Sobre la problemática del aparcamiento urbano

Óscar Miguel  |  @omiguel  | 

El “arte” de aparcar en las grandes ciudades, y cada vez hace menos falta irse incluso a ciudades pequeñas, se hace casi imprescindible para poder hacerse con una plaza en las calles más concurridas. Además de vista y agilidad al volante, el conocimiento de la zona o de los puntos negros en el horario son críticos para acceder a una plaza en algunos casos.

Estamos cansados de ver coches aparcados de malas formas, en doble fila o hasta en triple fila, por no comentar que se pueden ver coches aparcados casi en los árboles cuando salimos de la ciudad y nos vamos a un pueblo en fiestas. El hecho de que las multas de aparcamiento sean numerosas nos muestra que, aunque algunos se impidan en aparcar mal, la necesidad o las prisas por hacerlo son decisivas y habitualmente pasan por encima de la corrección en las preferencias.

El hecho de que cada vez la superficie de aparcamiento pagado, sea subterráneo o no, crezca tampoco no facilita las cosas. En el primer caso, porque aunque la cifra por hora sea medianamente asequible la escasez de plazas también se hace patente incluso fuera de las horas punta. En el segundo, porque los abusivos precios y la incomodidad echan para atrás a muchos conductores.

1. Ejemplo de la vida real: una madre o un padre acuden a buscar a sus hijos al colegio. Como viven bastante apartados de la zona escolar, se acercan utilizando su propio vehículo. Los lugares colindantes al colegio cuentan con un número de plazas muy limitado. Dada la aglomeración de otros coches con idéntico objetivo, se produce la doble fila o al menos el mal aparcamiento. Cuestión de necesidad, tampoco vas a dejar a los niños tirados.

2. Ejemplo después del trabajo: sales del trabajo y te diriges a hacer la compra, pongamos que con suerte son poco más de las 20 de la tarde. Resulta que, como tú, hay cientos de personas que deciden visitar el centro comercial de turno. No hay muchas opciones: el parking completo del propio centro, los aledaños completamente ocupados, un parking de pago a 400 metros… Eso sí, hay un sitio delante de un vado permanente y tú necesitas comprar.

3. Un caso algo más extraño: una ciudad mediana donde llueve, un tráfico lento y pesado cercano a la hora punta. Un individuo sale con antelación hacia su trabajo, llega con 30 minutos de sobra y se echa 25 buscando donde aparcar. La lluvia se hace más intensa y el tiempo para entrar en el trabajo se hace cada vez más pequeño. El único espacio es mitad de una plaza y una plaza entera de aparcamiento para minusválidos. No es cívico, no es moral y no es correcto pero por necesidad se acaba haciendo en algún caso.

Son sólo algunos ejemplos de casos reales de los que he tenido conocimiento y que reflejan algunos de los problemas que nos encontramos los “urbanitas” en la actualidad para acceder a una plaza de aparcamiento.

Pero vayamos con el dato: los madrileños, con 80 multas por cada 1000 habitantes, son los ciudadanos españoles que más multas reciben por estacionar indebidamente su coche (casi un cuarto de millón de sus más de 3.1 millones de habitantes) con una media de entre 40 y 300 € por multa. Las cifras son peligrosas y hay que tratarlas con cuidado pero nos dan una muestra de la problemática real del aparcamiento. Evidentemente algo falla.

Posibles causas:

  • El menor número de plazas gratuitas: en nuestro país llevamos un tiempo apreciando la pronta retirada de numerosos puestos de aparcamiento en superfie en pro de supuestas ventajas como enormes aceras, puestos de almacenamiento de residuo subterráneo, hileras de árboles, etc. El número de coches crece, los parkings privados crecen, las zonas ORA crecen y sin embargo la cuantía de plazas en superfie disminuye.
  • La ley del mínimo esfuerzo: fijándome en otros y en mi mismo, cuando se acude al centro a un punto concreto de la ciudad se tiende por lógica a buscar aparcamiento lo más cerca posible. Razonable, pero hay veces que las calles colindantes están tan saturadas que hay que alejarse. El emperramiento por encontrar un sitio cercano más algunas de las causas de los ejemplos nos llevan a dar vueltas sin sentido a ver si por casualidad queda libre una plaza, incluso a sabiendas de que un poco más lejos podemos encontrar con mayor facilidad una.
  • Falta de previsión: tan sencillo como la propia frase. Hay ciertos lugares que simplemente ofrecen una saturación a ciertas horas y a veces tan sólo hace falta acercarse con un poco de tiempo para poder encontrar una plaza libre. No hace falta más que pensar en los estadios de fútbol, lugares de conciertos, complejos industriales, etc. Nadie que conozca, ni siquiera yo mismo, siguen esta práctica y en grandes ciudades parece bastante imprescindible. O te adelantas o te quedas atrás.
  • La no cultura del “estorbo”: este es el reflejo de una de las consecuencias y que muchos no tienen en cuenta. Además de que, con su aparcamiento, puedan incurrir en una falta administrativa, no se dan cuenta de que habitualmente suponen una molestia o un estorbo para la correcta circulación. No es la primera vez que veo, en una calle de doble sentido, dos vehículos en doble fila en cada uno de los carriles, tapiando por completo el paso de vehículos o haciéndolo casi imposible. Más separados incluso se le podría pasar.
  • Esas son algunas de las causas que se me ocurren para que exista tan mal aparcamiento y seguramente me deje alguna en el tintero. ¿Solución? Aunque parezca mentira, parece más difícil la reeducación pues a medida que pasan los años somos más reacios a los cambios, aunque no estaría de más reflexionar de vez en cuando y fijarnos en que, a veces, con pensar un poco dónde aparcar evitando el obstaculizar de forma innecesaria. Y desde luego tampoco viene mal pasear de vez en cuando.

    En concreto para Madrid, ya desde hace tiempo agrupaciones de ciudadanos piden el aumento de las horas así como más mejoras en el transporte público para evitar las aglomeraciones y la falta es espacios. La noche madrileña sería una de las agradecidas al evitar el uso de vehículos propios a más de un transeunte nocturno. Ésta podría ser parte de la solución lógica, con la ventaja añadida de la reducción de vehículos contaminantes y que, desde luego, se está promocionando bastante.

    La solución que se está tomando en grandes ciudades europeas, también relacionada con el exceso de contaminación, es la de restringir el número de coches que acceden a esas urbes, que también planea sobre la capital. Solución pragmática donde las haya pero aparentemente impracticable de momento en nuestro país. Al menos sin incentivos, pues está más que comprobado que con ciertas “ayudas” las cosas se pueden cambiar. Un ejemplo de ellas sería la anulación de las tarifas de la ORA según el factor contaminante de vehículo, como el caso de los Prius en Alcobendas.

    En resumen, quizás lo mejor sería combinar la promoción del transporte público con una buena educación y un respeto mayor por las plazas actuales. ¿A alguien se le ocurre alguna otra idea?

    Más información: terramotor

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