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Ford Focus 1.6 TDCi 115 CV Titanium, a prueba (I)

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El nuevo Ford Focus lleva apenas dos meses a la venta, y por fin hemos podido echar el guante a una unidad para ofreceros una prueba a fondo. Este compacto es el principal motor de ventas de Ford en España y en medio mundo, y por primera vez en su historia es un modelo 100% global: desde China a Estados Unidos, pasando por Europa, el Ford Focus que se venderá en dichos mercados será como el que está en vuestras pantallas, a excepción de las motorizaciones, que se adaptan a los mercados.

Para Ford es un lanzamiento muy importante, y lo cierto es que no sólo han buscado hacer un buen compacto, han buscado hacer el mejor compacto del mercado. Es una afirmación muy severa y profunda, pero el arsenal tecnológico que carga (sin precedentes en un compacto), la evolución de su interior y la selección de motores ponen en jaque a las instituciones del segmento C, que deberían preocuparse muy seriamente. Es más, el Focus está ya superando sus expectativas de ventas en Europa.

Ford Focus Mk1 RS

Su primera generación lanzada en 1998 era un compacto diferente a lo que el mercado ofrecía, con una estética rompedora y unas excelentes cualidades dinámicas gracias a su suspensión independiente y la presencia de una brutal versión RS, aclamada por crítica y público. La segunda generación consolidó aún más desde 2004 su liderazgo en ventas, manteniéndose en el podio de matriculaciones español durante la práctica totalidad de su existencia, algo nada fácil de conseguir.

La tercera generación quiere aumentar su cuota de mercado, incluso careciendo de una versión de tres puertas, apoyada fundamentalmente en la tecnología, que ya os adelantamos en la crónica de su presentación, pero que iremos descubriendo poco a poco. La unidad probada es un cinco puertas con motor 1.6 TDCi de 115 CV, el turbodiésel que acumulará la mayor parte de la demanda española, asociado a un acabado Titanium, tope de gama y además bien cargado de extras.

A pesar de lo sumamante reciente de su matriculación – a día de hoy poco más de un mes – nuestra unidad fue recogida en Madrid con casi 3.000 km, por lo que su rodaje ya estaba más que completo. De color amarillo mostaza y con llantas de 17 pulgadas, el vehículo de pruebas llamaba la atención de manera clara. Me quedé sorprendido al comprobar la cantidad de nuevos Focus que ya podía ver en las carreteras, así que tendremos que descubrir que hay de especial en este compacto.

Un diseño al que acostumbrarse

No os lo voy a negar. Cuando ví las primeras imágenes del nuevo Ford Focus hace ya más de un año no me gustó. Me parecía un coche un tanto extraño, discordante con el actual mercado de compactos. Tras haberlo conducido en su presentación, en las 24 Horas de Ford y durante una semana en esta prueba tengo formada una idea muy clara al respecto y sobre su diseño sólo puedo decir que ha ido creciendo en mí, y hoy por hoy me parece muy moderno, original y – ¡qué demonios! – bonito.

Lo que ocurre es que es necesario un periodo de adaptación, tras el que lo acabaremos viendo con otros ojos, os aseguro que es lo que ocurre. El frontal es una de las partes que más controversia han suscitado, con un paragolpes dividido en tres secciones simétricas en las que se albergan radares de proximidad y demás sensores, y tienen parte de culpa en esa peculiar mirada. Las ópticas son de gran tamaño y en su parte superior hay una fila de LEDs de iluminación diurna.

Un perfil lateral ascendente se enmarca en una línea cromada y un ligero “Hoffmeister kink” en el pilar D, que culmina una curiosa integración con la luna trasera y los pilotos posteriores. Estas ópticas son mixtas LED/halógeno y su forma me recuerda a una especie de cohete. Tienen un tamaño realmente grande y una visbilidad excelente. Junto al spoiler dan personalidad a una zaga un tanto voluminosa, en contraposición al resto del cuerpo del coche, que es más estilizado.

De tratarse de un Focus equipado con el motor 2.0 TDCi o los potentes motores 1.6 EcoBoost la cola del escape sería cromada y estaría bien visible bajo el paragolpes trasero, pero los 1.6 TDCi tienen un escape oculto apuntando hacia el suelo. Las llantas de 17 pulgadas ponen el punto final, con un diseño multirradio elegante, pero en absoluto deportivo. También hay que decirlo, el Focus tiene una imagen más elegante y seria, pero la versión ST solucionará esto en apenas unos meses.

Una nave espacial

Plazas delanteras

Al sentarme en el asiento delantero la puerta se cierra pesadamente tras mí, con un golpe sordo, y parece que al alcance de mis mandos está el puesto de pilotaje de la USS Enterprise. Tengo la sensación de estar sentado al volante de una nave espacial, con un puesto de conducción orientado al conductor y muy inmersivo debido a la forma del salpicadero y la consola central. Algunas personas piensan que debe ser algo agobiante; realmente, nos centra en la conducción y lo que ello implica.

Es muy moderno, y de ello da cuenta el volante – de pequeño radio y muy manejable – o la consola central, algo profusa en botones y recubierta de un plástico satinado de color plateado. Las calidades han dado un salto enorme con respecto a la anterior generación. Todo el salpicadero está recubierto de un plástico gomoso de excelente ajuste y tacto, y en la consola central todo encaja con solidez, con una terminación de alto nivel. El conjunto queda algo desmerecido por el plástico superior.

