¿Sigue viva la berlina deportiva americana? Analizamos la musculosa oferta estadounidense

Sergio Álvarez  |  @sergioalvarez88  | 

Recientemente ha sido lanzado el nuevo Chevrolet SS, una vuelta a los orígenes de la berlina deportiva estadounidense, aunque su plataforma sea de origen australiano. Hoy por hoy las berlinas deportivas europeas de tamaño medio están gobernadas con mano de hierro por Alemania: Audi RS6, BMW M5 y Mercedes E 63 AMG, con la presencia tímida del Jaguar XF-R. Electrónica por doquier, diferenciales autoblocantes electrónicos, cajas de cambio de doble embrague, doble turboalimentación, menos de ocho minutos en Nürburgring… ¿la panacea?

Puede que en cuanto a rendimiento puro sí, pero todas ellas superan con holgura los 100.000€ y son prohibitivas para cualquier bolsillo de poder adquisitivo medio. Ojalá hubiese alguna manera de conseguir potencia y sensaciones a bajo coste, sin complicaciones y a la vieja usanza. Podríamos cruzar el charco e irnos a Estados Unidos, donde el precio del CV es mucho menor y tenemos una variedad de lo más interesante. Hagamos un repaso a las cinco berlinas estadounidenses con más atractivo para el público europeo.

La diferencia clave con respecto a las berlinas deportivas europeas está en su aproximación a la diversión. Las europeas son refinadas, precisas, milimétricas, perfectas y además, eficientes. Sin embargo, las americanas enfatizan un diseño masculino y sus motores están diseñados para entregar potencia a raudales, sin compromisos por la eficiencia o la excelencia técnica. Además de conseguir ser más baratas, a los amantes del vehículo americano nos ponen una sonrisa bobalicona difícil de quitar… ¿Nos acompañas?

Ford Taurus SHO: atípico

El Ford Taurus SHO (Super High Output) nació en el año 1989 como una alternativa a las divertidas y asequibles berlinas japonesas que poblaban más de lo debido las autopistas americanas por entonces. Ford no tomó la ruta habitual, y ofrecía una berlina de tracción delantera y cambio manual, equipada con uno de los mejores seis cilindros jamás creado. Un precioso 3.0 V6 desarollado por Yamaha, con inyección electrónica, culata de alumunio y 220 CV de potencia. Su interior estaba repleto de detalles como volante forrado en cuero o asientos deportivos.

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El espíritu SHO se perdió durante los 90, con la adición de cambios automáticos y un motor 3.4 V8 poco fiable, además de relativamente descafeinado. Tras dos generaciones de Ford Taurus sin presencia de versiones SHO, Ford nos sorprendía en 2010 con un nuevo Taurus SHO. Ha sido el primer Ford en montar el revolucionario motor 3.5 V6 EcoBoost, sobrealimentado por dos turbocompresores en serie. Se trata de una aproximación diferente a la deportividad, americana, pero peculiar: seis cilindros, tracción total permanente y doble sobrealimentación.

Ford Taurus SHO
  • 3.5 V6 con doble turbo
  • 365 CV a 5.500 rpm
  • Par máximo: 475 Nm
  • 0-60 mph: 5,2 seg
  • Desde 40.695 $

El modelo actual desarrolla 365 CV de potencia, y casi 500 Nm de par máximo. Guarismos de motor de ocho cilindros, en un propulsor que también se puede encontrar en la Ford F-150 y que ha sido alabado tanto por su fiabilidad como por sus prestaciones. A pesar de que la báscula marca 1.970 kg y mide 5,15 metros – nadie dijo que los coches americanos fuesen pequeños – alcanza los 96 km/h en 5,2 segundos. Con todo, es una máquina civilizada y silenciosa, con buenas prestaciones. Si queremos una berlina realmente bruta por parte de Ford hay que irse a las Antípodas…

Cadillac CTS-V: poniendo al BMW M5 contra las cuerdas

El BMW M5 E39 fue un toque de atención muy considerable para Cadillac, que de pronto se vió sin una respuesta adecuada a la amenaza bávara. Respondió con una versión de aspiraciones prestacionales de su CTS, llamada simplemente CTS-V. Su 6.0 V8 de 400 CV no desmerecía demasiado frente a la competencia europea, pero cuando el BMW M5 E60 y la hornada 6.3 AMG de la Clase E irrumpieron en el mercado, Cadillac no tuvo nada que hacer. Por ello, tras el lanzamiento de la segunda generación del Cadillac CTS, decidieron no quedarse cortos.

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Objetivo más que cumplido. Hoy por hoy, el Cadillac CTS-V sigue siendo la berlina ddeportiva americana más rápida, por un simple motivo: 6.2 LSA V8. Un enorme ocho cilindros de tipo OHV, sobrealimentado por un compresor volumétrico Eaton de 1,9 litros, capaz de pasar 556 CV al eje trasero y un par motor de 750 Nm, capaz de mover montañas. Disponible con caja de cambios manual o automática – siempre se debe dejar elegir al cliente -, es capaz de acelerar hasta las 60 millas por hora en 3,9 segundos. Además, sobre el papel, debería alcanzar los 319 km/h.

