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24 horas de Daytona 2019: de nuevo no es el qué, es el cómo

Tengo sentimientos encontrados. Llevo muchos años defendiendo que de la Triple Corona del mundo de la resistencia las 24 Horas de Daytona son el trofeo menor. Están a años luz de las 24 Horas de Le Mans y su trazado y ambiente despiertan menos interés y respeto que las 12 Horas de Sebring. Por no hablar de la posibilidad de que hasta cinco pilotos compartan coche. Por otra parte es cierto que suele atraer a más estrellas por su situación privilegiada en el calendario. Pero con independencia de mis consideraciones, el triunfo de Fernando Alonso junto a Jordan Taylor, Renger van der Zande y Kamui Kobayashi va a pasar igualmente a la historia.

Del mismo modo que habrá quien siempre recuerde que la carrera se dio por finalizada antes de tiempo tras múltiples horas de bandera roja, lo poco que se pudo correr bajo la lluvia tuvo tintes épicos. Y cuando empezó a caer agua, en Wayne Taylor Racing lo tuvieron claro: sólo se montaron Jordan Taylor, como el hombre que mejor conoce el Cadillac DPi-V.R., y Fernando Alonso como el más constante y fiable (que no el más rápido, Kamui Kobayashi).

El resultado fue claro, flaqueando tan sólo el #10 en los últimos coletazos del relevo matinal de Taylor, que de todos modos estuvo excelso cuando peor pinta tenía la pista y sólo él era capaz de bajar de los 2:00 por vuelta, endosando entre cinco y diez segundos a sus rivales. Pero por ser doble campeón del mundo, expiloto de Fórmula 1, español y aspirante a la Triple Corona, los focos estaban puestos en Fernando Alonso y no defraudó. Remontó siempre que se montó en el DPi, dejó boquiabiertos a espectadores y comentaristas con sus apuradas de frenada y no falló, lo cual a la postre les valió un triunfo afortunado, que no inmerecido.

Como ocurrió en Le Mans, Alonso estaba en el coche, equipo y momento adecuados, pero supo responder cuando debía. En junio, se sacó de la manga un alucinante relevo nocturno para neutralizar la ventaja adquirida por el TS050, no sin que hubiera quien sospechara de una maniobra de equipo para que venciera el coche #8. Lógicamente un artículo más o uno menos no hará cambiar de opinión a nadie, pero en Daytona tuvimos un nuevo ejemplo: simple y llanamente las características de Alonso encajan como un guante en una disciplina como la resistencia. Si hay que poner un ritmo machacón, ahí está él, con una clarividencia en tráfico impropia de quien prácticamente desconocía lo que eran estas carreras hace un año.

Además y desde un punto de vista más general, por mucho que siempre haya quien reproche a IMSA no haber podido correr más horas o terminar con una bandera a cuadros de verdad tras 24 horas, los temores sobre la Balance of Performance se revelaron totalmente infundados. La desventaja a una vuelta de los Cadillac, sin duda existente, se pudo compensar una vez en carrera, viendo cómo además las características del DPi-V.R. sobresalían con bajas temperaturas y lluvia frente a la punta de los Acura o la falta de fiabilidad de los Mazda. Igualmente se vio mucho equilibrio de rendimiento entre los GTLM, donde todas las marcas tuvieron sus opciones a lo largo de la prueba. Por lo tanto, nada que reprochar salvo por parte de quien quiera buscar tres pies al gato.

¿Tiene sentido poner este triunfo de Fernando Alonso en las 24 Horas de Daytona en pie de igualdad con las 24 Horas de Le Mans o la búsqueda de la victoria en las 500 de Millas de Indianápolis? Pues depende. Por valor estadístico, quizá no. Daytona sin Sebring y sin cerrar la Triple Corona de la especialidad posiblemente no vale tanto. Como anécdota y muestra de su calidad, rotundamente sí, fue una demostración mucho más valiosa que buena parte de los Grandes Premios de Fórmula 1 disputados los últimos cinco años. Y sobre todo, sabiendo que ya tiene esa muesca en la culata ardemos en deseos de conocer nuevos retos. Se trata de escribir su propia historia y codearse con los Graham Hill, Mario Andretti, Jacky Ickx o A.J. Foyt ante la imposibilidad de alcanzar a los Michael Schumacher, Juan Manuel Fangio o Alain Prost. A mí me fascina más eso que verlo arrastrarse en Fórmula 1, de comentarista televisivo o en el salón de su casa.

Foto | Cadillac - Richard Prince