Abarth 500, a prueba (II)

 |  @davidvillarreal  | 

Iniciábamos esta prueba asegurando que el Abarth 500 es un deportivo “pequeño pero matón”, eso era algo que saltaba a la vista por fuera y que confirmamos desde el primer momento en que nos subimos a bordo y encendemos el contacto por primera vez. Si hay algo que me sorprendió es el sonido ronco que despiden esas dos salidas de escape.

El Abarth 500 es uno de esos coches que al oírlo rugir la gente gira la cabeza y cuando ven su tamaño fruncen el ceño pensando ¿qué motor llevará ahí dentro? Definitivamente el sonido ronco y grueso no se corresponde con su silueta, es como un bebé recién nacido que habla con la voz de Constantino Romero, algo no cuadra, pero no puedes dejar de escucharlo.

La dirección y el radio de giro

Al llegar al Abarth 500 me encuentro con el botón Sport activado y rápidamente me doy cuenta de la dureza de la dirección y de la amplitud de su radio de giro. Con otro coche me hubiera llevado un chasco tremendo, pero en éste una sonrisa se me dibujó en la cara pronosticando lo bien que me iba a ir esta dirección cogiendo curvas. No me equivocaba.

Definitivamente el radio de giro es demasiado grande, siempre requeriremos de una maniobra extra para aparcar correctamente. En cuanto a la dureza, si desactivamos el modo Sport veremos como el volante gira con mucha más facilidad, sin llegar al extremo del modo City que habitualmente incluyen los Fiat. En cualquier caso son pequeños “defectos” que cualquiera que se decante por este coche estará dispuesto a asumir.

Suspensiones

Hablando de los defectos del Abarth 500, el primer bache con que me crucé (era grande, lo reconozco) me recibió con un estupendo latigazo que sentí como un fuerte pinchazo de esos que te repercute por toda la espalda. Y es que el tarado deportivo, rígido y seco de las suspensiones hará que sintamos fielmente las irregularidades de la carretera (para bien o para mal).

Pero amigos, desde ya os digo que para nada nos lamentaremos de la rigidez de las suspensiones cuando nos pongamos a encadenar curvas y veamos a qué velocidades puede pasar esta pequeña “bola colorada” por curvas cerradas, horquillas y enlazadas sin que acusemos el más mínimo balanceo de la carrocería.

En conducción deportiva

Me preparo para ver que da de sí el pequeño Abarth 500. Paro en una estación de servicio y mientras unos curiosos se acercan a ver el coche compruebo que los neumáticos están en buen estado, aunque un pelín desgastados por los flancos, gajes del oficio y me imagino que de intensas pruebas anteriores trazando curvas con fuertes apoyos laterales.

Los frenos van de maravilla, al ver los discos a través de los radios de la llanta podemos pensar que son demasiado grandes para frenar un “bicho” así de pequeño, pero no tardaremos en comprobar que esas pulgadas de más nos harán mucha falta.

Conecto el modo Sport y me doy cuenta de que la diferencia entre ir sin él activado y con él, hace que pasemos de conducir un utilitario cualquiera a conducir un pequeño deportivo con el que tenemos que dosificar la presión del acelerador en las salidas para evitar dejarnos las ruedas delanteras en el asfalto. Básicamente el modo Sport reduce el recorrido del acelerador y hace que éste sea mucho más directo, por lo que inevitablemente la aguja del cuentavueltas sube a mayor velocidad. El volante se endurece y mucho, animándonos a coger curvas.

Acelerando es rápido, muy rápido. El 1.4 T-Jet de 135 CV tiene mucha patada y se nota, aunque eso sí, a cualquiera que haya cogido coches un poco potentes no le sorprenderá en exceso, al fin y al cabo es lo que nos esperábamos de un coche con 135 CV que no llega a los 1.000 kg. Dentro de su rapidez y el nerviosismo con el que intenta maltratar el asfalto, su empuje entraba dentro de lo previsto.

Pero definitivamente lo mejor del Abarth 500 no se mide en cifras, se mide en sensaciones, y os aseguro que el sonido que despiden las tremendas salidas de escape de este pequeñajo es lo suficientemente embriagador como para que pisar a fondo el acelerador se convierta en una peligrosa adicción. En Abarth no querían hacer un coche rápido a secas, querían un coche rápido con personalidad que despierte nuestros instintos y no cabe duda de que lo han conseguido.

Enlazo las primeras curvas, empiezo a hacerlo con el TTC (un diferencial autoblocante electrónico) activado mientras voy cogiendo confianza. Mi primera sorpresa llega en mis primeras eses, la primera curva a izquierdas no me plantea ningún problema, pero al llegar al giro inmediato a derechas tengo que frenar, es ahí cuando veo que el eje trasero del Abarth 500 es más rebelde de lo que me pensaba y es fácil hacerlo culear si tratamos de frenar intensamente en pleno giro, o simplemente con el volante un pelín girado.

