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Chevrolet Malibu, a prueba: una berlina con carácter americano

Cada vez es más evidente que asistimos a la llegada de una serie de berlinas que fueron concebidas, de base, para satisfacer de igual forma a dos maneras de entender este tipo de automóviles y dos mercados tan dispares como el europeo y el norteamericano, el Chevrolet Malibu es un buen ejemplo de ello. Por sus dimensiones y su equipamiento, se sitúa con claridad por encima, y marcando bien las distancias con el Chevrolet Cruze. No obstante el Malibu sigue manteniendo un precio contenido para lo que ofrece, desde 28.995 euros de PVP y sin incluir los descuentos promocionales que se ofrecen en estos momentos – noviembre de 2012 – (entre 2.560€ y 5.680€ según motores y versiones).

Partiendo de lo evocador de su nombre, Malibu es una próspera franquicia de Chevrolet desde los años 60, que ahora llega a Europa para suceder al antiguo Chevrolet Epica. Como veremos a continuación, y ya hemos visto en otras ocasiones, Chevrolet quiere amortizar al máximo su buena imagen en Norteamérica, y la presencia de sus productos al otro lado del Atlántico, con modelos como este Chevrolet Malibu que tratan de respetar ese espíritu ganando cada vez más las virtudes que bien son valoradas en Europa.

Una gran berlina elegante en la que la discreción es virtud

Sus voladizos grandes y prominentes, así como sus cerca de 5 metros de longitud aportan elegancia y distinción.

La imagen del Chevrolet Malibu es la de una gran berlina que está cerca de los cinco metros de longitud (4,865 metros, para más señas) y goza de voladizos grandes y prominentes, por delante y por detrás. Su frontal destaca por el carácter de la seña de identidad más importante de Chevrolet, su parrilla partida en dos y la pajarita dorada en el centro. Su zaga por contra, recurre a un detalle si cabe más característico aún, los pilotos cuadrados con ciertas reminiscencias al Chevrolet Camaro.

Tras su apariencia discreta durante la semana que pude probarlo comprobé que en efecto, llama la atención, y digo discreto porque tras su fachada elegante no goza tampoco de detalles demasiado deportivos o llamativos. Sus defensas bien esculpidas, pero sin caer en un diseño recargado o estridente. En la zaga en el caso del diésel ni tan siquiera se aprecia la salida del tubo de escape, que ha sido bien camuflada tras una cobertura de plástico negro que hace las veces de difusor.

Desde el equipamiento más básico, sólo disponible en diésel y manual, ya se ofrece una llanta de 17”, aunque el resto de la gama cuenta de serie con llantas de 18”.

El habitáculo es sobrio y tradicional, pero agradable y confortable

La luz de cortesía azulada que ilumina el salpicadero es realmente agradable y útil en viajes nocturnos.

Si por fuera el Chevrolet Malibu ya revela su carácter americano, en el interior lo confirmamos con el diseño inteligente, pero sobrio, del salpicadero. La zona del acompañante ha sido perfilada con una concavidad que aporta un poco más de espacio para este y una línea cromada, elegante de día y aún más de noche gracias a la iluminación de cortesía azulada que recorre la parte superior de las puertas y el salpicadero.

Digamos que la estancia es confortable, aunque los materiales sean austeros, existan algunos plásticos duros en la consola central y no esté a la vanguardia de la modernidad. Aún más importante que esto es el hecho de que aparentemente los ajustes son buenos.

Existen detalles agradables, como la pantalla del sistema de navegación con un compartimento escondido en su interior para no dejar visibles objetos de pequeño tamaño en un aparcamiento, inserciones cromadas o una cobertura de piel para el volante, el cuadro de mandos y la palanca de cambios.

Un puesto de conducción cómodo para hacer muchos kilómetros en carretera

Los asientos tapizados con piel, con ajustes eléctricos y memoria en el caso concreto del asiento del conductor, sin llegar a satisfacer al más sibarita son cómodos y bien mullidos, y la sujeción lateral y lumbar (también disponen de ajuste lumbar) es suficiente para el confort. El puesto de conducción del Chevrolet Malibu es cómodo y es fácil lograr una posición adecuada gracias a las múltiples posibilidades de los ajustes eléctricos del asiento y la columna de la dirección ajustable en altura y profundidad.

