmosférico con 160 CV de potencia a 6.000 rpm. Su hermano, el 1.5 de 131 CV sube por encima de las 7.000 rpm con facilidad, pero este dos litros corta a poco más de 6.700 rpm. A cambio, es 29 CV más potente y su par motor aumenta hasta los 200 Nm a 4.600 rpm. Al ser un atmosférico, su respuesta es instantánea, e incluso en marchas largas desde regímenes bajos, su respuesta es contundente. Un motor turbo arruinaría la experiencia de conducción. Los caracoles, a la cazuela.

La filosofía jinba-ittai de Mazda - la conexión del caballo con su jinete - puede ser considerada puro márketing, pero tras probar el Mazda MX-5, tengo claro que hay una conexión muy clara entre el conductor y la máquina. El motor responde de forma instantánea, sube de vueltas con mucha alegría y tiene un sonido muy bonito. Un sonido natural, no creado por un programa informático y "pipeado" por los altavoces del habitáculo. Un sonido refinado, pero ronco, perceptible tanto en admisión como en escape. Muy, muy apropiado.

Su reparto de pesos es casi perfecto. De hecho, vamos sentados prácticamente sobre su eje trasero.

Es en mi tramo de curvas favorito donde subo al Nirvana de las cuatro ruedas. Es un día soleado, llevo la capota bajada y ante mí hay casi 15 kilómetros de curvas reviradas, posiblemente las más bonitas de la geografía asturiana. La suspensión, seca y muy firme en carretera, se convierte en mi aliada nada más comenzar a negociar curvas. Estiro las marchas, aguantándolas antes del corte de inyección, mientras el sonido del escape bombardea los árboles cercanos de forma refinada y pur.

El coche se ha transformado en una extensión de mi cuerpo, y obedece mis órdenes. El punta-tacón es perfectamente dosificable, al igual que la mordida de los frenos, precisa y contundente. Si bien el tren delantero no es tan responsivo y hablador como pensaba - lo achaco en parte a sus Bridgestone - no ha tenido ni un solo desmán, ni un solo mal gesto. Al contrario que el Alfa Romeo 4C, es un coche que perdona los errores de pilotaje, y que no te pondrá en apuros si te pasas de frenada o abordas mal esa curva de doble radio.

No recuerdo la última vez que abrí el capó de un coche moderno y pude contemplar el motor, sin cubiertas de plástico o artificios decorativos.

Te hace aprender, te hace ser mejor piloto. Una vez superada la confianza en el eje delantero, me veo rodando cada vez más rápido, apurando las frenadas y redondeando las curvas con el acelerador, mientras la zaga se desliza de forma muy suave y natural. El tramo se termina... así que doy media vuelta y me lo hago de nuevo, en sentido contrario. Confirmo mis temores: de ahora en adelante el estándar por el que mediré a los coches deportivos es este Mazda MX-5, para horror y pavor del resto de deportivos del mercado.

El Mazda MX-5 no es el deportivo más rápido o más prestacional - a pesar de hacer el 0 a 100 km/h en 7,3 segundos - pero es sin duda uno de los más emocionantes y pasionales. El equilibrio de su chasis, su dirección casi perfecta, el tacto de su caja de cambios. Una serie de factores cuya combinación ha sido un coche que me costará mucho tiempo olvidar. Un coche en el que la diversión al volante es real, y no programada por ordenadores. Un coche de feeling analógico, catalizador de sensaciones que no deberían perderse.

Por 25.800 euros puedes llevarte a casa un Mazda MX-5 con motor 2.0. Personalmente, creo que es una absoluta ganga.

Ya no quiero un compacto GTI cargado de electrónica, con tracción total y 300 CV de potencia. Quiero un coche que me obligue a trabajar, que me recompense en base a mi esfuerzo. Un coche que me obligue a mejorar como conductor, que me haga sentir en control. Amigos, he caído en la secta: me rindo ante la religión de los Mazda MX-5 como un converso más, predicando con la palabra. Olvida los prejuicios de "coche de peluquero" o "coche poco potente". Házlo y entrarás a un mundo de sensaciones del que no podrás salir.

La respuesta siempre es Miata.

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Vídeo destacado del Mazda MX-5