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Fórmula 1

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Max Verstappen y la Fórmula 1 en modo reality show

Humberto Gutiérrez | 23 Mar 2016
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Que las críticas hacia Max Verstappen resulten más trascendentales que la victoria de Nico Rosberg, solo hay que observar la cantidad de titulares dedicados al piloto holandés, de nuevo confirma la tesis de que la transmisión oficial de la Fórmula 1 está orientada hacia la búsqueda de la polémica, al mejor estilo de un reality show. En esta sociedad donde la tecnología permite que ingenieros de sillón, pilotos de sofá y mecánicos de cervecería arremetan contra los verdaderos protagonistas, bufando que tal o cual es un llorón, fraude, tramposo, marchito, holgazán, humillado, inmaduro y otros agravios, la gente debería pensar en la posibilidad de que está siendo manipulada por un gremio que solo se aprovecha de un evento deportivo.

Se debe estar claros en algo, los representantes de la FOM, responsables de la transmisión, seleccionan, editan y publican mensajes con distintos fines, pero la mayoría se orientan a fabricar tormentas, la materia prima de los medios sensacionalistas, que de inmediato acuden a la carnicería. La estrategia mediática ha rendido sus frutos, en el sentido de que las innumerables controversias mantienen a la Fórmula 1 en la boca de muchos, aunque no en su sentido originario.

En el reciente Gran Premio de Australia, el foco permaneció en Toro Rosso para exponer los mensajes que resultaran convenientes para sus fines. En este punto, fueron las declaraciones de Max Verstappen las que propiciaron el ambiente "reality show" que, al parecer, tanto gusta a los encargados de la transmisión. Lo que vino después fue más de lo mismo, esas situaciones criticables que se manifiestan tras publicar determinadas conversaciones, a modo de una disputa conyugal a gritos o a los chismes del vecindario.

Nada de esto es espontáneo, solo basta con recordar el repertorio de “célebres” mensajes que se han ofrecido a los telespectadores en todos estos años y su posterior repercusión tras las carreras. La rivalidad entre compañeros de equipo y los errores en las estrategias forman parte de la dinámica de la Fórmula 1, incluso antes del nacimiento de la categoría como tal, pero el reiterado interés en multiplicar conflictos a nivel mediático luce como una apuesta muy desesperada para intentar aumentar las audiencias.

Verstappen venía realizando una gran carrera en los primeros compases, incluso tuvo la osadía de contener a Lewis Hamilton, sin embargo una nefasta estrategia en boxes arruinó sus aspiraciones de permanecer arriba, tanto que al final culminó en el décimo lugar, justo por detrás de su compañero de escudería, Carlos Sainz Jr, a quien intentó sobrepasar con una maniobra temeraria e imprudente. Hasta acá todo es normal si se pasan por alto los mensajes vía radio.

No obstante, la frustración y posterior desencanto del holandés se manifestaron en los reseñados cuestionamientos hacia su equipo y allí subió el telón del show. Las reacciones se pueden entender si se analiza el contexto en el cual fueron expresadas y eso no resulta criticable al advertir que las circunstancias negativas suelen afectar a los pilotos hasta el punto de exteriorizar explosiones de ira. La cuestión acá es que los dueños del circo y sus asociados desean aprovecharse de todo esto.

Por tal razón fue que de inmediato las “viudas” de la información y los mercaderes de la publicidad se enquistaron en la yugular del episodio, tal como aspiraban los que generan la transmisión oficial. En instantes, Verstappen quedó degradado y pasó de ser un gran talento a ser un niño mimado, malcriado, arrogante, presumido, quejumbroso, boquifloja e inmaduro. La intriga propiciada por el personal de la FOM germinó con éxito y allí están los resultados.

Ciertamente, las declaraciones del holandés no lucen políticamente correctas, sobre todo porque todavía no ha ganado, pero lo dicho acerca de estar por delante de su compañero esta temporada no es algo inédito, ya eso se ha visto tantas veces en la Fórmula 1 y en otras competiciones. Hacer un escándalo por eso resulta absurdo, como también los estériles intentos por desacreditarlo y devaluarlo para que su carrera detenga su ascenso.

Sin duda, los encargados de la transmisión se esfuerzan para estar como perros de presa, en permanente husmeo de la polémica, para exponerla ya que han constatado la existencia de un público que se alimenta de ella. Solo al analizar los precedentes, sobre todo las órdenes de equipos, aceptadas o desobedecidas, o las críticas de un piloto hacia su escudería, entre otras tantas; se puede tener una idea del concepto del espectáculo, del reality show que organizan para que la gente se mantenga hablando, así sean pestes, de la Fórmula 1.