Es el plástico negro que rodea a la pantalla multifunción, que si bien ajusta con solvencia, tiene un aspecto discordante con la alta calidad que lo rodea. La parte baja de puertas y salpicadero es de un plástico duro de aspecto fuerte y bien rematado. A nivel de materiales, podemos decir que el Ford Focus está casi a la altura de la referencia en habitáculos – el Volkswagen Golf – y por realmente muy poco no lo supera, por detalles pequeños que se pueden subsanar en evoluciones posteriores.

Los asientos de nuestra unidad son de cuero, y tienen ajuste eléctrico para ambas plazas, además de ajuste lumbar. Me han parecido perfectos en cuanto a tamaño de banqueta y respaldo, y con un apoyo lateral bastante correcto. El tapizado Ford Individual también ayuda a hacerlos más agradables, para qué negarlo. Con el volante regulable en altura y profundidad es fácil encontrar la postura de conducción adecuada. Es una postura que va a ser relativamente baja en todo caso.

Mi cabeza va a mucha altura del techo y tengo espacio de sobra para brazos – que gozan de reposabrazos central – aunque nuestra pierna derecha irá descansando casi al completo en la consola central. No es un defecto per se, pero puede que a algunas personas altas les incomode ligeramente (no es nuestro caso, mido “sólo” 1,83 metros). La instrumentación del conductor es de un bonito diseño, que ha sido premiado junto al interior al completo por Ward’s Auto.

De color azul cielo, tiene una fácil lectura y disfruta de reloj para la temperatura del agua, que es de agradecer en estos tiempos. Una pantalla en color de gran tamaño acumula las extensas funciones del ordenador de a bordo, que ya desarrollaremos. El volante forrado en cuero tiene dos selectores multidireccionales a cada lado, para equipo de infotainment y ordenador de a bordo, además de poder manejar desde el mismo el regulador/limitador de velocidad, el manos libres Bluetooth o el equipo de sonido.

Son muchos botones pero por fortuna de uso intuitivo. La consola central tiene en su parte superior una pantalla de 5 pulgadas, por venir nuestra unidad equipada con navegador. Es pequeña, pero se ve bien en todo tipo de condiciones lumínicas. La consola central tiene muchos botones, pero no cuesta acostumbrarse a su uso, realmente no usaremos más que el selector central – que se puede manejar en el lateral derecho del volante – y los botones de cambio de modo, pues el volumen también se puede usar desde el volante (o mediante el control por voz).

El climatizador queda un poco bajo y requiere apartar la vista de la carretera, lo mismo ocurre con los controles de tecnologías como el aparcamiento Auto Park Assist. El freno de mano queda a la izquierda de la palanca de cambios, que va más cerca del copiloto. No queda ergonómicamente a desmano, pero es un detalle poco explicable. Hay dos huecos portaobjetos en el espacio entre ambos asientos y un cajón central bajo el reposabrazos, aunque sin tapizado interior y forma un tanto irregular, a pesar de ser capaz en volumen.

En las puertas caben botellas de litro y medio, un detalle positivo de cara a los largos viajes que se pueden acometer. La guantera está iluminada y refrigerada, pero no forrada, y en su interior se encuentran las tomas auxiliares del equipo de sonido. Su tamaño es más bien discreto, aunque es mucho mejor que la de por ejemplo un Seat León.

Plazas traseras

Aunque el nuevo Ford Focus ha crecido algunos centímetros con respecto a su predecesor, el espacio para los ocupantes traseros no lo ha hecho en concordancia. A nivel de espacio para rodillas hay una mejora tímida, que incrementa la habitabilidad de mis rodillas, que no llegan a pegar con el asiento delantero, relativamente retrasado. Sin embargo, disminuye ligeramente la anchura disponible a nivel de hombros, por lo que tres ocupantes irán un poco más apretados que antes.

Hay una toma de corriente de 12 voltios y un reposabrazos central con portabebidas incluido. El pasajero central, como en todos los compactos, tendrá que sufrir de un mullido más duro en sus posaderas y la ligera inconveniencia de un túnel central que sobresale del piso ligeramente. En las puertas caben de nuevo botellas de calibre pesado y hay un espacio revistero tras los asientos. Hay un pequeño plafón de luz LED sobre esta fila de asientos, de gran luminosidad.

Maletero

El maletero del Ford Focus de cinco puertas tiene 363 litros de capacidad, una cifra en la media del segmento que se consigue al equipar un kit antipinchazos en lugar de una rueda de repuesto. Se pierden más de 20 litros si ordenamos esta última opción. Se forma una superficie plana al abatir los asientos traseros (60/40), y se obtienen 1.148 litros de capacidad. La altura de la boca de carga es baja para facilitar la carga de objetos, con un pequeño salto hasta el piso de carga.

Con respecto a sus rivales, tiene un maletero casi idéntico a los Seat León, Volkswagen Golf o Mazda 3, aunque en cuanto a maletero Renault Mégane y sobretodo Honda Civic ganan la partida por goleada. En la segunda parte repasaremos la dinámica y sus consumos con el motor 1.6 TDCi de 115 CV. Espero que no os la perdáis.

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