Definitivamente si queremos ir realmente rápido en una carretera de curvas o en un circuito tendremos que sacar escuadra y cartabón y buscar siempre la trayectoria recta para frenar si no queremos que la trasera se descomponga. Ojo, así debería ser siempre, si bien es cierto que la cantidad de ayudas electrónicas que se incluyen hoy en día en nuestros coches permiten (por suerte) ciertas concesiones en ese sentido que nos permiten en muchos casos cometer errores y corregirlos convenientemente, lo cual le otorga aún más mérito al Abarth 500.

El ABS es poco intrusivo y sólo actúa cuando frenamos muy a fondo o muy prolongadamente. Nos vendrá bien cuando vayamos “a cuchillo” en circuito, pero también hay que saber que para evitar que el ABS no actúe en cualquier situación de peligro en ciudad hay que pisar el freno hasta el fondo y evitar las indecisiones que pueden hacerle pensar al ABS que no es necesario que actúe, e inexorablemente las ruedas queden bloqueadas.

El equipo de frenos está bien ventilado, de hecho las entradas que hay en el frontal no están de adorno y permiten un flujo de aire fresco hacia los discos. De todas formas si nos emocionamos cogiendo curvas y no respetamos los tiempos de descanso, que se le deben dar a los frenos, es fácil que los sobrecalentemos. Incluso en esas condiciones no apreciamos una fatiga excesiva y aún respondían con efectividad.

En resumen es un coche con el que para ir muy rápido también hay que ser hábil al volante. Con poco que cojamos confianza sentiremos que el TTC lo único que consigue es frenarnos a la salida de las curvas, lo desactivamos y vemos que ahora tenemos que dosificar el acelerador, un exceso puede darnos un pequeño susto en forma de subviraje.

Con el Abarth 500 da gusto coger curvas, esa dirección y esas suspensiones que nos resultaron tan incómodas en ciudad se convierten en el vínculo entre la carretera y nuestras manos que nos permite saber en todo momento qué sucede ahí abajo. Muy probablemente nos encontramos a menudo con la difícil decisión de escoger un camino corto por nacionales o uno largo por autopista, con el Abarth 500 casi siempre escogeremos la primera opción, incluso cuando ésta sea la más larga.

En autovía y consumos

Y hablando de autovías y autopistas, con 135 CV podríamos tener la tentación de pegarnos algún que otro viaje más o menos largo con el Abarth 500. Faltaría más. Buena parte de mi prueba la pasé circulando a ritmo suave por autovía, con el modo Sport desactivado. En esas condiciones no es excesivamente incómodo aunque sí hay que tener en cuenta que careciendo de sexta velocidad el ruido que se filtra al habitáculo es un pelín elevado, especialmente en las aceleraciones.

Por otro lado hasta ahora no habíamos hablado de los consumos. En ciudad los consumos son lógicos y razonables para un utilitario de esa potencia, con una conducción tranquila (muy tranquila) veremos consumos no superiores a los 9 litros/100 km. En cambio en carretera y haciendo una media de 120 km/h (conducción ininterrumpida entre 120 y 130 km/h de marcador) conseguimos un promedio de 7.5 litros/100 km.

Si acostumbramos a ir por encima de los 140 km/h de marcador por carretera también tendremos que hacerlo a ver promedios rondando los 8 litros/100 km altos. En fin, una sexta hubiera venido “que ni pintada”, pero creo que en Abarth pensaron que cualquiera dispuesto a comprar un coche así también estaría dispuesto a sufrir el pequeño inconveniente de los consumos y el ruido del motor en carretera para tener un cambio directo y con relaciones y recorridos cortos.

Estad atentos por que mañana habrá más con la tercera y última parte de la prueba del Abarth 500.

Abarth 500

En Diariomotor: Fiat 500 Abarth | Abarth 500 C y Abarth 500 Punto EVO

Lee a continuación: Abarth 500, a prueba (I)

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  • loko

    sigue gustandome!,

    buen repoprtaje .

  • loko

    oops! una p de mas

  • csb

    ya quisiera más de un deportivo de altos vuelos y con precios 3 o 4 veces superiores ser igual de divertidos y eficaces de conducir como este chiqutín en una carretera de montaña…. un botón de muestra que no vale la pena gastarse un paston de 5 o 6 cifras ni hipotecarse con la compra de un “deportivo premium” para disfrutar como un niño al volante de un auto….

  • Jose Maria

    Estoy enamorado de esta ” pelotilla “.

  • zamu

    Mira, hasta me están entrando ganas de probarlo… :P

    Aunque creo que a estas alturas de la vida, es un error que no traiga una sexta marcha de desahogo para circular por autopistas y nacionales “tranquilas”.

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