Cadillac CTS-V
  • 6.2 LSA V8 con compresor
  • 556 CV a 6.100 rpm
  • Par máximo: 747 Nm
  • 0-60 mph: 3,9 seg
  • Desde 64.515 $

Una versión evolucionada del motor 6.2 V8 LSA puede encontrarse en el magnífico Corvette ZR1 y en el Camaro ZL1. El Cadillac CTS-V también dispone de suspensión magnética, frenos Brembo con discos delanteros de 380 mm de diámetro y un interior tan refinado como el de cualquier berlina premium europea. Su tiempo en Nürburgring fue de unos impresionantes 7 minutos y 59 segundos, en su día récord de berlinas de producción. Puede no ser tan puntero como E 63 AMG o M5 F10, pero cuenta con otro aliciente: versiones coupé y familiar.

Chevrolet SS: espíritu americano con acento australiano

En cierto modo, el mercado necesitaba un coche como el Chevrolet SS. Podríamos decir que es la interpretación moderna de la berlina deportiva americana de toda la vida. Con una pequeña salvedad, sus raíces son australianas: está basado en la última generación del Holden Commodore, cuya base es la plataforma GM Zeta. El difunto Pontiac G8 era esencialmente el mismo coche que el Chevrolet SS, cuya premisa tan sencilla como efectiva: motor V8 de amplia cilindrada, tracción trasera y ausencia de florituras que nos distraigan de la conducción.

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Con casi 5 metros de longitud lo que nos encontramos bajo el capó del Chevrolet SS es el conocido 6.2 LS2 V8 de General Motors, que también encontramos en el Camaro – también construido sobre la plataforma GM Zeta – y en las versiones de acceso del Corvette C6. Su potencia es de 421 CV, sin excesos, pero más que suficiente para perder todos los puntos del carnet, quemar rueda como si no hubiese un mañana o atronar a los vecinos. No os penséis que estamos dando ideas malvadas, pero es lo que el Chevy SS me inspira.

Chevrolet SS
  • 6.2 LS2 V8 atmosférico
  • 421 CV a 5.900 rpm
  • Par máximo: 563 Nm
  • 0-60 mph: sobre 5 segundos
  • Desde 44.470 $

Posiblemente un Audi S4 le venza en todas las mediciones prestacionales, pero… ¿ante cual giraríais más la cabeza? No obstante, veo un par de fallos que hacen que en mi opinión no pueda llegar al Olimpo del “americanismo”. Se resume en que necesita ser menos mojigato: sólo se ofrece con una caja de cambios automática de seis relaciones y su habitáculo me hace pensar en un inofensivo Chevrolet Malibu, más que en un deportivo de 400 CV. No digo que hagan falta semibacquéts de competición o barras antivuelco, pero necesitamos un toque más cafre.

Dodge Charger SRT8 y Chrysler 300 SRT8: hermanos mellizos con el mismo sabor

Si hay dos máquinas que para mí son los dioses del Olimpo de la berlina americana son los Dodge Charger SRT8 y Chrysler 300 SRT8. El peso de la tradición se puede resumir en cuatro letras: HEMI. Ambos vehículos comparten un ruidoso y políticamente incorrecto V8 de 392 pulgadas cúbicas – cuando los cánones de la nomenclatura se alejan de las pulgadas cúbicas en un afán de europeización – con 470 CV de potencia. Sus 6,4 litros aportan par motor a base de cilindrada y si las normativas anticontaminación lo permitiesen, aún montarían un enorme carburador.

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No estamos en 1971, pero el espíritu de estos hermanos mellizos es lo más parecido que podemos encontrar a la época dorada del muscle car americano, de la que Dodge y Chrysler son actores protagonistas. De ambos coches me gusta que son excesivos: un derroche estilístico en toda regla, por un lado un coche digno de la mafia y por otro lado una máquina digna de los Dukes of Hazzard. Llamémoslos macarras o cantosos, pero no esconden que son un homenaje en toda regla a una época que nos resistimos a aceptar que ha terminado.

Dodge Charger SRT8 / Chrylser 300 SRT8
  • 6.4 HEMI V8 atmosférico
  • 470 CV a 6.000 rpm
  • Par máximo: 637 Nm
  • 0-60 mph: 4,5 segundos
  • Desde 46.925 $ / 48.670 $

Para los más nostálgicos, Dodge ofrece versiones Super Bee del Charger SRT8, que evocan a los paquetes estéticos que se hicieron tremendamente populares cuando el 1968 Dodge Coronet los introdujo al mercado. Por su parte, el Chrysler 300 SRT8 replica las prestaciones de su hermano mellizo – 0-60 mph en 4,5 segundos – con una aproximación más lujosa al alto rendimiento pero en el fondo igual de agresiva y cafre. Por supuesto, los europeos les barren en prestaciones, consumos y calidad, pero no nos importa lo más mínimo.

En resumen, dos lobos con piel de lobo, que no esconden lo que son y que desgraciadamente el público europeo se pierde.

En Diariomotor: “God Bless America”: repasando la oferta deportiva americana en el día de la Independencia

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