Biocombustible a partir de algas, una solución muy racional

Sergio Álvarez  |  @sergioalvarez88  | 

La dependencia energética del petróleo es un hecho más que evidente en nuestros días, con todos los inconvenientes que ello acarrea. Las economías del mundo están sujetas a las volátiles cotizaciones del crudo, que últimamente no han hecho más que crecer: la barrera de 200$ el barril de petróleo no parece ya tan lejana. Esto repercute directamente en el coste que supone para las economías domésticas mantener un vehículo propio.

Cada vez nos cuesta más llenar el depósito y además lo hacemos drenando las reservas de petróleo de la tierra, que al fin y al cabo son limitadas. Todo tipo de tecnologías alternativas están surgiendo actualmente para paliar la dependencia energética del petróleo y la contaminación derivada de su uso. En el mundo de la automoción destacan especialmente las mecánicas híbridas de bajas emisiones y el auge de los biocombustibles: bioetanol E85 y biodiésel B30 son los más comunes.

Ahora bien, los biocombustibles actuales se producen en su mayoría a partir de vegetales como la colza o el maíz. En los países de Escandinavia la producción de etanoles es sostenible, ya que no es a muy gran escala, está muy regulada y hay incentivos fiscales para la venta. Es un hecho que más de la mitad de las matriculaciones de Saab en Suecia son de modelos que llevan el distintivo BioPower.

El problema viene por la fuerte demanda de combustibles biológicos en el resto del mundo. Muchos cultivos que antes se dedicaban a la alimentación son ahora destinados a producir dichos combustibles provocando un sustancial aumento en el precio de cereales y otros cultivos, con las consiguientes repercusiones económicas. En muchos lugares del planeta se están deliberadamente destruyendo ecosistemas para plantar cultivos destinados a producir biocombustibles: en definitiva, una producción no sostenible.

Sapphire Energy es una empresa californiana que ha dedicado mucho esfuerzo y recursos para desarrollar una alternativa sostenible a los biocombustible tradicionales. Se trata de producir combustible a partir de algas, agua y el proceso natural de la fotosíntesis. Es muy sencillo, se cultivan algas microscópicas en tubos de cristal expuestos a la luz del sol, en simples invernaderos.

El crecimiento de las algas es rápido y absorbe CO2 durante el crecimiento. El agua usada para tal fin es en su mayoría residual y no potable. Una vez alcanzado cierto nivel de crecimiento en apenas días, se convierten en combustible mediante un sencillo procedimiento que es casi 100% neutral en cuanto a emisiones de CO2. Es decir, la casi totalidad de emisiones de CO2 causadas durante su producción se han compensado mediante la fotosíntesis previa de las algas.

Sapphire Energy recalca que su producto no es ni bioetanol ni biodiesel, es simplemente biocombustible. Para probar la eficacia del carburante, el dueño de la compañía cruzó el Atlántico en un avión alimentado por dicho combustible, uno de los medios a los que mejor se adapta esta fuente de energía. Otra compañía neozelandesa dedicada al mismo campo de investigación demostró la viabilidad de su proyecto alimentando un Range Rover con un derivado de tales algas, actuando como gasóleo.

Las ventajas de este nuevo combustible son patentes, su producción en masa haría caer el precio del carburante y la infraestructura de distribución ya está consolidada en todo el mundo. Una vez se adapte a los disintos tipos de motores su comercialización sería viable. Muchas grandes empresas y petroleras ven con renovado interés las algas como fuente de energía, especialmente en estos tiempos de precios alcistas y estrictas normativas ambientales.

Vía: Left Lane News, New York Times

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