No obstante para dominar su generoso frontal, sobre todo si no somos muy altos, requiere llevar el asiento a una posición quizás demasiado elevada. A continuación ya veremos que sus voladizos, si bien son atractivos visualmente, también aportan ciertas incomodidades a la hora de maniobrar.

Muy cómodo para dos pasajeros detrás

Las dos plazas laterales traseras me resultaron excepcionalmente cómodas para dos pasajeros adultos, por el contorno de los asientos.

La banqueta posterior tiene una base contorneada para dos plazas, aunque obviamente pueda acoger a tres pasajeros con las incomodidades habituales de la plaza central, cuya base es más alta que las laterales y su respaldo no cuenta con mullido por la presencia de una gran bandeja desplegable con un compartimento interior y dos posavasos.

Lo que no cabe duda es que las plazas laterales son extraordinariamente cómodas y recogen muy bien el cuerpo, además de por su longitud gozar de bastante espacio para las piernas y altura con respecto al techo para la cabeza.

Sin abundar en exceso, los huecos portaobjetos son prácticos y adecuados, empezando por los bolsillos de las puertas con espacio para una botella de 1,5 litros, los portabotellas y el espacioso receptáculo en la consola central y el reposabrazos, una guantera algo más pequeña y el receptáculo inteligentemente instalado tras la pantalla del navegador.

Un maletero muy amplio y profundo

El maletero tiene una capacidad de hasta 545 litros, muy generoso en sus dimensiones, pero con un escalón importante entre la boca de carga y el suelo, además de la limitación que ofrece una tapa de maletero (en vez de portón) para alojar objetos voluminosos en su interior. Su apertura es automática, gracias a unos hidráulicos el accionamiento de un botón en la tapa o en el mando a distancia, pero no cuenta con un automatismo eléctrico de apertura y cierre.

Bajo el suelo del maletero existe un espacio bastante importante para alojar una rueda de repuesto temporal, o en su defecto un kit de reparación de pinchazos y bastantes objetos de poco tamaño, aunque este doble fondo no ha sido revestido y presenta la carrocería desnuda.

La banqueta posterior es abatible en dos piezas 60/40 y se comunica con el maletero, pero el espacio es bastante estrecho y el suelo no es completamente liso tras los asientos por el esquema de suspensiones traseras.

Completo equipamiento de serie y aún más completo LTZ para casi toda la gama

De serie su equipamiento es muy completo, pero en los tiempos que corren de berlinas con multitud de sistemas tecnológicos se echan en falta más extras de seguridad y confort.

El equipamiento de serie del Chevrolet Malibu LT+ es bastante correcto y ya incluye freno de mano eléctrico, luces diurnas, faros antiniebla delanteros, asientos delanteros con ajustes eléctricos, volante tapizado con piel, indicador de presión de neumáticos, sensor de lluvia e iluminación, control de crucero, climatizador automático, retrovisores térmicos con ajuste eléctrico. También es de serie un navegador con pantalla táctil situado en una posición muy visible y con una interfaz sencilla pero de calidad gráfica mejorable, pecata minuta.

No obstante este es el equipamiento de serie más básico y únicamente disponible para el 2.0 VCDI manual, el resto de la gama cuenta con un acabado mucho más completo y recomendable para cualquier LTZ (2.455 euros más caro para el 2.0 VCDI manual). Ya está dotado de climatizador bizona, llantas de 18”, tapicería de piel, asientos delanteros calefactables, dos memorias para el asiento del conductor y retrovisores exteriores, faros bixenon y entrada y arranque sin llave.

Se echan en falta más extras de equipamiento para el confort y la seguridad. Los opcionales son la pintura metalizada por 430 euros y el techo solar practicable por 1.025 euros, bastante pequeño pero practicable con apertura eléctrica.

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